Descansar entre rejas, una noche en la prisión

Por Revista Veintitres

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Reciclada como hotel boutique en la apacible isla sueca de Langholmen

Por Oscar Muñoz
 

Cuando el grueso portón se abre automáticamente al visitante con un rechinar de goznes, es posible sentir el mismo escalofrío de aquellos que ingresaban forzados por las circircunstancias hasta un pasado no tan remoto. Inaugurada como prisión en 1874 en las instalaciones de una señorial mansión, permaneció en funciones durante un siglo. Su último "inquilino" fue liberado en 1975.
En 1989, Langholmen volvió a abrir sus puertas como hospedaje, pero esta vez sin la impronta ominosa de antaño.

Reciclado respetando la estructura original en ciertos detalles claramente distintivos como sus estrechas ventanas enrejadas, se convirtió en un hotel boutique capaz de recibir a visitantes de todo el mundo, atraídos por la posibilidad de pasar una noche en prisión, con la certeza de poder partir cuando les plazca. El antiguo pabellón central alberga también un museo con entrada libre que interioriza de las historias protagonizadas por algunos de sus ocupantes más célebres, no sólo vulgares delincuentes, sino hasta nobles envueltos en delitos de conspiración contra el poder real. Otras dependencias incluyen salón de conferencias, restauraurante y pub, con música en vivo algunas noches.

Emplazada en la isla homónima (una de las quince que conforman la fragmentada geografía de Estocolmo), los alrededores de la antigua cárcel de Langholmen, son también espacio verde, lugar de recreación y práctica de deportes, albergan un puerto náutico y un centro folklórico.

Mencionada en fuentes ya hacia 1437, la isla sirvió de sede del Concejo de Estado Sueco y sirvió de campamento de las tropas de Gustavo Vasa antes de la ocupación de la ciudad en 1523.

En 1649, el próspero empresarrio cervecero Jochum Ahlstedt arrendó partes de la isla para el cultivo de maltas y levantó su residencia particular, Alstavik, que habitó largamente en familia (se casó dos veces). Adquirida por el Estado para instalar una penitenciaria de mujeres, el edificio fue ampliado sucesivamente para tales fines.

Erolada en el Ecolabel nórdicos, la agencia del gobierno actualmente responsable del emprendimiento turístico, lleva adelante un política de reducción de emisiones de carbono y participa activamente de la campaña Árboles para un Beneficio Global. Todo muy políticamente correcto. Bien a la sueca.