El porno que miramos

Por Lucas Cremades

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Radiografía del sexo para ver ¦

El megaportal PornHub realizó un estudio mundial para todos los gustos. Desde cuánto tiempo pasan los consumidores viendo videos hasta qué partes del cuerpo prefieren, qué estrellas buscan y las fantasías favoritas. Los voyeurs argentinos.

Por Lucas Cremades

Para el día a día de millones de hombres y mujeres que habitan este mundo, ver pornografía es algo permanente. Al alcance de todos, gratis o pagando por cualquiera de sus variantes fílmicas, las tendencias indican que en el mundo son cada vez más las personas que pasan varios minutos por día frente a la computadora mirando cortometrajes, producciones premier o amateurs. En ese closet erógeno, mental y físico, donde el sexo se pasa la posta al erotismo, el lesbianismo, el sexo anal u orgiástico y viceversa, o en todas sus variantes y formas posibles, hay porno para todo el mundo.

Un mapa mundial creado por el sitio PornHub, el portal más grande y visitado de la Web, con 44 millones de visitas por día, dejó en evidencia cuáles son los países con mayor actividad en el sitio, uno de los principales portales de entretenimiento para adultos. Sahara Occidental, China y las Filipinas son los territorios donde más tiempo se pasa frente a una pantalla mirando pornografía: 16 minutos y 16 segundos, 14:34 minutos y 14:22 minutos, respectivamente. El mismo informe sitúa a Palestina, Irak y la Antártida como los lugares donde las sesiones se extienden por menos tiempo: alrededor de 5 minutos. Mientras que en América del Sur, Paraguay, Colombia y Venezuela pasan al menos 9 minutos, otros países tienen sesiones cercanas a los 8 minutos: Ecuador (8:10), Perú (7:30), Bolivia (8:43), Brasil (7:56), Argentina (8:21) y Chile, con 8:04 minutos.En cuanto a la Argentina, sólo se especifica la actividad de dos ciudades: Río Gallegos, con sesiones promedio de 8:55 minutos, y Buenos Aires, donde los usuarios pasan 8:56 minutos en el sitio.

Atento a la demanda mundial, PornHub lanzó en 2013 un blog no pornográfico que se encargó de investigar y analizar el consumo de pornografía en Internet basado en el comportamiento de sus usuarios. Así se supo que entre los hábitos de consumo de las mujeres respecto de la pornografía, el porno lésbico se ubicó en el primer lugar, seguida de cerca por la categoría gay masculino. Es decir que, a pesar de la presunción de que el porno gay masculino está orientado al consumo de hombres, las mujeres lo prefieren en el segundo puesto de sus categorías favoritas, mientras que entre los hombres esa opción quedó relegada al séptimo lugar. Luego siguen las categorías teen –chicas de apariencia adolescente, la preferida por los hombres– y la relativamente nueva “Para mujeres”, la cual consiste en nuevos sitios como X-Art y Erótica X, centrados en videos explícitos pero de alta calidad “cinematográfica”, haciendo énfasis en la sensualidad y la narrativa.

Siguiendo con el análisis del sitio, entre las categorías de preferencias femeninas aparecen las de sexo entre adolescentes, pornografía para mujeres y “ebony”, que hace alusión a los actores de ascendencia africana. Además, la encuesta revela que las mujeres consumen soft porn un 193 por ciento más que los hombres y que miran 132 por ciento más de videos con acción lésbica. Los términos de referencia más buscados por las usuarias de PornHub son “lesbiana”, “trío”, “squirt” (eyaculación femenina), “gangbang” (sexo grupal con una sola mujer) y “masajes”. Por su parte, los del sexo opuesto miran contenidos con adolescentes, milfs (madres sexualmente atractivas), mom (madres) y step mom (madrastra).

Como dato curioso, el comportamiento de los usuarios durante el Mundial 2014 disputado en Brasil también fue analizado. Cuando jugó la selección argentina, las visitas virtuales sobre juguetes eróticos y tríos dinámicos cayeron notablemente. Y algo similar sucedió con todas las selecciones del mundo, aunque PornHub destaca que en Chile “las búsquedas aumentaron en toda la Copa del Mundo, pero registraron su mayor incremento en las 24 horas siguientes a su partido del 18 de junio con España. En cuanto a las búsquedas, figuran “chilena” (85 por ciento) y otras nacionalidades que conforman las 25 principales búsquedas de Chile son “argentina” en el número 4, “colombiana” en el 9 y “checo/a” en el número 22. La estrella porno más buscada en Chile es “Lisa Ann”, al igual que en todo el mundo, y la tercera más popular, la colombiana “Esperanza Gómez”, que se une a otras chicas latinas como “Abella Anderson” y “Jynx Maze”.

