Sturzenegger se impone a Caputo

Por Marcelo Zlotogwiazda

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Tasas altas y dólar planchado. Por qué, para Macri, lo que dice el titular del Central es palabra santa.

En la carrera política de Mauricio Macri no hay nadie más importante que Nicolás Caputo. Es su “hermano de la vida” desde que se conocieron de muy chicos en el Cardenal Newman. Fue quien llevó el dinero para pagar el rescate de su secuestro y ha sido el encargado de recolectar la mayor parte de los muchísimos millones de dólares que desde los tiempos de Boca Juniors financiaron cada una de las campañas electorales del hoy Presidente, y es uno de los pocos que lo trata de igual a igual y que lo critica sin medias tintas.

 

Un año atrás, cuando el presidente del Banco Central subió las tasas de interés hasta las nubes con el objetivo de moderar el alza de precios y la cotización del dólar, Caputo cruzó a su amigo y le dijo: “Es un disparate. Lo único que hace es que la gente ahorre guita y no invierta. A esa tasa, hasta yo coloco todo a renta. ¡Viva Sturzenegger!”, ironizó. Así lo cuenta el libro El Otro Yo – Nicolás Caputo, Socio y Operador Secreto de Mauricio Macri en la Argentina del Capitalismo de Amigos, de los periodistas Noelia Barral Grigera y Esteban Rafele.

 

Caputo sabía de lo que hablaba. Ese libro describe con claridad el enorme crecimiento y poder que logró en los últimos años, en buena medida gracias al encumbramiento de su hermano de la vida. La constructora Caputo es una de las más prósperas; la empresa de servicios SES se ha cansado de ganar contratos de mantenimiento de hospitales, escuelas y espacio público en la ciudad de Buenos Aires y otros lugares; Mirgor (creada en su momento por ambos) es una de las que más aprovechó la promoción de Tierra del Fuego; y Sadesa se ha convertido en una de las compañías líderes del sector eléctrico.

 

La tasa de interés que fija el Banco Central para operaciones cortas de pase o para colocaciones de Lebac no está ahora en los niveles que Caputo consideraba disparatados hace un año. Eran meses en los que la inflación oscilaba entre 4 y 6 por ciento, y Sturzenegger salía al cruce con tasas del 38 por ciento. Pero la decisión de la semana pasada de responder al repunte en la inflación de marzo subiendo el rendimiento de los pases de 24,75 a 26,25 por ciento, que confirmó este martes subiendo la tasa de las Lebac, generó el mismo revuelo que un año atrás.

 

¿Le dirá Nicolás Caputo a Mauricio Macri que el presidente del Banco Central está cometiendo un disparate? ¿Que lo que consigue es que la gente ahorre y no invierta?

 

En realidad, poco importa lo que diga Caputo. Transcurrido un tercio de la gestión de Macri se sabe que, por sobre cualquier otro objetivo, la prioridad del gobierno es bajar la inflación, y en ese tema no hay nadie que influya más en el Presidente que Sturzenegger. Ni siquiera Caputo.

 

Pero que Macri no le haga caso a su hermano de la vida no evita que ocurra lo que dice Caputo. La ortodoxa receta monetarista para amortiguar la inflación que heredó más la que sumó el propio gobierno con la devaluación y la quita de retenciones, es una de las varias causas que explican la recesión del año pasado y la extraordinaria expansión de las colocaciones financieras de corto plazo de las que hablaba Caputo: desde que asumió el Gobierno la deuda del Banco Central por Letras se triplicó de 265.000 a 780.000 millones de pesos; a lo que se agrega algo más de 200.000 millones en concepto de pases.

 

La razón de semejante salto es muy básica. Tasas de interés altas y la expectativa de que el dólar iba a estar planchado son una combinación ideal para practicar la clásica bicicleta financiera de pasar dólares a pesos para luego recomprar más dólares. Y para los que no confían en las expectativas, existe la operatoria de dólar futuro, que a un muy bajo costo garantiza la cotización para la recompra.

 

Una bicicleta que en la jerga financiera se denomina carry trade, y que como se contó en esta columna la semana pasada es tan rentable en la Argentina que el último informe de la consultora de Miguel Bein dice con sorna que el país es “campeón del mundo” en esa operatoria. Los que la pedalean con pericia obtienen ganancias en dólares como en ningún otro lugar.

 

La dureza monetaria que Sturzenegger defiende a capa y espada, amparado en el apoyo de Macri, aumenta el atractivo de esa especulación financiera no sólo por el aumento de la tasa de interés. Además la potencia porque estimula la venta de dólares para aprovechar la ocasión y eso presiona hacia abajo la cotización.

 

Con lo cual, además de que es una señal para enfriar la inversión, el consumo y el nivel de actividad en general, el alza de la tasa de interés acentúa el problema de atraso cambiario que se viene acumulando al ritmo de los dólares que ingresan por la deuda que toma Luis Caputo, el primo de Nicolás que ocupa el Ministerio de Finanzas.

 

Por obvias razones, los bancos son los mejores posicionados para hacer rendir la bicicleta financiera. Un ejemplo lo ilustra a la perfección: el Banco Macro ganó el año pasado 6.541 millones de pesos, de los cuales 4.046 millones se originaron en la especulación con Lebac, que le redituaron un 90 por ciento más que en 2015.

 

El sector financiero privado fue uno de los que más ganó en los últimos años del kirchnerismo.

 

Eso no está cambiando con Cambiemos.