La conducta moral

Por Revista Veintitres

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Cerebro y ética ¦

¿Hay una forma correcta de actuar? La respuesta de la neurociencia sobre acciones innatas y aprendidas. 

Por Ignacio Brusco*

La ética es una rama de la filosofía que estudia la conducta humana a partir del ordenamiento moral de los seres humanos. Ya a partir de los primeros pensadores encontramos textos dedicados a la ética, desde Platón, pasando por Aristóteles hasta llegar a Kant. Actualmente se desarrolla también su estudio desde el punto de vista de la conciencia humana, siendo una rama de la filosofía moral que no puede dejar de lado el conocimiento científico sobre el cerebro y su función con respecto a las conductas morales. Esta rama se llama ética experimental. La pregunta fundamental es si existen en nuestros programas instintivos principios universales que, como Kant plantea, estén fundados en la razón y estipulen una forma correcta de actuar para todos los humanos. Ha surgido entonces todo un grupo de modalidades de la neurociencia que investiga tanto las implicancias neurológicas de la conducta moral como las características innatas genéticas, las aprendidas y las influidas externamente.

La expresión de los genes podría ser un comienzo para pensar en conductas innatas modificadas por procesos biológicos del ambiente, dando como resultado un ser con conductas básicas controladas por el orden normativo socio-cultural que opera sobre la conducta. Habría tres diferentes factores que influirían en la conducta moral: la preforma conductual, los factores individuales biológicos y psicológicos y los factores socioculturales. Podríamos decir que nuestra conducta final es una toma de decisión contingente con cuatro vectores: la razón y la emoción por un lado y la motivación y la inhibición por el otro, concluyendo que el punto final será la toma de decisión de nuestra conducta. Se debe ser cuidadoso para no caer en un reduccionismo y así generar ideas inadecuadas sobre zonas específicas. Sin embargo, existen zonas claramente relacionadas con funciones que intervienen en la ética, como por ejemplo la zona orbitaria y ventromedial de la corteza prefrontal y el núcleo regulador de la emoción y empatía llamado amígdala. Si bien es cierto que existen zonas muy específicas para estas funciones, no podemos olvidar que el cerebro funciona en red.

Existen sustancias como la serotonina que nos hacen más sensibles hacia los demás. Molly Crockett, de la Universidad de Cambridge, observó una conducta de mayor solidaridad cuando se utilizan antidepresivos que aumentan esta sustancia, al igual que sucede con la hormona oxitocina. Esto conlleva no obstante el riesgo de que se intente modificar las conducta de los hombres en forma fática. Otro punto de interés es cómo en el trastorno de personalidad antisocial las personas pierden empatía: así se observa en un trabajo de Jean Decety de la Universidad de Chicago, donde describe la disminución de emoción social de estas personas en las que se aprecia una alteración en su función prefrontal. Lo mismo ocurre en pacientes con esquizofrenia o en la demencia frontal, pues han perdido el control inhibitorio de su conducta instintiva. Por otro lado, Kant también plantea que la forma idónea de actuar moralmente es como si nuestra conducta se convirtiera en una norma universal, adelantándose a los principios de neuronas en espejos, las que nos hacen sentir empáticamente lo que siente el otro en forma inconsciente. Tal vez esto falte en personas que actúan antisocialmente, no pudiendo entender al otro como a sí mismo, dado que no poseen ningún mecanismo neuronal especular empático.

Puede considerarse entonces que existen intuiciones conceptuales éticas preconcebidas (genotipo) pero influidas por cuestiones biológicas posteriores y fundamentalmente por normativas socio-culturales, creando una diferencia entre el ser y el deber ser según las normas morales de cada sociedad. No siempre una u otra elección nos llevarán a buen puerto, tratándose de decisiones complejas ligadas a nuestra subjetividad. La neurociencia cognitiva no tiene respuestas definitivas.

*Neurólogo. Doctor en Medicina y 
doctor en Filosofía