Cuentos de hadas animados pornográficos
Estimados libertinos: el año se termina y no fue de los mejores que ha tenido que pasar la Argentina, ni el mundo, para qué andarnos con chiquitas. Hemos tenido crisis, devaluación, inflación, quejas, angustias y un largo etcétera. En esta columna hemos hablado de cosas bastante serias, porque a veces toca -abusos sexuales, posiciones respecto del aborto, legalización de la pornografía, más largo etcétera. Y hemos hablado también de cosas más placenteras (el sexo, en general, es de lo más placentero que tiene la condición humana). Pero dado que ya la próxima semana será 2019 (gracias a Dios, o a quien quiera agradecer), terminemos el año recomendando calurosa y calenturientamente una película.
Veamos: se trata de una película animada, o casi ciento por ciento animada, de 1976 llamada Once upon a girl... La dirigieron Don Jurwich y Jack Conrad (Conrad en realidad se ocupó de las partes con actores, que en realidad no son porno) y tuvo incluso alguna salidita en video en Argentina en la época gloriosa del VHS como "Había una vez una Cenicienta". Sí, es un dibujo animado pornográfico, aunque siempre nos preguntamos de qué hablamos cuando tratamos de "pornográfico" algo que no es un registro directo de la realidad, como un cuento o un dibujo animado. Hace poco dijimos algo respecto de Japón con este tema: para los nipones, se puede dibujar cualquier cosa, incluso lo que es ilegal en registro en vivo. Este escriba tiende a pensar eso pero a veces duda. Por suerte, Once... no tiene demasiadas cosas "risqué" como para que tengamos que ponernos a dudar. Algunas sí, claro, pero eso tiene mucho más que ver con la época que con otra cosa: no deberíamos juzgar una obra con los parámetros morales, estéticos o éticos de otra. OK, quieren diversión y esto se está poniendo muy serio. Vamos a lo cachondo.
En cierto sentido, se trata de una película mucho más satírica o paródica que auténticamente pornográfica
La película cuenta un juicio por obscenidad contra Mamá Ganso, el personaje de los libros de cuentos de hadas anglosajones. El problema: la señora quiere contar los cuentos tal cual fueron, no en las versiones expurgadas y convertidas que conocemos. Parece que suceden en un mundo donde todo -pero todo todo- vive en estado de excitación sexual constante. Y eso es demasiado peligroso. Lo que sucede en la película es que Mamá Ganso narra tres de esos cuentos tal cual sucedieron, y al final el asunto surte el efecto esperado: toda la corte se desenfrena en una inmoderada orgía (claro que solo vemos cómo comienza: franeleos vertiginosos y ningún desnudo: los actores "de acción en vivo" no son porno).
La estrategia es exactamente la misma que la de la versión de Vincente Minelli de Madame Bovary (1949). En esa película, el escritor Gustave Flaubert cuenta en un juicio por obscenidad la novela, pero cambiando sustancialmente el carácter de los protagonistas para exculpar a Emma de ser una "mujer perdida". Bueno, Once... es una especie de parodia de esa película, y se nota realizada por personas que algo de cine sabían. En realidad, todo está articulado alrededor de tres secuencias humorísticas en dibujos animados. La primera narra el cuento de Jack y las habichuelas; la segunda, la de Cenicienta; y la tercera, una rara Caperucita Roja que hoy sería básicamente irrealizable. Pero vamos uno por uno.
En Jack..., el protagonista es un adolescente bastante tonto y mucho más calenturiento que vende la vaca, tras ser excitado por un gnomo vendedor de postales pornográficas, a cambio de habichuelas y sexo salvaje con una gitana. Las habichuelas se convierten en la planta gigante con ramas peneanas, y Jack es descubierto por la mujer del gigante, que lo utiliza como una especie de consolador humano... hasta que el gigante llega y el jovencito debe esconderse en el sexo de la señora. Claro que el gigante quiere lo suyo, y el pobre Jack -en una secuencia bastante cómica a pesar de la animación sencillísima- es golpeado repetidamente por el sexo gigante. Pero todo tiene final feliz con los monstruos teniendo instantáneamente un más o menos inconsciente Pulgarcito. Lo mejor y más creativo, además, es la mesa del señor gigante llena de cosas que encuentran la manera de ser orgiásticas (las dos velas que se transforman en cuerpos sin cabeza son un punto altísimo de creatividad gráfica).
En Cenicienta, lo que hay que probar no es el zapatito de cristal sino si el sexo del príncipe cabe con galanura y a la manera de un amoroso guante en el de la joven que debió abandonar el castillo antes de dar siquiera su nombre. El diseño de madrastra y hermanastras es de una fealdad realista bastante interesante, pocas veces visto en la animación.
Y Caperucita llega a casa de la Abuela después de un paseo donde tiene relaciones con cazadores, leñadores y otros señores grandes y deseosos. Ese cuento, que además reúne elementos de otros, termina en una orgía bastante interesante, con algunos dibujos que también se convierten -suponemos que inadvertidamente, que nadie lo pensó así- en una joyita del surrealismo.
Lo de Caperucita es un poco políticamente incorrecto, porque la chica cae en esas "seducciones" por andar ligera de ropas, algo que hoy -aunque la intención es satírica- no puede pensarse de ningún modo, ni siquiera en el porno mainstream. Si la animación es precaria -usamos mucho el término, es cierto- es porque siempre fue algo carísimo. Pero para el caso funciona bien, especialmente si se tiene en cuenta que no existían en 1976 las herramientas digitales que hoy facilitan bastante el asunto. Comparada con mucha de la animación para TV de esos tiempos, sobre todo la más industrial, no resulta tan espantosa, y con muy pocos recursos logra -aunque tiene diseños un poco feos a veces- momentos de humor desatado que el resto del género no tenía desde la era dorada del cartoon. Superados esos asuntos, es una película bastante cómica y divertida, como para terminar el año con una sonrisa horizontal o vertical.