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El ministro de Economía soy yo

Por Ernesto Tenembaum

LECTORES@VEINTITRES.COM

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La estrategia de Macri tiene un deja vú kirchnerista. La opción de superministros o minimistros. Cavallo, Kicillof o la atomización. El dilema de quién coordina las económicas.

Los presidentes dicen tantas cosas que quizá sea demasiado exigirles que sean precisos en sus argumentos. No es su función, además. El jueves pasado, en uno de los reportajes que concedió por fin de año, Mauricio Macri defendió su decisión de no tener ministro de Economía. "A la Argentina no le fue bien con gestiones como las de Alvaro Alsogaray, Domingo Cavallo, Roberto Lavagna y Axel Kicillof.  Con los superministros de Economía que tuvimos no nos fue bien. ¿Por qué están tan preocupados en volver a tenerlos? ¿Por qué tenemos que hacer bien lo que hacíamos mal si no funcionó?".


Si alguien quisiera ser estricto, hay que decir que a la Argentina, desde 1974 le fue bastante mal con superministros y con miniministros, lo que sugiere que tal vez el problema no haya sido la distribución de poder entre ellos y sus jefes políticos, los Presidentes. Los ministros de Economía poderosos, los débiles, los keynessianos, los ortodoxos, los que han acompañados a presidentes civiles y a militares han tenido algo en común, en casi todos los casos: les fue mal. Pero las historias, además, son distintas.

 

 Aunque, como a cualquiera, se le pueden discutir muchas cosas, la gestión de Roberto Lavagna, que asumió en mayo de 2002 y fue despedido en diciembre de 2005, recibió un país destruido y entregó una economía potente y con futuro. Hay que hacer mucho esfuerzo para sostener que fue un mal ministro.  Es imposible juzgar a Kicillof si no se tiene en cuenta que asumió en una situación delicadísima, tanto en lo político como en lo económico. Pero parece claro que su gestión aportó algo de lógica, sobre todo si se la compara con los disparates que se sucedían mientras Nestor Lorenzino, el mismo Kicillof, Mercedes Marcó del Pont, Guillermo Moreno y Amado Boudou se disputaban la conducción de una economía que se deslizaba rápidamente al precipicio.

 

Con todos los problemas sociales que generó y la hipoteca a largo plazo que terminó en una crisis histórica, la gestión del superministro Domingo Cavallo junto a Carlos Menem fue mejor que las de los miniministros del CEMA que lo sucedieron. Tanto fue así que el mismísimo Mauricio Macri la aplaudía con admiración. En esos tiempos, Menem y Cavallo disputaban por quién era el padre del plan económico. En la actualidad, esa discusión no podría tener lugar, entre otras razones, porque es muy discutible que exista un plan. En cuando a Alvaro Alsogaray, es difícil de juzgar sus resultados porque ocupó un Ministerio poderoso pero durante un breve período, caracterizado por la inestabilidad política que terminó rapidamente con el Gobierno de Arturo Frondizi. De cualquier modo, la visión de Macri sorprende porque, seguramente, él firmaría a ciegas si alguien le promete que ocurra ahora lo que sucedió entonces: luego de un bruto ajuste producido en 1959, la economía creció a un ritmo del 8 por ciento anual en 1960 y 1961.

 

Sin embargo, y por fuera de lo que dice el Presidente, la decisión de pulverizar el Ministerio de Economía tiene un inequívoco deja vu kirchnerista. El primer presidente que esbozó la teoría según la cual la eistencia de un superministro sería nociva fue, justamente, Nestor Kirchner.  Así lo explicaba Alfredo Zaiat, en Página 12, el 27 de octubre de 2015, en el quinto aniversario de la muerte del ex presidente: "El periodista le preguntó quien iba a ser su ministro de Economía y la respuesta descolocó a varios: ´Voy a ser yo´. Fue el primer desafío al sentido común instalado acerca de las cuestiones económicas. Luego eligió para ese cargo a Robero Lavagna más por especulación electoral que por decisión de delegar el manejo de la economía en manos de quien estaba en el Palacio de Hacienda en la administración de Eduardo Duhalde.

 

 Desde 1974 le fue bastante mal con superministros y con miniministros

 

Néstor Kirchner rompió de ese modo con una idea que se había naturalizado respecto a la gestión de Gobierno: entregar el diseño y la implementación de la política económica en supuestos expertos con título universitario de licenciado de Economía. El desplazamiento de los centros de decisión del Gobierno de la figura del "economista rey" ese profesional que establece que es lo que se puede hacer en materia económica con un supuesto saber técnico pero que es político e ideológico conservador, ha sido una de las contribuciones más relevantes de Kirchner en el indispensable sendero de construcción de otro sentido de la gestión de la Economía. Hasta ese momento los ministros de Economía habían tenido históricamente un lugar relevante en los gabinetes nacionales. Las periódicas crisis los colocaban en un lugar de privilegio respecto a la de sus colegas del gobierno, hasta llegar a niveles de compartir espacios de poder y competir con el propio presidente de la Nación".

 

No es necesario entrevistar a Zaiat para saber que distinguiría a Kirchner de Macri en dos elementos: su dedicación obsesiva al tema económico, algo que no es tan evidente en Macri, y su orientación heterodoxa. Es interesante, como aporte al análisis, analizar lo que ocurrió después. Cuando Kirchner murió, los ministros de Economía se fueron sucediendo sin mucho éxito hasta que Cristina concentró de nuevo el poder en Kicillof, cuya influencia en las distintas áreas, desde Hacienda a Comercio interior, desde Cancillería hasta Energía, pareció acercarlo a lo que Cavallo controlaba en otros tiempos, aunque con una línea económica muy diferente. Pareciera que no hay recetas en esto: depende quién sea el Presidente y cuales sean sus alternativas en cada momento.


En cualquier caso, históricamente, el rol del ministro de Economía ha sido el de incorporar una visión integradora de todas las medidas que toma un Gobierno y afectan a la economía. Así, el tipo de cambio, la tasa de interés, el precio de los servicios, el ritmo del gasto y la obra pública y hasta la estrategia de relaciones exteriores, debe estar coordinada desde algún lado para que unas medidas no invaliden otras o para establecer algún orden de prioridades. Eso lo hará un superministro de Economía, que dejaría en ese caso en un rol secundario al jefe de Gabinete, o un jefe de Gabinete o, directamente, un Presidente. Si no lo hace nadie, como muchos han advertido durante este primer año, o durante el período 2011/2013, las cosas se complican.

 

Cuando era ministro de Economía, Néstor Kirchner tenía algo de lo que carece Macri: viento a favor. superavits gemelos, precios de los commodities por el cielo.


Ahora, el ministro será Macri.
    Feliz 2017.
    Está todo completamente controlado.