"En la pandemia, todos nos volvimos películas para los demás"
La escritora chilena María José Navia estuvo en Buenos Aires para presentar su libro "Todo lo que aprendimos en las películas"
"A veces guardo títulos, este era uno que tenía en la cabeza. Me puse a escribir el primer cuento, no tenía un plan, sino que empecé a escribir, cuando termine el primero seguí en orden, soy como ordenadita y cuando ya llevaba tres o cuatro me fui dando cuenta de que habían imágenes que se repetían, la oscuridad, los ojos, la casa. Y entonces ahí vi algunas referencias a películas. Lo escribí en pandemia y una de las cosas era que no se podía hacer era ir al cine. Voy al cine todas las semanas, me faltaba una partecita de mi día y vi muchas películas en casa durante el confinamiento. De alguna manera, era mi homenaje al ritual de ir al cine y a la presencia de las películas, pero cotidianamente no quería un libro erudito de 100.000 citas, sino eso, que fueran parte de la biografía de los protagonistas, la escena que se les quedó pegada, la oración, la imagen, y que estuviera como sobrevolándolos como otro personaje más", dice a la escritora chilena María José Navia durante su visita a Buenos Aires para presentar su libro "Todo lo que aprendimos en las películas".
—¿Qué significa el cine en tu vida? —Forma parte de mi biografía, hay hitos marcados por ciertas películas. Siempre estoy viendo películas, siempre estoy leyendo. Creo que para mí escribir es una forma de seguir leyendo y seguir en conversación con esos referentes que me han hecho la escritora que soy. También creo que las películas me han enseñado a mirar. Quería hacer un homenaje explícito es mi película favorita que es Lost in Translation escrita y dirigida por Sofia Coppola. Es una historia donde tenemos esto que yo llamo los vínculos del casi, que era algo que me interesó. Sí quería ir ajustando en el libro estas relaciones que no son de pareja o de madre o de padre, sino casi madre, casi padre, como en las cercanías de su vínculo. Creo que esa película me enseñó a mirar con los gestos sutiles, las cosas más pequeñas.
—¿Qué cuentos te gustan escribir? —Los que no terminan en sí mismos, que a veces nos enteramos del final de uno de los personajes en un cuento más adelante, entonces se necesita leer el libro completo. Hay un extra en leer el libro completo versus leer un cuento solo. Se van enganchando unos con otros, hay ecos, van conversando. Son cuentos y me encanta, y es lo que más me gusta escribir. Se me rompe más el corazón es cuando dicen que es una casi novela y es como, no, tampoco a mí me gusta que sea una colección de cuentos conectados, no una casi novela. Cuando tengo el cuento lo leo en voz alta y lo grabo en el teléfono. Lo voy escuchando caminando por la calle, lavando los platos, lo que haya que hacer y así me voy dando cuenta de las oraciones, si están hay partes en las que me aburro. Ese tipo de trabajo que es muy minucioso y que a mí me gusta hacer con la novela cuesta más. Ahora estoy terminando una novela y lo más difícil ha sido cambiar de método, porque yo no puedo estar grabando 300 páginas y escuchándolas cada vez.
—¿Qué te gustaría que el lector encuentre? —Un cuento favorito. Un cuento les guste mucho. Soy simple para esas. Es que como en términos de música, por decirte, yo siempre he pensado en general con todos mis libros, pero con este también bastante como que alguna de mis cuentos sea como la canción, ser la canción favorita de alguien. No sé, yo no voy a ser, y no es mi ambición tampoco, ser Mozart o ser un gran compositor de música clásica. Quiero ser como esa cancioncita pop que es la canción favorita de alguien a la que siempre vuelve cuando necesita algo.
—¿Los temas como fueron apareciendo? —Cuando escribo tengo una antenita y va capturando cosas que están a su alrededor y que están en la vida misma. El primer cuento es muy autobiográfico. Tuve ese problema en los ojos. En 2019 me operaron como 15 veces, esa parte es exacta, no estaba ese padre. De repente que te digan, te puedes quedar ciega, entonces yo estaba muy asustada. Después es ficción. Quería escribir sobre mujeres que se les es difícil concebir, muchas amigas que estaban pasando por procedimientos, tratamientos y con el desgaste que conlleva emocional, de pareja, económico, algunas les estuvo final feliz, otras no. Entonces yo pensaba, quiero escribir de eso. También explorar sobre quienes nunca ser madre y también los abortos espontáneos de los que muchas veces las mujeres no hablan.
—¿Los cuentos los pensás cinematográficamente? —No nada. Son dos cosas separadas. Creo que ver películas me enseña a mirar y como las absorbo me ayudan a contar historias. Creo que ya están en mi ADN, pero no me los imagino en el cine. O sea, si Sofía Coppola, me dice quiero hacer la película de tu libro, me puedo morir tranquila, no necesito ningún premio.
—¿Cuál es la diferencia que ves entre el cine y la literatura? —En verdad yo no lo separo tanto, lo que pasa es que en la literatura también está en el cine, pero la literatura está más puro y más concentrado que es ese trabajo con el lenguaje verbal.
—¿Es un libro pandémico? —La pandemia fue un momento en que todos nos volvimos películas para los demás, mucha reunión por zoom. Mis clases eran una película para mis alumnos, quedaban grabadas y los estudiantes después veían. Sí, fuimos todos películas. Todos nos convertimos en pantallitas para los demás por un tiempo largo. Así que sí, es mi libro pandémico, como que ya no lo puedo negar porque lo veo por todas partes ahora.