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Cómo trucar la realidad

Por Jorge Repiso

LECTORES@VEINTITRES.COM

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Internautas y observadores ponen al descubierto fotografías que nada tienen de originales. Políticos argentinos fueron escrachados en las redes. 

El fenómeno no lo inventó Internet. Antes y en menor medida, periodistas, investigadores o lectores con muy buena memoria y la vista entrenada podían detectar la trampa. Actualmente, mediante las herramientas digitales se puede alterar un hecho puntual o una realidad de manera instantánea. Los medios se subieron a la tendencia que también es aprovechado por el mundo de la política. En las últimas semanas y a caballo de un ambiente cargado de conflictos, hubo quienes detectaron fotos “nuevas” que en la práctica resultaron ser viejas. Los tiempos corren demasiado rápido como para sentarse a chequear la fecha real de publicación. Un corte y pega, sea o no intencional, termina estafando a millones de consumidores de noticias y redes sociales.

 

Los ejemplos que siguen son sólo una ínfima parte de lo que puede estar pasando en éste momento. “La chica que aparece en primer plano soy yo, tengo 21 años, y siempre estudié en la escuela pública. Dicha foto tiene por lo menos diez años”, comentó indignada Maca Larrañaga, que se reconoció en un aula del colegio Lenguas Vivas. La cuenta de Twitter del ministro de Educación, Esteban Bullrich, utilizó aquel recuerdo de niñez para demostrar que a pesar del paro docente del 11 de marzo, hubo maestros que acudieron a dar clases.

 

Quizás Luis D´Elía actuó bajo los efectos de la ira. Lo cierto es que el dirigente social  “colgó” una foto atemporal durante la jornada del primer paro nacional que padeció el gobierno de Mauricio Macri. Ese día, los gendarmes desalojaron a la fuerza a los manifestantes que cortaron la Panamericana. La imagen que acompañó su breve texto en Twitter data del mes de julio de 2015 y muestra a cinco efectivos reduciendo a un chofer de la popular línea 60 de colectivos.

 

En la noche del 9 de abril, la Policía Federal protagonizó una violenta represión contra maestros y sindicalistas que intentaban levantar una escuela itinerante frente al Congreso de la Nación en protesta a la política educativa del gobierno. Hubo palos y gas pimienta, y la foto de una mujer con golpes y sangre en su cara se multiplicó hasta el infinito hasta que un twitero venezolano se encargó de aclarar los tantos. La agredida en cuestión había sido atropellada por un auto en la ciudad de Mérida en enero de 2016. 

 

 

Una lluvia de críticas se desencadenó por una serie de fotografías que mostraban a una niña siria, rescatada herida de los escombros de un departamento de la ciudad de Aleppo. Aquí no hubo malas intenciones aunque sí interpretaciones propias de personas desconfiadas. Si se observa la secuencia, la nena es socorrida por tres personas diferentes pero entrando en detalles se puede detrás de ellos a un mismo escenario. Un caso curioso y hasta torpe es el de una mujer estadounidense llamada Carlee Soto, protagonista involuntaria de una seguidilla de masacres donde se la puede ver llorando ante un cine, una escuela y durante la Maratón de Boston. El trucaje más insólito retrató a Soto en su rol de “llorona” después de los tiroteos que asolaron a los habitantes de París en noviembre de 2015.