El "pizzagate" y la libertad de expresión

Por Alfredo Grieco y Bavio

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El escándalo de una supuesta red pedófila en una pizzería desató un debate sobre la información falsa en Estados Unidos. 

Una noticia no cede su lugar en el centro de los debates huracanados de la transición de Donald Trump. Es el llamado “Pizzagate”. Un hombre armado entró el 4 de diciembre en una pizzería de la capital de Estados Unidos, muy frecuentada por los demócratas durante la campaña presidencial 2016 para matar a la cabeza de una red de pedófilos. La noticia de que este local de Washington era la sede pederástica había circulado por dos meses y medio. ¿Cómo combatir la falsa información? La ex rival del presidente electo, Hillary Clinton, propone una ley que la frene. El republicano que el 20 de enero estará en la Casa Blanca rechaza el pedido: sería censura, y sería antidemocrático. 

 

En el camino, había acumulado detalles y testimonios, mezclando datos personales verdaderos pero hackeados (presuntamente por los servicios rusos) con acusaciones horribles pero insustanciadas, fabricadas especialmente para el perfil de votantes del republicano Donald Trump. Finalmente, uno de esos votantes había decidido pasar a la acción. Si la policía de la capital norteamericana no se interponía, Edgar Maddison Welch, blanco, de 28 años y de Carolina del Norte, habría cometido una masacre en el restaurant-pizzería Comet Ping Pong.


La punta del iceberg caliente. En una entrevista con el New York Times, Welch lamentó haber entrado a los tiros en la pizzería para averiguar si una red de pedófilos traficaba con personas menores de edad en los sótanos u otras instalaciones de la pizzería supuestamente favorita de los demócratas y de la familia Clinton. Pero no dio por falsas las noticias que había leído en la red, ni aceptó que por detrás de ellas se hubiera creado una ‘teoría de la conspiración’ favorable a Trump y a los demócratas. Está siendo ahora procesado por el delito de traslado de arma de fuego de un Estado a otro y por la tentativa de intimidación. Este pasaje a la acción directa viene después de dos meses y medio de hostigamiento en la redes no sólo a este negocio, sino a otros vinculados, en la teoría de conspiración, con la misma supuesta red de trata pedófila. 

 

Hashtag Pizzagate. En estos días, el #Pizzagate había sumado un millón y medio de mensajes en Twitter. El hecho de que la noticia hubiera sido reiteradamente denunciada como falsa (por la Policía Metropolitana de Washington, por los principales medios gráficos, aun por la cadena pro-Trump Fox News) logró poca convicción entre los convencidos. La teoría había comenzado a ganar adeptos en octubre, cuando el sitio BuzzFeed News comentó que varios e-mails del político demócrata Anthony Weiner, y aun de John Podesta, el jefe de campaña de Hillary Clinton, tenían alusiones en clave a una red pedófila. Los e-mails habían sido entregados por los servicios de inteligencia rusos, ha revelado también en esta semana la CIA, a WikiLeaks, que los publicó de inmediato. Numerosos sitios de noticias falsas y el foro partidarios de Trump, asociado a la página de su campaña, que había creado un subforo dedicado al Pizzagate. 

 

 


El queso fundido salpica. La vinculación de los e-mails llegó por un posteo en 4chan, una red social tan popular como Twitter entre los votantes de Trump. Allí se postean imágenes, y los posteos son anónimos. Ahí se vinculaba la expresión “cheese pizza” (el queso de la pizza; lo más importante de algo, en una frase hecha en inglés), que aparecía en los e-mails de los políticos demócratas, con “child pornography” (pornografía infantil, expresión que en inglés tiene las mismas iniciales que la anterior). De ahí el salto de los indignados a buscar las pizzerías y el porno, no el queso. Pronto surgió una campaña de boicot y los empleados del restaurant-pizzería Comet Ping-Pong empezaron a recibir amenazas telefónicas anónimas de muerte, además de sufrir el acoso constante en las redes sociales y el hackeo de sus cuentas de correo electrónico.

 

Boicot. Además de amenazas, fue lo que sufrió la pizzeria Comet

 

Dos bandas de rock que habían tocado en el restaurant, Heavy Breathing y Sex Stains, también fueron acosadas y amenazadas, y cerraron sus cuentas de Twitter y prohibieron los comentarios a sus videos en YouTube. Pronto las amenazas se ampliaron a otros restaurants y pizzerías de la zona, y a sus empleados: Besta Pizza, en la misma cuadra que Comet; Little Red Fox, ahí cerca; el bistrot francés Teraso, y aun la la popular librería snob Politics and Prose. Los conspiradores encontraron vínculos con el restaurant Roberta, en Brooklyn, Nueva York, y aun en Austin, Texas, los fabricantes de pasteles East Side Pies vieron cómo vandalizaban sus camiones de reparto, acusados de pertenecer a la red.

 

Prohibido mentir. La ex adversaria del presidente electo, Hillary Clinton, presentó la semana pasada ante el Congreso un proyecto de ley para prohibir "las mentiras extranjeras" en los medios. Aunque el propósito es encomiable, editorializaron el Washington Post y otros medios tradicionales, resulta difícil pensar esa ley sin incurrir en la censura previa. Es lo mismo que dijo Donald Trump, por todo comentario. Entretanto, la CIA, en una serie de comunicados, dio pruebas de que una red de espías rusos, o de hackers que reportaban a ellos, fueron quienes filtraron documentos del Partido Demócrata a WikiLeaks.