Los nuevos despidos reavivan la interna en la CGT

Por Pablo Galand

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Diferencias. La trastienda del comunicado que sólo firmo Juan Carlos Schmid

Foto. El brindis con el jefe de Estado no cayó bien en todo el mundo sindical.

 

El martes pasado, la CGT dio a conocer un comunicado en el que denunciaba los despidos que se vienen dando en diferentes actividades y que consecuentemente no se estaba cumpliendo con el compromiso asumido con los empresarios y el Gobierno nacional de no destruir más puestos de trabajo. Curiosamente, el documento llevaba solamente la firma de Juan Carlos Schmid, uno de los tres secretarios generales que integran el triunvirato de la central obrera. La ausencia de las rúbricas de Carlos Acuña y Héctor Daer generó todo tipo de suspicacias en el mundo sindical. Al día siguiente de emitir el comunicado, Schmid aseguró que sus compañeros de conducción “estaban al tanto del texto y el contenido de la declaración”, pero reconoció que “tal vez fue un descuido” no incluirlos.

 

Con la mayoría de los popes de vacaciones, en el ámbito sindical hay dos interpretaciones acerca de la decisión tomada por el titular del Sindicato de Dragado y Balizamiento. “La imagen combativa que conservaba Juan Carlos antes de asumir en la conducción de la CGT quedó bastante golpeada. Con el comunicado buscó un acto de rebeldía”, sostiene ante Veintitrés un dirigente del sector moyanista. “Ante el avance del gobierno sobre temas sensibles al mundo sindical como la rebaja en los aportes patronales y el costo laboral, Schmid quiso primerear a los otros dos secretarios generales y así marcarles la cancha”, indica otro dirigente del sector conocido históricamente como los “independientes”.

 

El paro llevado adelante por los gremios transportistas –cuya confederación justamente lidera Schmid– la misma semana en que el Congreso aprobaba la reforma de Ganancias dejó en claro que en la CGT no hay un total consenso acerca de cómo llevar las negociaciones con el Gobierno. De hecho, Pablo y Facundo Moyano, que suelen tener estilos bien diferentes a la hora de encarar los conflictos, coincidieron en marcar su disconformidad con el proyecto que finalmente fue sancionado en el Congreso.

 

Con todo, en la CGT nadie habla de rupturas. “Costó mucho llegar a esta unidad, por más frágil que sea. Todos sabemos que divididos no vamos a ningún lado”, afirma una de las fuentes.

 

La difusión del comunicado y las últimas señales del Gobierno que desde la dirigencia son vistas como nuevos intentos de flexibilización laboral aceleraron los tiempos sindicales. Si bien no fue anunciada oficialmente, Schmid reconoció que posiblemente la reunión del Consejo Directivo que estaba prevista para fin de mes se adelante para la próxima semana. El acuerdo firmado en noviembre fue la tabla a la que se aferró la CGT para dejar en suspenso el paro nacional que la propia central había anunciado.

 

Ante el incumplimiento que ahora denuncia Schmid de aquel pacto, Veintitrés consultó a Jorge Sola, secretario de prensa de la CGT, si en ese encuentro puede llegar a reavivarse la idea de convocar a un paro. “La posibilidad de una medida de fuerza adquiere relevancia en la medida en que fuimos pacientes y que los compromisos que se firmaron fueron incumplidos; tampoco vemos que el Gobierno tome las medidas necesarias, más allá de su predisposición al diálogo”, reconoció Sola. Sin embargo el propio dirigente reconoce que es impensado un paro en pleno período estival. A partir de marzo, el panorama será otro. “Nada nos hace pensar que la situación pueda cambiar en el corto plazo. En algún momento vamos a terminar en el paro juntando malestares diferentes”, pronostica la fuente moyanista.

 

Jorge Sola. El dirigente cegetista cree que se confluirá en un paro.

 

La destrucción de los puestos de trabajo y las últimas iniciativas del Gobierno en materia laboral son los temas que más inquietan a los dirigentes sindicales. “La reducción de los costos laborales es una receta que ya se probó en los noventa y quedó comprobado que no surtió efecto para generar nuevo puestos de trabajo”, afirma Sola.  “Claramente nosotros vamos a oponernos muy firmemente a eso”, completa.

 

Tratando de sortear sus diferencias internas y con menores márgenes de negociación, a la CGT parece no quedarle otra que acortar sus vacaciones.