Argentina, el paraíso de la bicicleta financiera

Por Marcelo Zlotogwiazda

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Contradicciones estadísticas. Es verdad que aumentó el empleo, pero también es cierto que cayó el consumo.

En Casa Rosada hay abundante circulación de encuestas de imagen de gobierno, de intención de voto y, por supuesto, reciben al instante y a veces con antelación todas las mediciones del Indec, las estadísticas del Ministerio de Trabajo y los números del Banco Central. Con toda esa información Mario Quintana y Gustavo Lopetegui actualizan el tablero de control de la economía, que sirve para que los estrategas del relato oficial alimenten de datos y argumentos para los discursos oficiales y para todos los funcionarios que participan del debate público.

 

Además de todas esas fuentes, hay un informe que es seguido con particular atención porque refleja la evolución del consumo en hiper y supermercados, en autoservicios y en almacenes, donde la población realiza sus compras de alimentos, productos de limpieza y cosmética. Para monitorear eso los dos vicejefes de Gabinete no recurren a la encuesta de supermercados del Indec, ya que ese relevamiento incluye productos electrónicos, línea blanca y artículos para el hogar. El seguimiento de lo que sucede con el consumo de bienes de primera necesidad se basa en el informe mensual de la consultora CCR.

 

El último informe de CCR arrojó, nuevamente, resultados muy malos. El consumo bajó en febrero un 5,7 por ciento, acumulando una caída de 6,4 por ciento en el primer bimestre. El recorte de gastos se agudizó en los rubros menos imprescindibles como cosmética y bebidas con alcohol, con retrocesos del 8,8 y 8,3 por ciento, respectivamente, pero también en productos de heladera con un derrumbe del 9,4 por ciento.

 

Si bien no resultan tan confiables como los de CCR, los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) muestran que la tendencia se mantuvo. Por decimoquinto mes consecutivo, en marzo el consumo minorista disminuyó un 4,4 por ciento comparado con un mes muy malo como fue marzo de 2016, y acumula una caída del 3,7 por ciento en el trimestre.

 

A primera vista, los números de CCR sobre ventas de productos de primera necesidad y los de CAME sobre ventas minoristas en general no serían compatibles con la afirmación oficial de que el empleo está subiendo hace ya varios meses y que los salarios le están ganando a la inflación y recuperando parte de lo perdido. Se supone que si aumenta la masa salarial lo primero que se recompone es el consumo de primera necesidad.

 

Pero ambas cosas son ciertas. Los datos que elabora el Ministerio de Trabajo en base al universo de liquidaciones de aportes y contribuciones a la Anses  muestran que, efectivamente, en los últimos meses mejoraron el empleo y el salario real, al menos dentro del mundo laboral en blanco. Al mismo tiempo, los funcionarios que le dan crédito a los datos de CCR y conocen la restante información en igual sentido, admiten que nada de lo anterior se traduce en aumento de consumo de bienes básicos ni en compras en general.

 

Esa aparente incongruencia tiene dos explicaciones. La del gobierno es que como consecuencia de los fortísimos aumentos que ha habido en los servicios públicos, la población está destinando una porción considerablemente mayor que hace un año al pago del transporte, la electricidad, el gas y el agua, y le queda menos presupuesto para el resto de las compras. Consciente de ese efecto y urgido por las necesidades políticas de un año electoral, el Gobierno ha decidido postergar el aumento que había previsto para este otoño en el transporte público, un servicio que pesa mucho en el bolsillo de los más pobres.

 

Hay otra explicación complementaria según la cual la demorada recuperación ha generado en mucha gente comportamientos conservadores y ahorrativos. Guillermo Oliveto señala que, además de la caída de salario real y del mayor gasto en servicios públicos, la caída en el consumo durante 2016 se debe a que el patrón de conducta del consumidor pasó a “modo austero”. Dice que “hay un nuevo clima de época de ´ahorro´: antes compraban sin mirar, ahora se fijan en todo”.

 

La depresión del consumo en el primer trimestre es el motivo central por el cual el Estudio Bein, que era el más optimista al pronosticar el 2017, volvió a recortar su pronóstico de crecimiento, esta vez del 4,2 al 3,4 por ciento (5 por ciento había sido el número original). Incluso tituló su último informe “Paradojas del año electoral. Sobran dólares, falta consumo”.

 

Sobran dólares, y eso se refleja en que su cotización está planchada y es igual a la de hace seis meses, por el endeudamiento, por las divisas del blanqueo y por la cosecha. Además, porque hay muchos especuladores que, confiando en que el sobrante coyuntural se mantenga por un tiempo, están vendiendo sus dólares para colocarlos en pesos a las altas tasas que ofrece el Banco Central y luego recomprar una mayor cantidad de dólares. Una clásica bicicleta que en la jerga financiera se denomina “carry trade”.

 

En la Argentina está siendo una operación tan rentable y atractiva que la consultora de Miguel Bein dice que es el país “campeón mundial del carry trade”.