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Juicio internacional a Monsanto

Por Jorge Repiso

LECTORES@VEINTITRES.COM

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Culpable, dictaminó un tribunal destinado a juzgar a la multinacional de los agronegocios en La Haya. El veredicto no es vinculante pero es un llamado de atención y busca incorporar la figura de ecocidio . 

“Monsanto se dedica a prácticas que ocasionan serios impactos sobre el medio ambiente”. Cinco jueces de diferentes países se apoyaron en esta frase para comenzar a sesionar en el seno del Tribunal de la La Haya, hecho que repitió al acontecido en 2016 con idénticos resultados.

El llamado Tribunal Internacional Monsanto falló en contra de la empresa especializada en biotecnología agrícola de origen estadounidense tras haberla acusado de crímenes contra la humanidad y ecocidio, además de irregularidades en la comercialización de herbicidas y semillas transgénicas.

El tema es bien conocido en la Argentina, donde la utilización del glifosato es hasta hoy cuestionada por sus efectos nocivos contra la salud humana y por denuncias de muertes entre trabajadores del campo y habitantes de poblaciones rurales.

El tribunal fue impulsado por una sociedad civil con el objetivo de que la empresa se responsabilice de tales delitos. La repercusión resultó de tal alcance que las deliberaciones pudieron seguirse vía web en todo el mundo. Seis meses de investigaciones sirvieron de plataforma para que un millar de organizaciones ambientalistas y 30 testigos provenientes de todo el planeta se reunieran durante dos jornadas. 

 

Corte. El daño ocasionado por Monsanto se traduce en muertes.

 

El juicio, por ahora, reviste el carácter de simulacro y no tiene validez jurídicamente vinculante, pero pretende que la figura de ecocidio sea incorporada a los delitos juzgables por parte de la Corte Penal Internacional de la ciudad holandesa.

Eleonora Lamm es una jurista argentina especializada en bioética y una de los jueces que componen el tribunal presidido por Francoise Tulkens. Ella y sus colegas escucharon las preguntas sobre las que se centró el debate, relacionadas con el derecho al medio ambiente sano y a la salud, derechos que según la Corte son violados por Monsanto.

“La comercialización agresiva de semillas obliga a los agricultores a adoptar los métodos de cultivo que no respetan las prácticas tradicionales de las culturas, afectando a los pueblos indígenas y a las comunidades locales”, es uno de los argumentos del tribunal, el que fue más allá al denunciar a la multinacional de perjudicar la libertad científica y el derecho de acceso a la información debido a su inmenso poder económico.

 

Movilización. Una lucha de cuatro años expulsó de Córdoba a la multinacional.

 

En nuestro país, el monstruo de los agronegocios sufrió un importante revés en noviembre de 2016 y por resistencia de los ciudadanos. Monsanto había adquirido 30 hectáreas cuatro años antes en el barrio Malvinas Argentinas, próximo a la capital de la provincia de Córdoba. Apoyados por informes de tres universidades provinciales que desaconsejaban la instalación de una mega planta elaboradora de semillas de maíz transgénico, pobladores y activistas llevaron adelante acampes y asambleas sin descanso hasta que Monsanto se retiró aduciendo que lo hacían por “cambios” en el negocio. “Este aviso debe alentar a las víctimas a acudir a cuestiones legales para procesar a Monsanto ante los tribunales nacionales”, advirtió Arnaud Apoteker, un miembro del comité organizador del Tribunal Internacional Monsanto. Los argentinos, por tristes experiencias, vienen desandando ese camino hace tiempo.