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Paritarias y recesión económica: un empate que es derrota

Por Marcelo Zlotogwiazda

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Por Marcelo Zlotogwiazda. Los riesgos que corre el Gobierno si no termina de cerrar los acuerdos salariales.

Hace más de 30 años que Armando Oriente Cavalieri conduce la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios, que con más de un millón de afiliados es, por lejos, la más numerosa del país. Fue de los más blandos durante el gobierno de Raúl Alfonsín, sobresalió como un arquetipo de los sindicalistas menemistas que apoyaron la flexibilización laboral, la mercantilización del sistema previsional y, en general, la política de esos años, y se las ingenió para convivir y seguir consolidándose durante los doce años del kirchnerismo.

 

Actualmente es uno de los sindicalistas preferidos del oficialismo. Si bien Cavalieri no tiene puesta la camiseta de Cambiemos como Gerónimo Venegas, la gravitación política de su gremio lo exime de las adulaciones de quien formalmente representa a los peones rurales.

 

Junto con el siempre ubicuo Osvaldo Cornide, de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), y el ministro Jorge Triaca, hijo de quien fuera su compañero de ruta y ministro del menemismo, Cavalieri posó el jueves pasado en una foto que el gobierno distribuyó como imagen de lo que considera un gran logro: en pleno conflicto docente y a dos semanas del paro general de la CGT, la mayor paritaria del sector privado se cerró con un ajuste del 20 por ciento, a cobrar la mitad en abril y el resto en julio, y una cláusula gatillo si la inflación supera el 20 por ciento.

 

María Eugenia Vidal había conseguido algo muy similar cuando en diciembre pasado acordó con UPCN y varios otros gremios estatales un aumento del 18 por ciento dividido en cuatro subas trimestrales, con una cláusula gatillo en caso de que la inflación de algún trimestre supere el 4,5 por ciento.

 

El gobierno provincial apostó a que ese acuerdo serviría como caso testigo para replicar con los docentes. La jugada le viene saliendo mal, porque no pudo doblegar la resistencia de los maestros y porque la prolongación del conflicto le ha restado algunos puntos a la imagen positiva de la gobernadora. Sin embargo, Vidal sigue mostrando poca flexibilidad y continúa dando señales de batalla: el lunes pasado, el día previo a que se retomaran las negociaciones con los docentes, firmó una decisión administrativa otorgando a los casi 100.000 agentes de la policía provincial la misma pauta de incremento que había acordado con UPCN y que les ofreció originalmente a Roberto Baradel y compañía. Clarín tituló el martes: “Vidal aumenta 18 % los salarios de la Policía, el mismo porcentaje que le propone a los docentes”.

 

Con la misma lógica que el bonaerense, la idea del gobierno nacional es que el acuerdo con Cavalieri sea un modelo para el resto de las paritarias y un antecedente que modere las aspiraciones del resto de los sindicatos. Tuvo un pequeño primer éxito al lograr que los trabajadores ferroportuarios aceptaran un ajuste anual casi calcado al que obtuvieron los estatales no docentes de la provincia de Buenos Aires. Habrá que ver si consigue que el esquema se replique en paritarias más relevantes y con gremios conducidos por dirigentes más combativos que el histórico líder mercantil.

 

Pero si sucediera que acuerdos de ese tipo se impusieran en la mayoría de las paritarias, el supuesto éxito para el gobierno podría terminar convirtiéndose en una victoria pírrica. Aumentos del 18 o 20 por ciento con cláusula gatillo garantizan que no habrá pérdida de poder adquisitivo pero también implica descartar una mejora en el salario real, salvo que se crea que la inflación anual se va a ubicar dentro de la banda del 12 al 17 por ciento que estableció como objetivo Federico Sturzenegger y que la Casa Rosada hizo propia. Pero hoy por hoy no hay consultor alguno que pronostique que se cumplirá la meta de inflación que impuso el presidente del Banco Central. El propio relevamiento que elabora esa institución arroja una expectativa de inflación promedio para el año del 20,8 por ciento.

 

El informe que difundió esta semana la consultora PxQ del ex viceministro Emmanuel Alvarez Agis señala: “La discusión salarial de marzo pone sobre la mesa el principal conflicto político-económico de la Argentina: el distributivo. Con un gobierno que parece jugar al ´empate real´ (paritaria=inflación) y una CGT que debe manejar tanto el conflicto externo como el interno, la discusión salarial se encuentra empantanada y su retraso posterga la necesaria recuperación del consumo y, con esto, el final de la recesión”.

 

Además de consolidar la pérdida de salario real registrada el año pasado, el “empate real” que está fomentando el Gobierno reduce la posibilidad de que el consumo sea un factor dinamizador clave de crecimiento económico, que es lo que vienen repitiendo a coro todas las primeras figuras del gobierno.

 

A pesar de ser como un club que necesita imperiosamente de los tres puntos de un triunfo para no perder la categoría, el Gobierno está corriendo el peligro de jugar a un empate que le podría costar una derrota.