Gustavo y María, difusores del tango y su cultura

Por Rubén Pereyra

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Bailando por el mundo. Son bailarines y profesores de tango, pero además se han dedicado a investigar el tango danza, cuyo producto reflejaron en varios libros y documentales.

Foto: Guillermo Monteleone

 

Gustavo Benzecry Sabá y María Olivera forman una de las parejas de tango más reconocidas en Argentina y parte del mundo. A lo largo de doce años de carrera realizaron un documental sobre la Época de Oro del tango, dictan conferencias en festivales y universidades del exterior y han publicado un variado material instructivo. El libro “Los Legionarios del Abrazo - Historia del Tango Danza 1800-1983”, investigación de Benzecry Sabá, ha sido recientemente distinguido tanto por el Ministerio de Cultura de la Nación como por la Legislatura porteña.

 

Él entró en el tango hacia finales de los 90, formado por milongueros y bailarines de escenario. En 2003 conoció a María y comenzaron a dar clases en el prestigioso Salón Canning de Buenos Aires.

 

Como maestros y bailarines realizan giras desde el año 2006 y hay participado de diversos eventos internacionales tanto en América como en Europa. Ambos realizan, además, una gran tarea de difusión cultural. Han publicado libros y documentales sobre la música y la danza del tango. Desde hace años mantienen actualizada, además, una página web con información sobre sus actividades.

 

–¿Qué significa para vos, Gustavo, el hecho de que tu libro haya sido declarado de interés cultural?

Gustavo: Más allá de la alegría de sentirme orgulloso, esta declaración marca un antes y un después para el tango danza. Estamos en una época en que la danza de tango tiene la misma importancia que tuvieron las orquestas, compositores y autores. Mi libro cuenta sobre el tango y Buenos Aires; pero no es solo una investigación, sino un homenaje a quienes crearon la cultura que más nos representa en el mundo y a quienes la siguen desarrollando.

María: Él no lo va a decir; pero pasó diez años de su vida o más investigando 183 años de historia con absoluta obsesividad.

Gustavo: Es verdad, y en eso la tolerancia y el apoyo de María fueron fundamentales. De otro modo, ya no hubiera dormido en casa... (risas).

 


–¿Pensás seguir estudiando e investigando la temática tanguera?

Gustavo: Desde 2002 escribo libros de tango danza. Publiqué un “Glosario de Tango Danza” acompañado por un DVD; “La Pista del Abrazo”, que explica el tango de salón; “Tango FAQs”, que responde 60 preguntas frecuentes sobre la danza de tango, y “Los Legionarios del Abrazo”. Ahora estoy trabajando sobre otro libro y otro documental.

María: El “Nuevo Glosario de Tango Danza” ha servido no solo para docentes y bailarines, sino que sirvió de base para que la Academia Argentina de Letras pudiera desarrollar un diccionario de terminologías sobre la danza de tango. Ese libro, como “Los Legionarios del Abrazo”, también recibió el auspicio del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

–¿Podrías adelantar algún título?

Gustavo: Si lo dijera y luego lo cambiara me acusarían de faltar a la verdad. Así que mejor llamarse a prudencia. Solo puedo contar que el documental indaga sobre los orígenes.

 

–¿Cómo está posicionado el tango a nivel internacional?

María: Me animo a decir que junto con la salsa y el swing es una de las danzas más populares del mundo. Es difícil encontrar un lugar en la Tierra donde no se baile tango, aunque sea una vez por mes. Nosotros hemos vivido la experiencia de encontrarnos en lugares tan remotos como una pequeña isla de Hawaii o en las cercanías del Polo Norte, en Suecia, y dar clases allí a aficionados del tango que organizan actividades a veces en sus propias casas para que la gente del pueblo conozca esta forma de arte.

