“La ansiedad es una metáfora del mundo en el que vivimos”
Valeria Groisman publicó su novela sobre la ansiedad. Maca, su protagonista y una de las voces narradoras, es a su vez una voz desdoblada que busca y rebusca en su historia vital el detonante de su dolencia, los ataques de pánico que le impiden salir de su departamento.
"Hice un máster de escritura creativa en España y al momento de hacer la tesis se me ocurrió hablar de la hibridación entre ciencia y literatura. Investigar cómo una enfermedad mental, como por ejemplo la ansiedad, puede ser una metáfora de la manera en que producimos y consumimos discursos en la actualidad, una metáfora del mundo en el que vivimos”, explica Valeria Groisman, periodista y escritora.
—¿La historia es real? —Tuve un ataque de pánico, pero la historia es pura ficción. No soy Maca, no tiene nada que ver conmigo. A mí no me interesa escribir sobre mí misma, me aburre. Me encanta leer literatura del yo, pero me aburro de mí misma. Me resulta mucho más interesante, y tiene que ver con mi trabajo como periodista, escuchar a los otros. Tengo como una manía cuando estoy en un bar, me encanta escuchar las conversaciones, pensar qué vínculo tienen esas personas que están sentadas juntas, por qué están diciendo eso y poner a volar la imaginación. Por otro lado, me parece que si hablaba de la ansiedad en particular era como una historia muy cerrada, demasiado narcisista. Quería que Maca pudiese ser vos, yo, cualquiera. Tiene como un inicio autobiográfico en el sentido de que yo sí vivía en carne propia la ansiedad y el ataque de pánico, pero nada más.
—Tiene muchos datos...
—Toda la información que aparece sobre la ansiedad, los fenómenos que se describen, las noticias que aparecen en la novela, es todo real. Hay trabajos científicos citados, pero la historia es ficción total. —Hay muchos elementos actuales de la comunicación... —Hablamos de una manera muy distinta de la que muchas veces leemos en los libros. Cuando escribía Barullo pensaba si quería que este libro se mantenga en el tiempo. Si meto Tinder o si meto WhatsApp por ahí en diez años ya no existen... Pero, por otro lado, los libros y la ficción son textos de la época, uno no puede escapar a la época en la que vive y en la que escribe. —Los personajes de la novela están solos, ¿por qué?
—Al principio digo que en ese edificio hay un conjunto de soledades. Es una novela sobre la ansiedad, pero es más sobre la soledad. Me parece que actualmente vivimos muy solos. Aunque estemos con otros, estamos solos. Y, de hecho, nacemos solos, está tu madre ahí, pariendo, pero nacemos solos. Y lo que me parece como más impactante es que morimos solos. Hay momentos en la vida en que estamos solos sí o sí, aunque estemos acompañados, aunque haya gente alrededor. Me parecía interesante alentar esa idea de que, en definitiva, ante un ataque de pánico, estamos solos. Muchas veces, cuando hablamos del ataque de pánico, pensamos en un monstruo. Para mí es como un fantasma, porque es algo que uno siente. La ansiedad es una presencia que no está presente. —¿Por qué elegiste que los personajes secundarios tengan roles fundamentales? —Para la historia son secundarios, pero sus vidas no son secundarias. Digo, ellos tienen una vida tan importante como la de Maca. Ella es central, pero en un momento se desdibuja, sí. Yambién podrían ser entrales la vecina o el psicólogo. Todo depende de dónde quiere profundizar el lector o hacia dónde quiere ir. Por un lado está la historia de Maca, que la cuenta ella, y de alguna manera es un narrador poco fiable, porque cuando uno cuenta su historia no lo hace de manera lineal ni perfecta ni acabada, puede saltearse partes de su historia, puede tergiversar. Uno no cuenta siempre la verdad. Pero después tenemos un montón de personajes que también van aportando datos sobre Maca e incluso a veces la contradicen. Entonces, ahí está también lo lúdico, está el poder del lector. El poder de darle la interpretación que considera más fuerte o más potente. Siempre hay muchas versiones en una historia. Por ahí viene un poco de mi trabajo como periodista, siempre tratar de ver cómo mostrar las distintas versiones de una historia, las distintas miradas. Está la abuela, que también trata de aportar una mirada distinta sobre, tal vez sobre, la causa de la ansiedad de Maca. Y cuenta cosas que tal vez Maca no se animaría a contar. De alguna manera es como un rompecabezas que el lector termina de armar porque con todos, con los distintos personajes, uno empieza a armarse una Maca en la cabeza.
—Si bien ahora se habla más, ¿siguen existiendo prejuicios sobre la enfermedad mental? —No es muy común que alguien, digamos, le cuente a otra persona que tiene ansiedad, que tiene ataques de pánico, que atraviesa una depresión, que se siente en soledad o que padece ansiedad. Nos da mucha vergüenza hablar de la salud mental. No nos da nada de vergüenza decir nos duele la cadera, la espalda o la cabeza. Como si fuera la hermana menor de la salud, de la salud grande, con mayúsculas, que es la salud física. A veces me parece que falta un montón de recorrido hasta empezar a aceptar la salud mental como parte de la salud integral, del bienestar de una persona. —¿Por qué el título? —Barullo es la ansiedad, el ruido incesante, algo que no puedes frenar. El libro habla sobre eso. Se habla sobre ruido, todo el tiempo, y sobre cómo frenar el ruido mental. Me parece una palabra muy potente. El libro también habla de la soledad, de los vínculos entre las personas, todas emociones o situaciones universales. Por eso no está delimitado el lugar, así como tampoco el tiempo en el que pasa.