"El lector juvenil cree en respuestas; el adulto ya no más"
Andrea del Fuego escribió esta novela donde su protagonista es una pediatra diferente a lo establecido. La escritora nació en San Pablo, estudió filosofía; fue productora de cine y trabajo en televisión. Es autora también de libros infantiles.
Cecilia es una pediatra, sin espíritu maternal; tiene poco aprecio a los chicos y su paciencia con las madres y los padres es casi nula. La medicina fue un camino natural para ella: siguió los pasos de su padre; una eminencia. Tiene una vida estable; esta casada y cómoda; pero tiene siente un vacío. Desea escapar de su rutina y su soledad. El encuentro casual con un hombre parece dárselo. Atendió tras el nacimiento. Este nene es el que despertará sentimientos; y una conexión; nunca antes experimentados por ella.
—¿Cómo surgió la historia de La pediatra?
—La idea cayó como un rayo durante una caminata. Una pediatra a la que no le gustan los niños. En seguida me di cuenta de que no tendría problemas con la trama, era tan solo cuestión de ubicar a la pediatra en su lugar de trabajo y surgirían el conflicto, los desafíos y los enfrentamientos. La primera idea fue hacer cada capítulo como una consulta. En cada capítulo, habría una familia distinta frente a esta pediatra ansiosa. Pero al comenzar a escribir, Cecilia ya circulaba por un camino nocturno en busca de un terreno en el litoral. Mi segunda cuestión fue el lenguaje, ¿cómo escribir sobre esta mujer?. Pensé en mi lugar de enunciación: escribir sobre un personaje como si ella no supiera que estoy allí. Todo el tiempo capturando por sorpresa sus pensamientos y que el personaje no sufriera ninguna censura por parte de la escritora. Un rico y delicioso ejercicio de escritura.
—¿Cómo definís a Cecilia?
—Una médica enferma, con la edad emocional de una niña de cinco años. Pero nada de eso la redime, ella goza de privilegios sociales y de clase en los que la niña de cinco años tiene la certeza de que nunca la han sacado de su propio escenario. Cecilia no rompe el pacto social, ella no mata a nadie, ni siquiera denuncia a su competidor en relación con el parto domiciliario. Ella sabe que, si abre la boca, parte de su privacidad desaparecerá, la privacidad de ser ambigua y cruel.
—¿Puede decirse quesu vida gira alrededor de los personajes masculinos?
—Para ser sincera, Cecilia es ella misma un hombre. Es competitiva, territorial y goza de autonomía financiera, sexual y moral. Rechaza todo trabajo que no le dé poder, como el de su madre enfermera, por ejemplo.
—¿Cuál es su mirada de la medicina?
—Creo en la medicina como arte, como poética incluso.Creo en las enfermedades como el lenguaje más contundente del cuerpo. En la relación médico y paciente como un intercambio y coautoría de la cura. En el libro, la medicina es una ciencia que trata independientemente de la posición del médico, los protocolos funcionan y es por eso también que hemos llegado hasta aquí. Además del protocolo, creo en la creación en la medicina.
—Cuando le hace la cesárea a la mujer de su amante piensa en hacer cosas poco éticas, por decirlo de alguna manera, pero no así con los niños. ¿Por qué?
—Porque repele todo lo que es propio de la mujer. Ella es machista, las mujeres solo tienen algún valor si tienen poder, como ser jueza o ser médica, al menos en Brasil.
—¿Te gustaría que la lean los médicos?
—Me encantaría. En Brasil, muchos médicos me buscan después de leer la novela, muchos pediatras. Una gran parte aprueba la conducta médica de Cecilia, que cumple con los protocolos y deriva casos más graves a los especialistas, en lugar de tratar de resolverlos y causar mayor daño, por ejemplo. También para quitar el aura de santo que tienen los médicos, como si ellos fueran dioses con pensamientos edificantes desde la mañana a la noche. Es muy interesante.
—¿Qué te gustaría que encuentre el lector?
—El placer de la lectura.
—¿Cuál es la diferencia entre el lector niño y el adulto?
—El lector juvenil cree en respuestas; el adulto ya no más.
—¿Cuánto hay de la guionista y de la filosofía en tus novelas?
—Estoy trabajando en el desarrollo de una serie, pero no soy guionista, es una experiencia (increíble). Me gradué en Filosofía; cursé en dos facultades de Filosofía, en la PUC (Pontificia Universidad Católica) y en la USP (Universidad de San Pablo), donde también hice una maestría. La Filosofía es una gran puerta para la audacia. La audacia de pensar sin límites. La escritura literaria también hace esa misma invitación: alargar lo que se piensa, o mejor, no ser fiel a lo que se piensa tan solo como un ejercicio de ir más allá y conocer las posibilidades de la razón y de la imaginación.
—¿Cuándo supiste que querías ser escritora?
—Desde que aprendí a escribir. Tuve el placer de aprender a escribir muy temprano, porque con la escritura descubrí una casa del tamaño de un palacio. Me encantaba quedarme conmigo misma para escribir. Publico desde hace veinte años, pero escribo desde hace más de cuarenta.