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Para ir al cine

Por Revista Veintitres

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Las muy interesantes Le Confessioni y el cadáver de Anna Fritz, para ir sin dudar. Otras opciones, Sonata para violonchelo y la argentina coral Terror 5 

Por Jorge Luis Fernández 

 

Le confessioni
Dirección: Roberto Andò
Con Toni Servillo, Daniel Auteuil y Pierfrancesco Favino
Duración: 103 minutos

 

Daniel Roché (Daniel Auteuil), director del Fondo Monetario Internacional, es la estrella principal de un nuevo encuentro del G8 en un hotel a las orillas de un paradisíaco hotel, en el sur de Alemania. El encuentro, huelga decirlo, es de esos que deciden los destinos del mundo, pero este tiene algo de particular. Roché convocó a algunos outsiders, entre los que destacan la escritora de cuentos infantiles Claire Seth (Connie Nielsen) y Roberto Salus (Toni Servillo, de La grande bellezza), un curioso y discreto monje de la orden de los palotinos.

Una noche, Roché pida la visita de Salus en su habitación, y a la semana siguiente aparece ahorcado. El hecho tiene repercusión internacional y el resto de la estadía en el hotel lujoso tiene la tensión de 10 indiecitos, o casi, porque si bien el número da exacto nadie sospecha de que alguien haya matado al director del FMI, pero sí que Salus, que debió oficiar como confesor esa noche, sabe algo.

El siciliano Andò (de Viva la libertá, otro éxito con Servillo) maneja de manera excelente el contraste entre el lujo obsceno de las comitivas con el ascetismo del monje, y aquí es donde Salus aparece como un personaje entrañable (y más de uno imaginará, con diverso grado de acierto, si el personaje está inspirado en nuestro rebelde Francisco). Es cierto, la película es otro tour de forcé hecho a medida para Servillo, pero la trama, de la que Andò es corresponsable, se vuelve intrincada, como un thriller donde el Padre Brown no es el investigador sino el investigado. Otro gran film de Andò y Servillo y un recomendado para el fin de semana.

 

Crimen y dinero. Y también sotanas en esta película

 

 

El cadáver de Anna Fritz
Dirección: Héctor Hernández Vicens
Con Alba Ribas, Cristian Valencia y Bernat Saumell
Duración: 72 minutos

 

Como espectadores, se supone que necesitamos una explicación para todo, y esto ocurre especialmente en el cine de género, en donde las reglas son más rígidas. Hay personajes fantásticos más fuertes que el acero por venir de otro planeta, en el western hay buenos y malos en extremo, en el policial siempre hay un agente corrupto, los zombis reviven por una epidemia, etcétera. ¿Pero qué pasa cuando Anna Fritz resucita porque se le da en gana? Podría ser catalepsia, pero el director mallorquín Héctor Hernández Vicens no pone mucho esfuerzo en explicar por qué pasa lo que pasa. Y en ese desinterés por dar el plato servido a la audiencia está lo interesante y lo bueno del film, aquello que atrapa, sorprende, y sí, deja con las ganas de una explicación.


Anna Fritz es una celebridad de figura perfecta, y la película empieza cuando Anna Fritz ya está muerta. Dos reporteros gráficos tienen un amigo en la morgue adonde fue a parar el cadáver de Anna, y con la excusa de pasar a buscarlo para ir a una fiesta lo convencen para pasar a ver el cuerpo de la actriz. En principio iba a ser una sesión fotográfica para un medio amarillento, pero uno de los fotógrafos, al destapar del cuerpo, decide que mejor idea es violar a la occisa.

 

Al fotógrafo se suma Pau, el asistente de la morgue, pero en algún momento Ana despierta del sueño que no era tan eterno. Con la renuencia del segundo reportero gráfico, la duda es qué hacer respecto a la actriz, consciente de su violación; y cuando la decisión es asesinarla empieza un desparejo derrotero de suspenso y acción. Pero no será fácil: ¿Anna es cataléptica, es un vampiro? Pese a actuaciones flojas y a la falta de una atmósfera apropiada, El cadáver de Anna Fritz convence y atrapa hasta los minutos finales.

 

Violación.Sucede en la morgue y desata el conflicto 

 

 

Sonata para violonchelo

Dirección: Anna Bofarull

Con Montse Germán, JanCornet y Juanjo Puigcorbé

Duración: 107 minutos 

 

Aquellos convencidos de que el cine europeo “es lento” hallarán en esta película catalana una prueba irrefutable. Todas las mañanas Julia ensaya chelo en su habitación y recibe a alguien, un alumno, su pareja, su amante –varios años menor que ella–. En el caso de este último, el cuadro se extiende a escenas en la cama, a la insatisfacción de ella, al enojo y los pucheros de él. Julia siente dolores; padece una extraña clase de fibroma que no termina de definirse como aquel enemigo mortal y ella prefiere interpretar, más bien, como cierto estrés vital, un cansancio con neuralgias inmotivado.

 

En algunos aspectos, Julia parece inspirada en Carol White, la hipersensible y paranoide protagonista de Safe encarnada por Julienne Moore; pero las comparaciones con el notable film de Todd Haynes acaban ahí, en el boceto de esa insoportable levedad de ser. Hay amateurismo en la sintaxis del film, en el modo en que se suceden escenas que podrían definirse de (mal) goce lacaniano, mayormente en flashbacks o imágenes de relax en una piscina, que, si bien a veces son interesantes, no tienen un orden causal y por ende no afectan al desarrollo del film.

 

De mala manera, la película tiene un verosímil más real que cinéfilo, lo cual afecta al interés del espectador, más allá de (o sumado a) los denodados esfuerzos en las actuaciones.

 

Regular. La música no alcanza para conformar con un trama floja 

 

 

Terror 5
Dirección: Sebastián y Federico Rotstein
Con Rafael Ferro, Joaquín Larquier y Walter Cornás
Duración: 78 minutos 

 

Terror 5 son cinco historias paralelas, entre bizarras y apocalípticas, que transcurren en una Buenos Aires desangelada, como detenida en el período 2001-2004 (el que va del colapso económico a Cromañón). El inicio es desconcertante: por un lado, se espera el resultado del juicio político al jefe de gobierno y su gabinete, acusados de una tragedia (el arco imaginario va, de nuevo, de Cromañón a Once), por el otro, un adolescente virgen es iniciado en un ritual que consiste en torturar a profesores del secundario (inocultable “préstamo” de Los juegos del hambre, y otro quizá menos evidente a Diario de la guerradel cerdo).

 

El inicio es desalentador, y aún más que los personajes de la segunda historia no reaparecerán en la película. Al menos, la tercera historia es más empática: una parejita entra a un hotel y termina discutiendo con altas dosis de histeria, sin saber que los están filmando. Los que filman venden historias de fuerte contenido sexual a un maquillado al estilo Kiss, que se divierte psicopateando a un gordito virgen (otro), y todo el desmadre culmina con una invasión zombi al Congreso.

 

Pese a las actuaciones de Rafael Ferro, Joaquín Larquier, Walter Cornás y Cecilia Cartasegna, entre otros buenos intérpretes, las historias corales no tienen pie ni cabeza, pero como ocurre con casi todo el terror argentino, marcado a fuego por el colectivo Farsa quince años atrás, al menos no aburre.
     

 

Para probar. Historias argentinas de miedo que no terminan de ser redondas