Gustavo: Independientemente del posicionamiento, el tango es un género artístico lleno de virtudes, aunque parezca pequeño, que hace más jóvenes y saludables a las personas. Hay quienes dedican su vida al estudio de la música, de la obra de los creadores, a la interpretación; aquellos que agregan desde la confección de todo tipo de accesorios, indumentarias, instrumentos musicales, libros, documentales, espectáculos teatrales, pintura, fotografía, hasta terapias alternativas para tratar dolencias como la enfermedad de Parkinson o problemas coronarios. Basta con entrar a una milonga y preguntar a qué se dedica cada una de las personas que están allí para encontrar alguna actividad –lucrativa o no– vinculada con el tango.

 

–En ese marco, ¿qué lugar ocupa la danza?

María: En la actualidad, la danza es, sin dudas, el corazón que mantiene vivo al tango. A diferencia de otros tiempos, desde que se popularizó el fenómeno del espectáculo “Tango Argentino” en los años ’80, la gente se acerca a la música del tango a través del baile. Cautiva su complejidad, su sensualidad, el lenguaje silencioso y universal que comparten los bailarines, y luego, con el tiempo, se comprende que ese lenguaje sólo puede expresarse al compás de la música y al calor de la poesía del tango.

 

–¿Existe la posibilidad de ampliar el mercado que ocupan hoy músicos y bailarines argentinos?

Gustavo: En cuanto a los bailarines, siendo –como decía María– una de las danzas más populares del mundo, hay un mercado amplio, y hay maestros para todos los gustos y necesidades. Desde quienes enseñan lo más sencillo y genuino del movimiento, hasta quienes realizan coreografías teatrales y puestas en escena de compañías enteras, la mayoría somos argentinos que desempeñamos nuestras tareas en Buenos Aires, y/o viajando por el mundo. Pero hay también una enorme cantidad de maestros y músicos en otros lugares del mundo que se han formado con argentinos, y hoy ocupan una buena parte del mercado en el exterior.

María: Por otra parte, en cuanto a los músicos y poetas, si bien hay una gran cantidad de artistas estupendos que circulan por el mundo, da la sensación de que el apoyo y la convocatoria podrían crecer. Tal vez esté faltando alguna vuelta de tuerca para que la temática del tango se adecue a los tiempos que corren y se puedan crear cosas nuevas, con la estructura clásica, pero más representativas del siglo XXI. No es fácil, pero al menos sería un desafío interesante.

 

Gira. Foto con alumnos en el Albuquerque Tango Festival, New Mexico, 2012.


–En la Argentina, ¿se baila mucho o poco? ¿Se puede incrementar la oferta de profesores y milongas?

Gustavo: Si se baila mucho o poco es una pregunta rara. Si nos referimos a si hay mucha gente que baila tango en Argentina, diría que proporcionalmente es muy poca. Pensemos que somos 43 millones y a lo sumo bailarán 20 mil en todo el país. Ahora, si prestamos atención a esos 20 mil, casi diría que no dejan de bailar ni cuando duermen (risas).

María: La oferta de milongas y profesores en Buenos Aires se ha incrementado sustancialmente en los últimos 10 años. Recuerdo que en mis comienzos algunos días de la semana no había más que 1 o 2 opciones de lugares para ir a bailar. Hoy, en cambio, me animo a arriesgar que no hay menos de 10 opciones diarias, desde las 2 de la tarde y hasta las 5 de la mañana. Del mismo modo se ha incrementado la oferta de profesores. En eso ayudó muchísimo la proliferación de la publicidad en redes sociales. Hoy ya no es tan necesario invertir dinero en una publicidad en medios gráficos o radiales (como se hacía casi exclusivamente hasta hace un tiempo). Cualquiera con un buen número de seguidores en Twitter o cientos de “amigos” en Facebook ofrece sus servicios como enseñante. Esto, si bien pluraliza la oferta, también a veces afecta negativamente la calidad de la enseñanza. Pero, como siempre decimos: enseñar, enseña. De modo que quien se lanza hoy improvisadamente a la docencia, con el tiempo irá descubriendo caminos para hacer cada vez mejor su trabajo y compartir su conocimiento. Eso, a la larga, redundará en el crecimiento del tango.