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Por qué apuntan a Lula

Por Alfredo Grieco y Bavio

LECTORES@VEINTITRES.COM

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El ex presidente de Brasil, entre la campaña y la citas judiciales por casos de corrupciòn


Desde Porto Alegre, Brasil

El ex presidente brasileño 2003-2010 había llegado puntual al Juzgado Federal. Con tiempo: un cuarto de hora antes de la cita de Curitiba. Su indagatoria duró cinco horas y diez minutos. Un poco más del doble de lo que suelen durar la de este tipo, en estos tribunales, con estos jueces y fiscales, cuando el indagado es otro que Luiz Inácio ‘Lula’ da Silva, dos mandatos cumplidos, candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT) en las próximas elecciones de 2018, donde es el favorito.

 

Pero ni una sola pregunta sirvió para aportar ni una sola prueba, aunque fuese menor, de que Lula y/o su difunta esposa Marisa Letícia (muerta este febrero) se hubieran apropiado ilegalmente –que habían recibido como ‘coima’- un tríplex en la ciudad costera paulista de Guarujá, un balneario con prestigio y precios equivalentes a los de Mar de Ajó o Santa Teresita en la costa atlántica argentina. 

 

Cómo preguntaron a Lula. Al largo, monótono interrogatorio de Sérgio Moro, ‘héroe civil’ de la oposición, líder de la ofensiva judicial anti-corrupción ‘Lava Jato’, respondió Lula. Más de tres horas de respuestas a centenares de preguntas. Moro, que al principio de la interrogación parecía inquieto, tenía preparada una extensísima lista de preguntas, que procedió a leer. Estaba caracterizada, la tal lista, por dos procedimientos. El primero, repetir una y otra vez, con períodos intermedios de duración irregular, preguntas que ya habían sido formuladas. El segundo, colmar esos períodos intermedios con preguntas de dudosa, escasa o nula vinculación con el tema central proceso en curso. 

 

Cómo respondió Lula. El ex-presidente petista contestó las preguntas, una por una, sin contradecirse, y advirtiendo que las preguntas ya habían sido formuladas, cada vez que éste era efectivamente el caso. Cuando Lula le hizo conocer al juez Moro la exasperación que le provocaba un método interrogatorio que buscaba hacer caer en contradicción al indagado y que por ello lucía antes policial que judicial, el juez le recordó que tenía el derecho de quedarse callado y no responder las preguntas. Según Lula, el proceso era “una farsa” y sólo se había presentado por respeto “a la ley”. 

 

Una jornada particular.  Lula había salido temprano, a las nueve de la mañana, de San Pablo, desde donde había viajado en avión particular hasta el vecino estado de Paraná, a la moderna, opulenta, ecológica, limpidísima ciudad de Curitiba: una especie de Singapur brasileña. Allí lo esperaban al ex presidente y candidato presidencial 1 000 fans del Lava Jato y partidarios del juez Sérgio Moro para insultarlo, 1 700 agentes policiales entre fuerzas estaduales y fuerzas federales para protegerlo, y 30 000 militantes del PT para vitorearlo.

 

El interrogatorio de Moro fue inútil. Posiblemente, el juez ya lo sabía de antemano, porque antes de iniciar su lista sus centenares de preguntas anunciándole a Lula: “Puede quedarse tranquilo, no lo vamos a detener al fin de la indagatoria”. ¿Cómo podía saberlo, si no descontaba la inocencia del preguntado? 

 

Lavando autos, inmuebles y iPads. La llamada en Brasil Operação Lava Jato fue conocida en 2014, y su nombre se debe a las máquinas lava-autos que los limpian con violento chorro de agua a presión. Tiene su eje y centro en las coimas pagadas a y por Petrobras, la petrolera estatal brasileña,  para agradecer, obtener o agilizar la concesión de obras públicas para esa empresa.

 

La mayor de constructoras vinculadas al escándalo, que abarca a toda la clase política, y no sólo al PT gobernante en 2014, es Odebrecht. La institución de la ‘delación premiada’, que permite a delatores ya condenados por algún delito acortar su prisión o mejorar de algún modo las condiciones de su castigo si delatan a partícipes, cómplices o encubridores de sus delitos, creó un laberinto de corruptos, corrompidos y corruptores que se extiende a la Argentina y a prácticamente todos los países americanos.

 

Poco y nada tiene que ver con esto –aunque los medios de la red Globo, la revista Época o la revista Veja insistan en contrario- el juicio a Lula. En su caso, la empresa implicada es OAS, una constructora en quiebra que, en vez de delatar al ex-presidente, hizo constar que el triste tríplex de Guarujá es propiedad de ellos, es uno de los activos con los que pagarán a los acreedores… Entre tantas respuestas, Lula hizo una pregunta: “¿Dónde está el iPad que le sacaron a mi nieto de cinco años, cuando requisaron mi casa?”.  Esta vez no hubo repuesta.