"Es un thriller que coquetea con lo distópico y que, a su vez, tiene mucha realidad"

El escritor y  realizador audiovisual  Mariano Ludueña publicó su novela policial Nuestra señora de las Navidades. Una historia tumbera con destellos distópicos.

mripetta

—¿Cómo surgió la historia?  

—Comencé a desarrollar la idea a partir del título, Nuestra Señora de las Navidades, un penal de máxima seguridad donde van a parar los condenados a muerte. Se trata de una novela policial ambientada en una Argentina que recorre la línea de tiempo 2020 al 2030 donde todo parece haberse ido todo al demonio. Es un thriller que coquetea con lo distópico y que, a su vez, tiene mucha realidad. La trama se centra en un Gran Buenos violento, corrupto, hacinado, cansado y sin presencia del Estado ni nada que contenga a pibes como Rafa, el protagonista de esta historia. Es mi manera de retratar las amistades fallidas, la lealtad, la traición y los barrocos vericuetos de la mafia carcelaria y política. Rafa padece una infancia atroz y desamorada, en un lugar donde el futuro más promisorio es un arma y una moto. Ya no hay escolaridad, ni entramado social que pueda sostener tanto abandono. Rafa delinque desde y por la traición de su amigo, termina sus días en el penal Nuestra Señora de las Navidades. La banda criminal de Cacho se transforma en su familia, Marcos, su amigo y hermano de la vida, en un traidor, y Cacho en el padre que nunca tuvo. Son asesinos, criminales, tipos pesados, y aman y odian como humanos.  

—¿Por qué la ubicaste en el 2026 con el Bicampeonato?

 

—El equipo que ganó el campeonato del Mundo en 2022, liderados por nuestro capitán, Leonel Messi, me cambió la vida, mi manera de sentirla, de verla, de creer y de transitarla. Volví a creer en lo lindo de la vida, en los desafíos, a sobrellevar las derrotas o caídas, a trazarme objetivos y cumplirlos. Me sentí orgulloso de los valores y la sangre fría que manejan esos muchachos y yo soy de ellos, es la Argentina que me representa. Yo, tuve la suerte histórica, fui campeón del mundo tres veces, en el 78, y en el 86, con el Diego en la Plaza de Mayo con la copa, pero esta es la primera vez que cada día que me levanto, me digo: soy campeón del mundo, y sonrió y les agradezco. Soy del equipo campeón del mundo, me siento campeón del mundo, tengo esa motivación, y quería dejar algo de todo ese amor que siento por esos héroes, plasmado en un párrafo perdido de mi escritura, tal vez, el deseo de todos. El Bicampeonato.

 

 

— ¿Por qué elegiste esos márgenes temporales para tu novela?  

—La línea de tiempo transcurre entre los 2020 y 2030, en una Argentina colapsada y de rodillas, donde dos gobiernos sucesivos neoliberales fascistas decapitan al país. Sucede lo que ellos venían a cambiar. La Argentina que planteo cruje como una canoa vieja: inseguridad, hiperinflación, pobreza, falta de trabajo, corridas bancarias, crisis política, social y sanitaria. Arden los cerros y los bosques. Todo es controlado por la inteligencia artificial, cuyo algoritmo sabe más de nosotros que nosotros mismos. Los índices de desocupación, pobreza y violencia se multiplican, la vida vale menos que una milanesa, en un país atragantado. Los políticos juegan con la desesperación y para calmar a los que piden sangre, se baja la edad de inimputabilidad a los catorce años y luego se instaura la pena de muerte. Argentina retrocede en cuatro patas. Los penales explotan de hacinamiento y violencia, y alguien sugiere que, creando una nueva red de cárceles, se podrá controlar la situación. Se equivocan, tendrían que haber construido escuelas, o rearmar el entramado social del AMBA, ya inexistente. Los pibes no quieren ser futbolistas, youtubers, raperos o empresarios, quieren ser bandidos, narcos o jefes mafiosos.  

—Sumaste también los problemas del calentamiento global y la baja del río. ¿Por algo en especial?  

