"La historia siempre se contó desde el punto de vista del hombre, desde las batallas, desde las guerras"
"A partir de un libro sobre la matanza de Tandil en 1872 comencé a investigar y vi un escenario propicio para una novela. Este hecho que es realmente poco conocido y todo lo que implicó porque pensemos que fue tremenda de casi 40 personas murieron. Eran extranjeros, mayormente españoles", relata la escritora marplatense Gabriela Exilart.
“En las haciendas de Tandil, la noche del 1º año de 1872, salió una banda de gauchos, de forajidos, de peones, manipulados por un curandero para matar extranjeros bajo la excusa de que se venía el fin del mundo. Al curandero que venía medio escapando de azul por el ejercicio ilegal de la medicina se le atribuye el crimen ideológico a él porque él no participó de esa cacería, de esa noche él no estaba. Después se descubre por medio de la investigación que hay otros intereses. Como que este hombre, Tata Dios, fue utilizado para generar esta matanza contra los extranjeros porque el poder criollo local veía el avance de los inmigrantes sobre sus tierras y que empezaban a tener un poderío económico y un poderío político. Entonces había que sacarlos de en medio”, agrega Exilart.
-¿Todo es real?
-El marco si. Azucena, la familia Caballero y Facundo Aguilar son personajes de ficción, que a mí me permiten inventar algo porque si no todo ya está hecho. Ellos son los personajes que se ven afectado son españoles y una de las estancias es atacada. El cuñado de Azucena llegaron a su estancia y lo mataron. Esta familia también es afectada por esa matanza con todas las consecuencias que se derivan. Queda una nena huérfana, se empiezan a descubrir secretos familiares de la mano de todo lo que va ocurriendo. Trato de mostrar más allá de la ficción es el reflejo de esa época, qué pasaba en el campo con los indios, con los extranjeros y con la sociedad local. Entonces la masacre a mí me permite contar todos esos hechos poco conocidos y además ficcionar las historias de amor y también contar el rol de la mujer, una mujer como Azucena que se hace cargo finalmente de todo.
-¿Podía existir en esa época?
-Mujeres así siempre existieron, que no han sido demasiado contadas. La historia siempre se contó desde el punto de vista del hombre, desde las batallas, desde las guerras. Pero la mujer en la que quedaba, cuando el hombre se iba en las batallas en las guerras. Las mujeres quedaban a cargo de las estaciones, de los hijos, de y las familias. Creo que existieron mujeres así que no han trascendido. Ella se encuentra con que tiene que hacerse cargo de una nena, que hacerse cargo de su padre que también como consecuencia de todo lo que pasa cae enfermo y de su estancia. Ahí entran a jugar los hombres alrededor, el que la quiere someter y hacerse cargo de todo y el que la quiere ayudar.
-¿Cómo defines a Azucena?
- Está un poco enojada con la vida, es rebelde. Es un personaje que no le gusta a los chicos y tiene que hacerse caro con una criatura.
-Igual vos introducís siempre la historia de amor.
-Sí. Esta mujer se puede enamorar. Sí, sí, por supuesto. A pesar de su propia resistencia. Y porque en el fondo soy una romántica, soy un idealista y nada, me gusta que estas historias también tengan su costado romántico. Además es parte de la vida misma. Hay amores que funcionan y amores que no funcionan.
-¿Siempre tienen que tener un final feliz?
- Creo que sí. Mis novelas están señaladas como novelas románticas, pero no son eminentemente románticas. El eje principal no es el romance, sino que es la historia que cuenta, el hecho histórico. Pero, como lectora de novelas románticas, quiero que la historia tenga un final feliz. Entre los personajes principales, que sea un amor feliz. Además son novelas que tienen mucho drama, mucha tragedia, mucho sufrimiento.
-¿Qué te gustaría que el lector encuentre?
-Primero que conozca el hecho. Lo que quiero que la lectora la pase bien, que además de aprender alguna cosa, que disfrute, que disfrute la lectura. Para mí la lectura también es recreativa, como para mí escribir es algo recreativo. Cuando leo, yo me sumerjo en ese mundo y estoy ahí, me transporto. Entonces quiero que el lector también se transporte a esa época a ese lugar que se impregne de los olores, de los sonidos y que disfrute de la historia. Después, si hay un análisis que va más allá de la novela que puede haber o no, bueno, todo suma. Si lo miramos con los ojos de hoy fue un acto de racismo, de xenofobia a un grupo humano determinado y bueno, estamos viviendo más o menos cuestiones similares, es decir, la historia es circular, pasan las mismas cosas, lamentablemente.
-¿Y los personajes se van solos, rápido?
- A veces escribo dos novelas sobre el mismo personaje porque me quedo reenganchada y a veces se van y bueno
-¿Qué es lo que te dio a vos poder escribir?
-Hay una felicidad tremenda, me cambió la vida. A mí los libros me salvaron, los que leí y los que escribí. Mi refugio era escribir en momentos que fueron complicados. Entonces yo me metí ahí en ese mundo que yo inventaba y era feliz en tiempos complicados. Tuve la fortuna de ser publicada, después de golpear muchas puertas, de insistir muchísimo, tuve cinco años insistiendo. Cada novela es un desafío, cada historia que yo imagino y pienso cómo la voy a escribir tratando de algo nuevo, ponerle algo distinto.
-¿Y en el momento que te sentás a escribir ahí tampoco tenés rutina antes de que escribís en tu casa?
- Escribo en mi casa, me gusta escribir en mi casa. No, no, porque yo cuando... o sea, yo voy pensando, yo voy imaginando, yo ya voy armando en mi cabeza la historia que quiero contar. Me voy armando archivos en el teléfono, en papelitos, ajustando materiales, comprando libros. Y cuando me siento a escribir es como que todo eso que tengo en la cabeza sale. Tengo un rincón, ni siquiera es una oficina, a me encantaría tener una oficina luminosa con una biblioteca enorme pero bueno, no lo tengo porque mi casa es chica, no da el espacio, así que estoy en un rincón del garaje está mi computadora, mis libros, la moto al costado y un montón de cosas porque es el único lugar que queda en la casa para que yo pueda escribir y trabajar. La única rutina que tengo es el mate, lo necesito al lado y puedo pasar horas escribiendo con el mate que se lava, se enfría.
-¿Qué puede hacer la literatura en tiempos violentos?
-Poner luz sobre eso, bueno, lamentablemente no está en la decisión de ni de los escritores ni de los lectores poder cambiar demasiado. Son políticas de estado, políticas económicas que pasan por otro lado. Creo que la literatura lo único que hacer es eso, poner luz, llamar la atención, mostrar lo que pasó, que no vuelva a repetirse. Pero bueno, a la vista está que desgraciadamente los mismos procesos se repiten con las mismas mecánicas. Me parece que más que testimoniar y poner llamada de atención.