Trump, el señor de las bombas

Por Alfredo Grieco y Bavio

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El ataque a Siria y Afganistán. Estados Unidos decidió usar su arsenal no nuclear màs pesado.

 

Ataque. Trump ordenó la acción mientras cenaba con Xi Jinping.

 

Si de algo no se lo puede acusar a Donald Trump es de falta de capacidad para el espectáculo. O de sentido de la intimidación. Conoce el poder disuasivo, militar y massmediático de hacer por primera vez las cosas que nadie había hecho antes, y de hacerlas sin dar aviso ni pistas. No pasó una semana desde que por primera vez en la historia bombarderos norteamericanos intervinieron directamente en la guerra de Siria destrozando una base aérea del gobierno, que el jueves 13 arrojó “la madre de todas las bombas", la más poderosa de su arsenal convencional, que nunca antes había sido usada en combate, sobre objetivos del Estado Islámico en Afganistán.

 

Cuento chino. Mientras una semana atrás, el jueves 6 por la noche, el matrimonio presidencial de la Casa Blanca hacía de anfitrión del matrimonio presidencial chino con el que cenaba en un restaurant de lujo, precisamente cuando el presidente N°45 de Estados Unidos vertía más champagne en la copa de Xi Xinping, 59 misiles Tomahawk fueron lanzados desde buques de guerra en el mar Mediterráneo contra la base aérea siria de Shayrat. Desde allí, cree el Pentágono, había partido el día anterior el ataque con armas químicas que dejó casi un centenar de muertos. Fue la primera acción militar deliberada de Washington contra el gobierno de Bashar al Asad desde el inicio de la guerra civil en este país, seis años atrás.

 

Sonrisas de una noche de primavera. El ataque desconcertó a los rusos, amigos de Assad, y a los chinos, enemigos del involucramiento militar norteamericano en el lugar. El apretón de manos del presidente chino Xi y el norteamericano Trump, cuando se prometían cortés y recíprocamentemente “amistad”, era fotografiado y filmado mientras las Fuerzas Armadas estadounidenses atacaban por sorpresa y con eficacia brutal un objetivo militar sirio. Los dos presidentes de las dos mayores economías nacionales del mundo tenían un lista larga de temas que conciliar: el futuro de sus relaciones comerciales en la nueva era del proteccionismo norteamericano, el programa de armas nucleares norcoreano, el status de Taiwan, los conflicto de límites con Japón y otros países en el Mar del Sur de China. Ahora se sumó un tema que trepó al primer lugar de la lista. El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió de urgencia el viernes 14 para tratar el tema. El vicembajador ruso ante la ONU Vladímir Safrónikov ha calificado de "hipócritas" los llamamientos por una solución política en Siria después de lanzar misiles. Y advirtió “una vez más: ni se les ocurra enemistarnos con el mundo árabe, no va a funcionar". En el Consejo de Seguridad, Pekín y Moscú votan siempre juntos sobre el tema de Siria.

 

Gran circo de Pekín. Al gobernante Partido Comunista chino no le gustan las sorpresas. Los grandes funcionarios chinos, y antes que ninguno el presidente, viven en un mundo donde un ritual bien ejercitado y conocido domina hasta los movimientos más mínimos. Un universo donde reinan, supremos e incontestados, el protocolo y el ceremonial. Durante semanas se preparó cada detalle de la cena en el restaurant Mar-a-Lago. En primer lugar, Trump desistió de su idea originaria: servirle un Big Mac a su par chino como plato principal (fue sustituido por un lenguado a la plancha). El apretón de manos estaba previsto, y también que Trump se abstendría de tuitear durante el encuentro. Xi y el Politburó chino consideraron que iba a ser una cena exitosa. Pero en la idea que un líder chino se hace de una cena exitosa con otro líder de una superpotencia no entra la posibilidad de que esa potencia, mientras están cenando plácidamente, y sin comunicarlo, vaya a hacer un giro de 180 grados en su política exterior e iniciar una ofensiva militar.

 

Homeland sin maquillaje. La GBU-43/B, la madre de todas las bombas (MOAB es su acrónimo en inglés), fue lanzada hoy jueves, informó el portavoz del Pentágono Adam Stump, sobre una red de cuevas de la provincia de Nangarhar que sirve como uno de los cuarteles generales del Estado Islámico. La gran bomba mide unos nueve metros y es guiada por GPS,  y tiene una fuerza equivalente a 11 toneladas de TNT. Cuando la GBU-43/B fue probada por última vez en 2003, el hongo explosivo se vio a cuatro decenas de kilómetros de distancia, según fuentes de la Fuerza Aérea norteamericana conocidas por la agencia de prensa francesa AFP. Según el servicio informativo estatal británico BBC, BBC que decenas de militantes murieron por la bomba, incluyendo a un hermano de Hafiz Saeed Khan, líder y fundador del Estado Islámico en Afganistán y Pakistán.

 

Hollywood por tevé. En Fox News, el general retirado Jack Keane no tardó en pronunciarse la semana pasada. “Es un mensaje para los chinos –dijo–. Durante ocho años los norcoreanos han avanzado con su programa de misiles con ojivas nucleares y siempre amenazan con dispararlos contra objetivos en suelo americano. Basta de retórica. Si esto sigue, vamos a usar la opción militar. Y va a ser espantoso para ustedes, que están al lado de la península coreana. Estoy seguro de que los chinos prestaron mucha atención”. Curiosamente, o no, el Global Times, un diario chino en inglés dominado por el Partido Comunista, ofreció la misma interpretación. Que hoy repitió Fox News, y con la que concuerdan las principales agencias europeas. Una interpretación que en Estados Unidos fascinó y fascina a los que votaron al actual gobierno. Cuando el presidente número 45 llegó a la Casa Blanca, muchos medios auguraron un florecimiento de la comedia y la sátira política: ¿podría inventarse un presidente más risible y aterrador que Trump, payaso siniestro salido de la televisión chatarra? Ahora, el payaso mete miedo, y no hace reír.