—Los problemas ambientales son algo urgente, quien ignora esa problemática o la cajonea está en un error de vida. El ser humano debe comprender e intervenir modificando hábitos y comprometiéndose personalmente porque el planeta está al límite y las consecuencias del cambio climático ya son tangibles, las estamos viendo. En este futuro distópico la problemática climática y su impacto son lapidarios; se habla de colapso y cortes de energía en ciudades enteras, temperaturas de 56 grados, trimestres sin lluvias, bajantes históricas de ríos, cosechas perdidas, incendios en cerros y en campos, escenarios no muy lejanos si no nos ocupamos de forma urgente. La concientización comienza por el micro cambio, desde uno mismo y de ahí se traslada al macro, creo. Así lo interpreto yo.  

—¿Por qué el título, Nuestra Señora de las Navidades?  

—El título es la idea madre, es de donde surgió la historia. En el libro dice así: "El complejo penitenciario federal N.º2, Nuestra Señora de las Navidades, es una prisión latinoamericana de manual: sucia, superpoblada, violenta. Sabe a desdicha y es el último lugar entre lo peor. En la "Navidad", como se la llama coloquialmente, los internos sobreviven para escapar o para morir intentándolo. Pasar lo que queda de vida allí es peor que la misma muerte. El existir no vale la pena. El miedo acecha sigiloso, invisible, tras un barullo incesante e infernal que impregna los días de mil horas. La leyenda dice que en la noche se escuchan quejidos inexplicables, lamentos paranormales que, según una creencia tumbera, son el llanto de las ánimas de quienes murieron en su afán por ser libres y que, por algún extraño designio, no lograron que la reja los suelte. Su inauguración fue en la Nochebuena de 2001, durante la caída del gobierno de la Alianza mientras el país caía en un infernal caos que fue el presagio de lo que sucedería varias décadas después. El penal siguió en su sitio, ganando inquilinos, hasta que, en 2027, cuando ganó el Balotaje el segundo presidente fascista-neoliberal, adquirió un rol central en el plan de gobierno. El ahora mandatario había ganado gracias a los machaques sobre las bondades de la pena de muerte y la dolarización de la economía. Fueron sus caballitos de batalla. Y, cuando asumió, se aprestó a cumplir…"  

—¿Cómo definís a Rafa?  

—Rafa es un pibe que crece entre la marginalidad de un estado ausente y el sin cuidado familiar, el futuro de un pibe así en la distopía que propongo, es un arma y una moto. Rafa se convierte en sicario de la banda de Cacho, el Rey del Conurbano, pero es un pibe amoroso, es muy humano, siente mucho, sufre mucho. Su trabajo es inhumano, pero sus valores son el amor a Yoli, su mujer, a su hijo, la amistad, su gente, y la traición de Marcos lo desarma, vuelve a sentir todos esos miedos primarios referidos al abandono y se convierte en un tipo duro, con una sola meta en la vida; escapar de ese presidio.  

—¿En qué género te sentís más cómodo?  

—Me muevo con libertad y autoridad en ambos estilos, tanto en el cuento como en la novela. También soy guionista de producciones audiovisuales así que mi estilo tiene una impronta cinematográfica. El cuento tiene una estructura similar a la novela, pero mas acotada, pero es una linda manera de narrar una historia. En la novela las cosas se ponen mas interesantes, hay que manejar el ritmo de la trama, darle un perfil psicológico a los personajes, justificar de alguna manera sus acciones, cada acción tiene consecuencias en la trama, no se pueden dejar cabos sueltos, es más complejo, pero no debe dejar de ser atrapante y sigilosa. La sorpresa y el humor son puertas que abren nuevas dimensiones en la escritura y trato de aplicarlos para que las historias sean mas reales, sin olvidar que escribo ficción.  

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre en esta novela?  

—Complicidad, ritmo, que contenga la respiración al pasar de página, que se lo devore, que lea una serie de Netflix, porque hay un estilo narrativo muy cinematográfico y porque la trama del libro es fuertísima, tremenda de a ratos, sin embargo, todo está teñido de humor, y una ironía grotesca y bizarra, a lo Esperando la Carroza, que despierta gracia y complicidad por la gran dosis de idiosincrasia: rasgos, temperamentos y el carácter distintivo y propio de una sociedad dominada por el miedo, el consumo y el monitoreo total del Estado a través de la inteligencia artificial. Vale aclarar que la historia transcurre en el Oeste de un Conurbano ficticio, o real, depende de la mirada del lector. Es el distrito electoral más grande del país, y el que muchas veces decide el rumbo de las elecciones. Lo que suceda en el Conurbano, tarde o temprano, va a replicar en las ciudades del interior. Es uno de los conglomerados humanos más grandes de Latinoamérica y en el relato es el termómetro de un país que naufraga. El Conurbano es el lugar de la Argentina donde más se nota la impunidad del poder o el accionar de las mafias con la anuencia del político, las fuerzas de seguridad o sus intendentes feudales. En el 2030 los niños no quieren ser futbolistas, cantantes, youtubers, o estudiantes; desean ser bandidos: tener una moto, una pistola y bolsos de dinero para comprar ropa deportiva de alta gama, armas o champagne berreta en las discotecas.

