"La ficción es una manera de divulgar ciencia"

Por Revista Veintitres

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Entrevista a Roxana Tabakman

"Biovigilados es un título que refleja perfectamente el espíritu del libro, que en realidad son dos en uno. El primero que aparece ante el lector es el thriller, la idea de que nuestros cuerpos están absolutamente vigilados y que la intimidad no existe más la expongo respetando las reglas del género: suspenso, alta tecnología, etc. Pero Biovigilados también hace referencia a un concepto tradicional de la medicina, más concretamente de la epidemiología, que es la vigilancia", dice la escritora Roxana Tabakman, quien además es bióloga y periodista científica. "Desde hace por lo menos medio siglo, los expertos en salud pública controlan los virus que invaden a las personas en todo el mundo y es gracias a esta vigilancia permanente que detectan cuando un brote localizado puede volverse un problema global serio. En el momento actual en el que a la hora de controlarnos unos a otros la tecnología parece no alcanzar nunca sus límites, la vigilancia a distancia de otros seres humanos, a la que llamé Biovigilancia, adquiere otra importancia".

—¿Cuánto le llevó la novela?

—Mucho tiempo, porque pasó por muchas fases. A la versión original, más larga, la fui modelando y perdió bastantes personajes y explicaciones técnicas por el camino. Por suerte para el lector.

—¿Todo lo que pasa es posible ?

—Describo escenarios que ya son técnicamente posibles, algunas cosas no ocurrieron nunca, pero no sabemos cuánto dura nuestra suerte de caer del lado bueno de las estadísticas. Por eso un científico no puede decir que algo es imposible. Hay situaciones que sí, ya están tocando en nuestra puerta, es un futuro del que ya nuestra generación debe decidir si quiere llegar o no.

—¿Por qué pasó de lo técnico a lo literario?

—La respuesta corta es, porque es divertido. Crear seres que no existen es algo maravilloso que uno por lo general deja de hacer cuando los hijos crecen. La otra respuesta, no menos cierta, es que la ficción también es una manera de divulgar ciencia. Este tipo de literatura llamada a veces con desprecio best seller, permite llegar a una audiencia mayor y dar un paso más que con la divulgación o el periodismo científico. La ciencia ficción conecta al público con la ciencia de una manera más íntima, haciéndolo vivir en un escenario que quizás todavía no existe, pero le invita a pensar si quiere o no llegar o incluso ilumina situaciones que ya cambiaron su vida, pero no se dio cuenta porque estaba distraído hablando de otra cosa.

— ¿Cree que la gente tiene miedo a saber de estas cosas?

—En mi contacto con los lectores, encontré que sí, pero el miedo no los frenaba, si no que traía consigo curiosidad, interés por saber más, y eso es fantástico. Es obvio que nuestros miedos no siempre se basan en peligros reales, si entendemos por realidad apenas lo que tenemos conocimiento de que haya ocurrido antes. Pero eso no significa que no deban ser planteados sino todo lo contrario. Es un ejercicio de imaginación excelente, que puede ser muy útil para la persona, para la sociedad y para el avance de la ciencia.

Te doy un ejemplo. En mayor o menor medida, todos tenemos miedo a las enfermedades en general y los virus en particular. Los científicos están realmente preocupados por los gérmenes que están escondidos en la naturaleza, porque los conocen menos que la mayoría de la gente cree, pero saben cuán rápido se pueden expandir. Ese miedo hace que se investiguen microorganismos de nombres raros que solo aparecen, por ejemplo, en un pueblito pobre de Asia, que si no fuera por eso serían negligenciadas por los centros de poder científico. Pero ellos los temen también, porque conocen de forma teórica cuán frágil es el equilibrio que convierte una cepa relativamente benigna, en una que puede causar daños irreparables. Y cada tanto lo ven en la práctica. Fue una mutación simple la que hizo que el zika, un virus africano que no asustaba a nadie, causara microcefalia y otros problemas de nacimiento en Brasil. La gente común, por otra parte, es un terreno fértil para otros miedos más irracionales. A algunas personas leer en la misma frase las palabras biotecnología y virus les da pánico. Mi deber como periodista es informar de forma adecuada para que pierdan ese miedo, pero le reconozco un valor. Es esa aprensión la que nos recuerda que la ciencia no puede quedar apenas en manos de los que la practican, que todos tenemos que informarnos y evitar que la carrera biotecnológica avance en situaciones descontroladas, regulados apenas por sí mismos y el mercado.

—¿Qué personaje le costó más?

—Todos me dieron sus dificultades, porque no quería que fuera simplemente una novela con personajes problemáticos en un ambiente científico tecnológico, sino que fueran la ciencia y la tecnología los que plantearan los problemas y que los personajes, con sus virtudes y defectos, tomaran decisiones al respecto. Reconozco que tengo una relación especial con Ken, hasta hice un curso en la universidad que se llamaba Cuerpos Aplicaciones, con el único objetivo de poder ayudarlo a salir de ese mundo que lo tiene preso en una cárcel que él mismo se creó. Fue el más difícil técnicamente, pero creo yo el más valioso.

—¿Cómo llamarías a este género?

—Hay quienes dicen que es la nueva ciencia ficción, que tiene más ciencia que ficción, y un modelo podría ser la serie Black Mirror. Otro lo catalogaría como distopia, que podría considerada ya una forma más de realismo. Es sin duda un thriller tecno-científico, lo escribí siguiendo el ritmo y las reglas de ese género. Pero al mismo tiempo, es un artificio ficcional que da curso a una voz que como periodista tenía callada. Aproveché la ficción para ofrecer una mirada esperanzada y crítica a la vez sobre un futuro posible, tomé elementos de la realidad, y expuse algunas zonas oscuras.

—¿Piensa seguir escribiendo novelas?

—La próxima ya está en camino, aunque por ahora es apenas una idea que me quita el sueño.