Porno en la mano

Por Leandro Filozof

LECTORES@VEINTITRES.COM

Snapchat, el paraíso de los videos a pedido ¦

Cómo la aplicación de mensajes que se borran fue copada por la industria XXX. Opinan directores y actrices locales.

Por Leandro Filozof

Esta imagen se autodestruirá en 3, 2, 1… Con esa simple e innovadora premisa, Snapchat, la aplicación para celular, consiguió entre 100 y 200 millones de usuarios y se posicionó como la tercera más popular entre adolescentes, justo detrás de Facebook e Instagram. Son, según Photoworld, 8.796 fotos por segundo las que se comparten y eso no es todo, ya que también pueden compartirse videos y se pueden tener chats privados.Si bien la premisa de la empresa era salir del estándar de belleza y perfección y crear un “espacio para ser divertido, honesto o cualquier cosa que sientas en el momento de sacar una instantánea”, el mercado de la pornografía, que siempre parece estar a la vanguardia de la tecnología e incluso a veces la impulsa, lo adoptó como una nueva herramienta.

En un principio, se hizo famosa por la posibilidad de mandar fotos hot, pero no es lo que querían los fundadores –asegura Ariel “Gauyo” Tiferes, editor en Canchallena y fanático de las nuevas tecnologías–. Una de las características es que te obliga a que lo que tomes sea en tiempo real, eso lo hace más natural. Es cerrada, como Instagram: no te podés llevar tráfico, todo lo que generés es para ahí y si alguien hace una captura, te avisa. Los adolescentes la usan y aunque no está muy generalizada, está claro qué es lo que viene: celebridades de Snapchat y demás”. Cuando la aplicación se hizo conocida por el sexting –envío de mensajes y fotos “calientes”–, el cofundador de la aplicación, Evan Spiegel (que rechazó una oferta de 3 mil millones de dólares de Mark Zuckerberg), enfatizó que su idea no tenía que ver con las fotos de desnudos. La empresa borra las cuentas que prometen fotos eróticas. Pero el sistema es ideal para aquellos que quieren que nadie rastree su prontuario de actividades. Y encima, se le agregó Snapcash, un medio sencillo para enviar dinero a otro usuario.

Bridget Grey, actriz porno de 21 años, contó a la CNN que gana hasta 60 dólares por hora haciendo striptease en webcams en línea, y después de apagar la computadora sigue facturando con Snapchat. La suscripción para hablar con ella, en varias aplicaciones, ronda los 40 dólares. A su vez, con una búsqueda rápida en foros de internet –ya que no pueden publicitarse dentro de la aplicación– se pueden encontrar los nombres de las personas a seguir para tener la dosis diaria de pornografía por entre 5 y 10 dólares, según se trate de fotos, videos o lap dance (baile personal “en la falda”). Ellas o ellos, suben diariamente fotos al storyline (que permanecen por 24 horas y cualquier seguidor puede ver) para tentar a las distintas billeteras virtuales. Y como es ilegal pagar por estas imágenes en la aplicación, los usuarios tienen cuentas en PayPal para realizar las transferencias. Según un estudio de Juniper Research, los servicios de videochats y la suscripción a pornografía en celulares alcanzarían los 2.800 millones de dólares de ingresos este año.

Para César Jones, director porno local, la pornografía “muchas veces es la punta de lanza de la tecnología. El porno tiene que ver con el ansia de encontrarse en el tiempo presente y lo más rápido posible con el deseo que capta en el público, entonces cada instancia tecnológica que se le presenta la piensa inmediata y febrilmente en pos de ese objetivo. Hasta el más retardatorio finalmente usa las nuevas tecnologías, o se lo comen. Yo tomé sus posibilidades con alegría, incluso en las formas de comercialización, antes el DVD era mi principal fuente de sustento. Internet me salvó la vida financieramente: lo que me permite vivir son los ingresos de sitios “pay per view” u “On demand” donde están mis contenidos. Y la hipercompartimentación a la que nos acostumbró Internet es algo que disfruto mucho. Esas nuevas formas de relato se colaron en mis películas”.

Gloria Parque, actriz porno, cuenta que comenzó “haciendo webcam, así que lo de Snapchat es algo que haría. A través de la webcam me solté bastante y no tengo ningún inconveniente: soy actriz. Como estaba difícil, probé la webcam por tres meses y lo dejé porque era como ir a la oficina. Entré al porno porque con mi pareja hicimos intercambios, nos filmamos y era cumplir otra fantasía… Supongo que uno de los principales motivos para el éxito de una aplicación así es que no deja huellas: en Internet te podés olvidar de borrar el historial y que tu novia o señora encuentre cosas que no querés”.

La pornografía siempre estuvo de la mano con –o llevó de la mano a– la tecnología. Un argentino, que prefiere permanecer anónimo, cuenta que empezó hace ocho años a subir videos, que primero compraba y después producía, en distintos sitios. “De los ocho que tenía, dos funcionaron bien. Hay que tener en cuenta que producir cada escena cuesta mil dólares, y para armar un sitio hay que tenerlo con unas 10 o 12 escenas”. Afirma, además que los sitios que funcionan son de fetiches –rusas en jean, polleritas–. Hace seis años le reportaban 10 mil dólares de ganancia, cobrando 30 de membrecía. Hoy sigue viviendo de eso, aunque ya no produzca nuevo contenido.

Lo dicho: mientras nuevas formas de tecnología aparecen, la pornografía encuentra la forma de adaptarse o moldearlas. Lo hizo con el VHS, los DVDs y CDs interactivos y, sin dudas, con Internet. Ahora les llegó el turno a los celulares inteligentes.