El Gran Buenos Aires es un mosaico distruptivo y generoso para escribir historias, por sus contrastes y contradicciones, por lo ilógico del capitalismo: barrios privados para millonarios, con seguridad, piscinas y ligustros al lado de un asentamiento multitudinario, sin servicios ni Estado, donde la violencia infunde respeto y el trabajador está visto como un pollerudo gobernado. Ese Conurbano es un retazo de la Latinoamérica que todavía no dio el salto cuántico y que todavía padece sus propios males. El Conurbano es el jardín que rodea a la Ciudad de Buenos Aires y al poder, y también es el que limpia, esconde o guarda su mierda.  

—¿Cuándo supiste que querías ser escritor?  

Creo que toda la vida, sin darme cuenta, me fui preparando para escribir. Escribo desde chico, aprendí de forma autodidacta. En primer grado ya sabía leer y escribir, era la pesadilla de la maestra. Aprendí leyendo, investigando, husmeando, escuchando conversaciones ajenas. Hice la carrera de periodismo y talleres literarios siempre impulsado por querer saberlo todo. Lo que me mueve es la curiosidad para inventar historias que suenen verdaderas. Escribir es un acto catártico y fisiológico: es parir, criar, llorar, reír, desear algo y alcanzarlo. Es hermoso y horrible. Escribir es estar solo, para estar acompañado. Escribo sobre marginalidad, pero en tono romántico o heroico. Hay personajes que son héroes, porque sobreviven y cumplen sus sueños. Es como ver flores en los tachos de basura, belleza en la desolación o en la soledad del que no se rinde.  

—¿Tenés rutina para escribir?  

Escribo todos los días, lo que sea, a la hora que sea, en donde sea. Mi momento de desahogo o gratificación personal, es escribir. Si no estoy sumergido en una historia, uso un borrador que se llama Poemario donde escribo poesía libre, microrrelatos, cuentos, crónicas y cosas así. De ahí surge la idea madre que luego desarrollo. Estoy conectado a la antena al ciento por ciento, los siete días de la semana. Las ideas están en el aire, hay que bajarlas: llevo anotaciones, me autoenviomensajes escritos o de voz, si estoy hablando con alguien que dice algo que me parece acertado, divertido o con vuelo, lo anoto, y lo mismo hago mientras miro series o cuando leo. Hago anotaciones y con eso me entretengo. Cuando una idea me toma la cabeza y decido desarrollarla, hablamos de un proceso que puede durar al menos, dos años, eso invertí en cada una de mis ultimas 3 novelas, publicadas en los últimos 5 años.

 

 

—¿Qué significa la literatura para vos?

 

—La literatura me dio un oficio en el que siempre soy alumno. Convirtió mis despojos en textos. La literatura es la posteridad del que escribe, es un acto de justicia, un viaje al universo de los que queremos cambiar el mundo con palabras, ideas y preguntas. Escribir es de alguna forma, ser un inmortal.  

—¿Por qué elegiste el policial?  

Es un género acorde a donde quería ir, Un género donde no hay moral ni límites y que además contiene, le da forma y potencia a esta historia violenta, tierna y sin vuelta atrás. Siempre me interesó lo que dicen los que pierden, o no ganaron. Es medio border mi manera de narrar, pero en la novela llevo un mensaje y un tono que considero coloquiales, . El género policial maneja muy bien la tensión y aporta elementos de giro que hacen que la trama evolucione con precisión. Hay que generar interés, suspenso, tensión, hasta cierta devoción en el lector. Intento atrapar, que no me suelten. Que me amen, o me odien, da igual, pero que me lean.

 

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