Cerebro y memoria

Por Revista Veintitres

LECTORES@VEINTITRES.COM

Olvidos y recuerdos ¦

Cómo recuperamos la información. Por qué es más fácil grabar los datos desconocidos que los ya conocidos. El “peaje” emocional y la memoria subjetiva. 

Por Ignacio Brusco*

La memoria, al elegir lo que conserva y lo que desecha, no sabe de casualidades.
Osvaldo Soriano

Memoria es tiempo. Pero ¿cómo definir a la memoria? En el ámbito de la ciencia se la describe con frecuencia como la capacidad cerebral de recuperación de la información que albergan las neuronas. Hoy sabemos que esa recuperación puede ser inconsciente; así sucede en las instancias emocionales fuertes o durante la rememorización de las actividades motoras (como se produce por ejemplo cuando aprendemos a manejar).Existen, entonces, diferentes formas de memoria. Para ser más específicos, se la podría dividir bajo tres categorías diferentes.

La primera categoría es a la que se suele hacer referencia en lo cotidiano cuando se habla de memoria, que en la neurociencia es la denominada memoria declarativa. Esta es la que opera con datos concretos (por ejemplo qué comí ayer o qué día es hoy) y a la cual cualquier persona no especialista en el tema definiría como memoria a secas.

Aparte de la declarativa, existen otras dos memorias de carácter inconsciente que se expresan en lo que sentimos, en nuestros actos o en la toma de decisiones que hacemos en cada momento. Una de ellas es la memoria emocional. A la memoria emocional la podemos reconocer, por ejemplo, cuando, luego de un evento de estrés grave (como quedarnos encerrados en un ascensor), nos encontramos ante una experiencia similar con una situación de ansiedad y angustia sin motivo en el presente, pero que aun así descarga un relámpago simpático de estrés sobre nuestro cuerpo, semejante a un ataque de pánico. Esta respuesta de memoria emocional está mediada por una estructura cerebral llamada amígdala, que en griego significa “almendra”; es un conjunto de neuronas que se encuentra en nuestro cerebro dentro del lóbulo temporal.

La tercera categoría de memoria que podemos destacar es la de procedimiento o memoria procedural, que se expresa a través de los actos motores simples y complejos llamados “praxias” y que son trabajados por otras estructuras del encéfalo como el cerebelo. Esta memoria contiene los procedimientos que se aprenden de forma inconsciente. Por ejemplo, al jugar repetidas veces al fútbol o al ajedrez notamos cierta mejoría en la destreza de los movimientos. Esto es causado por la memoria inconsciente. Son, por eso, instancias motoras de nuestro cuerpo pero también de nuestro pensamiento.

Pero estas tres memorias no están aisladas: necesitamos un contexto emocional para recordar. Son muchas más las cosas que olvidamos o que en verdad nunca grabamos en nuestra mente. Vale la pena recordar a Funes, el memorioso personaje del cuento de Borges que recordaba todo con detalles precisos. En verdad nosotros sólo recordamos las instancias novedosas a las cuales asignamos contexto emocional, tanto positivo como negativo. Es así que no recordamos todo lo vivido sino aquello a lo que, en otras palabras, le pagamos el suficiente peaje emocional para recordar. Fue el filósofo Edmund Husserl quien dijo que la memoria trabaja en forma subjetiva, es decir, recordamos algo parecido a lo que nos sucedió pero no exactamente igual.

En un actual estudio de la Universidad de Pittsburgh se demuestra que grabamos mucho mejor la información cuando es novedosa. Contrariamente, se incorpora menos cuando tratamos de grabar algo conocido. En este recuerdo consciente trabaja otra parte de nuestro cerebro que se llama hipocampo (porque tiene forma de caballito de mar), que es una parte esencial de nuestro cerebro para incorporar nuevas memorias. Esta zona disminuye de tamaño con la edad y mucho más en cerebros envejecidos, tal como es el caso de las personas con Alzheimer, que no pueden incorporar nuevas memorias. Hoy sabemos además que las células del hipocampo se reproducen en los primeros tres años de vida, lo cual explica que hasta esa edad no recordemos casi nada (aunque no significa esto que no haya influido lo social y lo ambiental en la conformación de nuestra personalidad).

Lo cierto es que la memoria es más un proceso del olvido que del recuerdo. La memoria es la base donde se asienta nuestra formación y cultura, que es lo que nos queda cuando olvidamos la mayoría de las cosas. 


*Neurólogo. Doctor en medicina y doctor en Filosofía. Investigador del Conicet