Los comportamientos de los usuarios también distinguen entre las “profesiones” más solicitadas. El número uno de la ocupación que los usuarios PornHub buscan es “maestra”, que casi duplica el siguiente más popular, “niñera”, seguida de cerca por el mote de “enfermera”, “secretaria” y “policía”. 
Saliendo de la Web para adentrarse en el presente del mercado porno, Víctor Maytland, director de más de 200 películas pornográficas, es desde hace más de 26 años una referencia del género. Luego de un exitoso estreno en octubre de 2014 con Los porno Adams, Maytland ofrece un paneo de la industria pornográfica rioplatense: “El mercado actual sigue activo, aunque el ciento por ciento no paga. La Web genera movimiento pero el formato DVD no existe, es un mercado escasísimo. Se miente mucho y nadie lo quiere reconocer”, dice el director, que encontró una alternativa con los actos en vivo. “Ante un estreno mío, hago minipresentaciones con los actores con escenas de sexo grupal, como para que el público pueda intervenir. Esto funciona un poco como la gente que ve el programa de Marcelo Tinelli gratis por la TV durante el invierno, y en verano paga para a ver a los bailarines en los teatros de Carlos Paz. Lo mismo pasa con el porno y con las actrices, quienes se muestran para eso. El canal Venus es una posibilidad, pero es poco lo que pagan”, explica.

La industria no está muerta pero está peleando por su vida”, cuenta el autor, que maneja un presupuesto cercano a los treinta mil pesos por película: “Es modesta, al estilo mío. Yo no pago guión ni producción, lo hago todo yo”. Respecto de los encuentros en vivo, Maytland aclara que son para poco más de veinticinco personas: “Son para ver sexo en vivo o para hacer casting público con diferentes temáticas como el comic, el terror, la primavera, los estudiantes. Son secretos e íntimos. Yo pongo el nombre para garantizar que no estafamos a nadie. Es como un teatro que regula las ganancias como una cooperativa. Si bien hay bastantes interesados, no es masivo. Y el comportamiento es excelente. Hay un nivel de respeto, no hay descontrol, cero drogas, poco alcohol. Se trata todo con respeto, lo mismo que el swinger: no acepto que sea una joda, son personas tranquilas, de nivel medio, que vienen solas o con un amigo. Una clase media curiosa que quiere participar, y que es consumidora de porno”, concluye el director.

Su colega de La Plata, César Jones, es otra referencia ineludible a la hora de hablar del mercado fílmico pornográfico. “Es una realidad bastante modesta. Está un tanto agrietada. Y no tiene sólo que ver con la irrupción de Internet y la oferta de material gratuito. Eso quizá fue un golpe adicional de una protoindustria que tuvo sus primaveras, pero que desde adentro tuvo desplazamientos por conductas depredatorias, estigmatizantes, con visiones cortoplacistas. Los principales responsables del crecimiento enano del porno argentino son sus propios protagonistas y no tanto los factores externos en los que suelen escudarse. La realidad de Internet es una plataforma para expandirse, no es algo que nos aplaste. De hecho, mis fuentes de ingresos provienen de los sitios pay per view y on demand más allá de los réditos que me pueden deparar la venta de mis películas y los derechos en países limítrofes. Eso apenas me alcanza para cubrir costos y me interesa más que nada para compartir lo que hago con mis coterráneos. Lo haría aunque perdiera plata. Pero en términos estrictamente monetarios, Internet es una plataforma de despliegue y una rampa de lanzamiento”, opina Jones.

En cuanto a la oferta, el autor del film Teatro genital cree que “hay tanta oferta pero a la vez tanta demanda que hay mucho público que no tiene problemas para pagar un canon mínimo y ver un porno determinado. En ese sentido tengo una modalidad que viene a ser una versión expandida en Internet de lo que era el viejo videoclub. Las producciones que llegan gratuitamente es porque están monetizadas de forma lateral: hay esponsoreo, publicidades apuntadas al que no paga para ver. Pero las producciones ganan, no se hacen por amor al género. Hay que exculpar al consumidor argentino promedio, que es bastante adverso a comprar. Preferimos ver algo que no teníamos tantas ganas de ver en comparación a otra cosa que tenemos que pagar”, cierra Jones, quien en sus castings pretende que “más allá de las pretensiones económicas, haya una fe genuina de participar por la propia experiencia. Lo que busco como condición sine qua non es un ansia genuina de participar por la experiencia sexual y fílmica intrincada que es la experiencia pornográfica”, propone el autor. Y si tuviera que definir su fascinación por la pornografía, sería por “una doble condición: primero, de proponerse frontalmente como un dispositivo destinado al placer sexual. Esa es una condición primera, que la pornografía expresa claramente para con sus receptores, y es saludable. Aunado a ese concepto, me parece alucinante como vehículo para rastrear la huella del deseo humano”.

Y para los que quieren sumarle la investigación empírica al argumento conceptual, están las páginas y gráficos del informe de PornHub que, como rezaba el eslogan de la clásica Playboy, ahora ya no es sólo para ver, sino también una lectura entretenida.