"Quise ser escritor desde que tenía cinco años"

Por Florencia Canale

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Entrevista a Carlos Ruiz Zafón. Es el autor español que más vende. Acaba de finalizar la última parte de su célebre saga y vino a Buenos Aires a presentarla. Cómo se hizo best seller.

Carlos Ruiz Zafón visitó Buenos Aires invitado por la Feria del Libro. Presentó la última parte de su saga tan exitosa -El laberinto de los espíritus- ante una sala repleta de fanáticos, que luego esperaron horas para la firma de su ejemplar. Divertido y conversador, el español al que se lo compara con Cervantes por haber vendido cantidades industriales de libros, no escatima en palabras a la hora de la charla.

 

-Se acabó lo que se daba. ¿Está triste?
-No, fue largo, a veces no sabía dónde estaba pero forma parte del proceso. Y con los años te acostumbras. Hay días que piensas que deberías haber hecho otra cosa, otros que no, pero finalmente la perspectiva no la tienes hasta el final. En este caso sí era lo que quería hacer.

 

-¿Con el primer libro sabía que iban a ser cuatro?
-Sí claro, pero lo que no sabía era si les iban a interesar a nadie. Mi idea original era lograr un mundo, un universo, una familia y que fuera una especie de laberinto, que también estuviera la participación del propio lector; que fuera un mundo que constantemente se estuviera alterando. Eso no lo sabía hacer, era mi ambición. Quería que éste fuera el libro del autor, el mío, el que iba a cerrar todas las piezas. Y pensé que el modo de empezar era con el libro del lector, el más melancólico, el más dulce porque es el recuerdo de un niño. A partir de ahí entramos en un túnel que es la historia de este escritor que ha perdido la razón. El tercero con esa especie de ángel de la guarda y éste como refugio moral. Esa era la idea pero supe que seguramente cambiaría algunas cosas.

 


-Y además atreverse a escribir novelas, en lo formal, bastante decimonónicas. Una apuesta fuerte.
-Un poco recuperar lo que son los clásicos de la literatura universal, pero recompuestos con cosas nuevas del mundo audiovisual y de lo que hemos aprendido del arte de la narrativa del siglo XX, del cine, la televisión, de la experimentación. Y un poco armar una tradición reciente.

 

-¿Tendrá que ver con su pasado de publicista?
-Yo trabajé en el mundo de la publicidad un poco accidentalmente, para ganarme la vida. Yo quise ser escritor desde siempre, desde que tenía 5 años. Salí así de la fábrica.

 

-¿Era muy lector?
-Era lector, me encantaba el cine, mirar historias. Me encantaban los lenguajes, la música, todo lo que sirve para crear, comunicar. Yo siempre quería saber cómo lo hacían. A los 10 años ya tenía programada mi carrera, el problema de todo esto es que en algún momento te confrontas con el mundo real: ¿y cómo hago para vivir de esto? Y sobre todo con un padre corredor de seguros que me decía que escribiendo no se podía vivir, que sería devorado por las cucarachas y las chinches, que la vida del escritor era un bosque de miserias. Por otro lado, no era una idea tan desajustada; es una profesión ingrata, difícil, en la que la mayoría de las personas que le dedican su vida no les pasa lo que me sucedió a mí. Pero yo tuve un empeño excesivo en conseguir eso. Mis tiempos en la publicidad me llevaron a viajar por el mundo, ganar mucho dinero y vivir experiencias surrealistas.

 

-Que podrá escribir alguna vez.
-Es que hay gente casada, con hijos, y alguna señora tan respetable; mejor no contemos nada (risas). Pero bueno, esa fue mi primera juventud en la que seguí escribiendo novelas, teatro y me ganaba la vida en la publicidad. Pero claro, mi padre pensaba que me dedicaba al crimen organizado. Yo ganaba en un mes más de lo que él había ganado en su vida. En un momento me di cuenta de que me estaba transformando en otra cosa, que no hacía lo que yo quería y me fui. Y a los seis meses pude terminar una novela que estaba escribiendo, se publicó y ganó un premio. Poco a poco eso me sirvió para construir una falsa confianza y seguir haciendo lo que quería hacer.

 

-Y el haber terminado esta saga, ¿lo deja vacío? ¿Tiene otras cosas para contar?
-Como todos los escritores, uno va anotando ideas. Tengo bastantes cosas.

 

-¿Se siente presionado por sus lectores?
-Mis lectores me dan libertad de experimentar. Por ahí, alguna vez han preferido que haga otra cosa y les pido que tengan paciencia.

 

-¿Cuál es su opinión acerca de la discusión independentista catalana?
-Es una pantomima en la que la gente cree. No me embandero en ningún partido político. Pero por otro lado creo que la gente tiene que expresar su voluntad. Hay muchas opiniones y esto genera un capital político manipulable. Y en realidad, de lo que se trata es de la lucha por el poder real. Pero creo que tarde o temprano habrá que votar.