“Quien no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va”

Por Revista Veintitres

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Entrevista a Javier Cercas

Por María Helena Ripetta
Especial

“Este libro me llevo toda la vida, desde que tengo uso de razón esta historia esta flotando”, dice el escritor español Javier Cercas sobre El monarca de las sombras, durante su visita a Buenos Aires.

“Mis libros comienzan con una pregunta. En este es: qué lleva a un chaval de 17 años que no es rico, que tiene inquietudes intelectuales, a apuntarse a luchar en una causa injusta (que ahora lo sabemos) y a morir en el lado equivocado de la historia. La pregunta da arranque al libro y después hay muchas otras”, dice Cercas y se está refiriendo a Manuel Mena, su tío abuelo que combatió junto a los franquistas.

“Esta es la pregunta seria que me he hecho en mi vida. Mi mamá, la protagonista secreta del libro, me contaba la historia desde pequeño. Por qué un chico que vivía en mi pueblo hizo una cosa así; por qué era tan importante para mi madre. Ella tenía 5 años cuando estalló la guerra y siete cuando murió. Era su tío pero era como un hermano para ella. Mi familia había sido franquista y yo no sabía hasta que punto. Quizás por eso al principio no quería escribirlo, porque no quería hacerme cargo de eso”, dice Cercas pero aclara: "El libro no habla sólo de la Guerra Civil. Yo no escribo novelas históricas, estrangularía a los que dicen eso, yo escribo sobre el presente que abarca el pasado. El pasado no ha pasado todavía. Hablamos de la herencia de violencia por la que todos pasamos, si sabes en qué consiste, podés manejarla; quien no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va”.

“Creo que tardé tanto en escribirlo porque no sabía cómo convertir una historia tan personal en algo universal. También tenía que asumir. Tenía miedo en muchos aspectos; no sabía hasta dónde había llegado el compromiso con la guerra”, sostiene el escritor quien decidió investigar sobre su historia. “Sobre nuestro pasado familiar, que es de violencia de guerra. La gente que ha vivido esto no quiere hablar. Y es lógico, la guerra es algo atroz. Ellos tienen derecho a callarse pero nosotros tenemos la obligación de saber”, sostiene y en cuanto a la propia dice: “Cuando se ha despejado esa niebla que fl otaba de mi pasado familiar, resultó que no era tan terrible, fue una suerte de liberación. Mi familia se apuntó al golpe de estado pero enseguida se arrepintió”.

“Vivimos una época en que se ha sacrilizado a la memoria, pero se olvida más rápidamente. Es la dictadura del presente. Se nos olvida que los niños se los manda a las guerras, siempre ha sido así desde que el mundo es mundo. Hemos hecho creer que la guerra sirve para algo útil, morir por la patria, en una mentira por la que han muerto millones de niños. Manuel Mena supo que se había equivocado, como lo saben todos los niños, un soldado perdido en una guerra ajena. Murió por una panda de hijos de puta que envenenaban el cerebro de los niños y los mandaban al matadero. Ideologías que prometen el paraíso y terminan creando el infierno. Manuel Mena fue intoxicado, como los niños hoy, como los chicos que fueron voluntariamente a Malvinas”, señala Cercas, único varón entre cuatro mujeres, que creía que su madre deseaba que Manuel Mena fuera su modelo. Estaba equivocado. Mi madre me habla de él no como ejemplo sino como contraejemplo. “Aprende de él y vive muchos años”. Para que no hiciese lo mismo que él. Quizás también me hablaba de él para que escribiera la historia y para que escribiéndola la entendiera.

Ella ha leído el libro, para ella Manuel Mena era leyenda y nada más. No había nada”, dice y señala que “la batalla del libro era recuperar un pasado que se había ido. Un chico anónimo de 19 años, del cual su familia lo quema todo. Mi madre ya adolescente llega a la casa de su abuela y las ve con sus tías quemando todo, y les pregunta ‘¿por qué hacéis esto?’, ‘porque no queremos sufrir más’”.

Se sacraliza a la memoria, pero se olvida más rápidamente. Es la dictadura del presente. “Todo lo que está es real. Hay un narrador que es un historiador, que me permite alejarme un poco, incluso que me corrige, cuenta la historia de Manuel Mena, de familia, de mi pueblo. Y luego otro narrador que se parece mucho a mí y que se llama Javier Cercas además, que reconstruye todo el proceso de hacer la novela, este narrador se toma algunas licencia no muchas, pero para mí ya es fi cción entonces”, dice y pide el segundo café.

“Podría haberme encontrado cosas espantosas de mi tío, cuando vamos a despejar las niebla que fl ota podemos encontrar cosas terribles. Si las hubiera encontrado igual lo hubiese publicado, a lo mejor hubiera esperado que mi madre muriese. Sin riesgo no hay literatura. Fue un alivio porque la realidad era menos terrible de lo que yo creía. Este chaval combatió en los lugares más duros, vio la guerra de verdad, se dio cuenta que se había equivocado, no se se si dio cuenta que estaba del lado equivocado, pero si que la guerra no era lo que él creía. El destino de Manuel Mena es el destino de tantos niños que van a la guerra creyendo que van a defender a algo noble y se dan cuenta que los que están defendiendo una panda de hijos de p... que los han mandado, esto es así desde que el mundo es mundo”, dice con respeto de aquel tío que fue al guerra.

“Hoy lo entiendo, eso no es justifi car. Manuel Mena se equivocó de bando, un niño defendiendo una causa que no era justa ni era la suya. Combatió con los vencederos y fue un perdedor porque lucho por intereses que no eran los suyos, no eran los que defendía el franquismo, mi familia era gente pobre que comía y basta. Y también porque lo perdió todo, incluso la vida, más que eso no se puede perder”, dice de aquel tío del que llegó a sentir vergüenza. Pero en su búsqueda Manuel Mena pasó de leyenda a “chaval” de carne y hueso.

“Me he pasado toda la vida investigando sobre la vida de este chico. Crecí con esa sombra, mi madre hablaba de él, yo preguntaba por él. Ahora no tengo ningún motivo para pensar que soy mejor que él. Siento respeto y lastima por él y asco por la panda de hijos de p... que lo mandaron a la guerra. Esos están por todas partes con sus discursos belicosos. Juzgar 40 años después es muy fácil. Lo primero que hay que hacer es intentar entenderlo, eso no es justifi car nada. Por eso la literatura es fundamental para entender, entender no es justifi car. A los yihadista, si no los entiendes no puedes combatirlos. Si hay una bomba hay que saber desactivarla. Si entendemos por qué un chaval va a la guerra podremos evitarlo”, dice Cercas, su libro lleva encontrar las propias respuestas.