“La novela invita a deconstruir todo el viaje del embarazo”

Valeria Alonso, quien ganó el premio de Novela Ateneo-Ciudad de Valladolid en España donde está radicada hace años. Estuvo en Buenos Aires de visita y para presentarla

mripetta

"Soy actriz desde principios de la historia. Pero también escribo desde muy chica. Empecé a crear, escribir, dirigir y a producir desde chiquita, desde los 17 años. Escribí mucho teatro y también televisión, guiones cinematográficos. Esta es la primera novela", dice a BAE Negocios Valeria Alonso, quien ganó el premio de Novela Ateneo-Ciudad de Valladolid en España.  

"Quedé embarazada y me empezaron a pasar muchísimas cosas. Y dije tengo que hacer algo con esto´'. La primera vez que fui al ginecólogo sentí que ahí había una violencia obstétrica silenciada. Me pareció que era interesante empezar a hablar de eso. Me puse a escribir, al principio pensé que iba a hacer una serie de televisión y configuré ciertas escenas. En la pandemia dije voy a escribir una novela. No podía trabajar, tenía el espacio, el tiempo, el silencio y ahí tomé esa decisión de escribir una novela. Entré en un nuevo viaje. Empezar a configurar mi propia historia ,a ficcionar y a mezclar y a combinar un montón de cosas para hablar de lo que quería que tenía que ver con este viaje, el embarazo y con esta especie de análisis del mundo al que viene la criatura", dice la autora café de por medio en La Giralda durante su estadía en Buenos Aires.

—¿Quería contar el lado B de la maternidad?  

Empecé a sentir que no era un estado de gracia, que no estaba en una dulce espera. Todos esos eslogan en los que se dice lo que supuestamente debemos sentir, no me estaba pasando. Si por momentos, pero no es que era solo eso. También había un montón de cosas que me parecían una aberración. Era una manera de levantar la voz, de denunciar, de contrastar también cierta información de la que venimos acostumbradas. Últimamente se habla más, sin embargo todavía hay mucho por hacer. Creo que la novela es una invitación también a hacerse preguntas, que a veces no son tan evidentes o no hay tanto permiso para hacerse.

 

—¿Cómo cuales?

 

—Hay cosas al ser un embarazo deseado parece que no se pueden decir. Si digo que dudo, que hay cosas que no me gustan, que me siento fatal, parece que entonces no soy feliz. O me estoy arrepintiendo y en realidad son todas las cosas al mismo tiempo. La novela está construida como una especie de puzle donde hay un montón de elementos que encajan, debían convivir todas esas cosas al mismo tiempo, por eso el nombre de la novela en realidad hay una tensión Las heroínas también tienen miedo. El miedo con heroínas no encaja, entonces ahí ya de por sí está este juego de intenciones.

Recibiendo el premio. Fotografo: Pablo Requejo 

—¿El título es tuyo?  

—Sí. Hubo mucha polémica con el título. Cuando me gané el premio, me dijeron que había algunos del jurado que me decían de cambiarlo. Porque decían que quizás la novela respondía más hacia otra cosa. Lo pensé mucho y lo hablé mucho con mi editor. En un momento nos dimos cuenta que estaba bien. En realidad también hay todo un abordaje sobre el miedo, sobre la cultura del miedo y sobre los verdaderos miedos que se despiertan que para mí no eran miedos psicológicos, sino yo empecé a descubrir un miedo instintivo, como algo que arrasaba con todo lo que conocía, porque no tenés la menor idea de lo que se te viene, entonces hay algo del misterio.  

—¿Cuándo sentiste la violencia obstetricia?

 

—Eso fue inmediato. Fue uno de los detonantes. ¿Por qué me están tratando así? ¿Por qué me están imponiendo toda una serie de protocolos?¿Dónde yo me tengo que someter por mi seguridad, entre muchas comillas, cuando en realidad yo siento que quiero vivir un proceso lo más natural posible? ¿Cómo se hace con esto? ¿No me van a dejar parir como yo siento que deseo, que puedo, que quiero, que debo?. Ahí se abre un mundo gigante que tiene que ver con la relación con nuestro cuerpo, con la relación con los médicos, con la relación con nuestra propia capacidad de elegir, con nuestra responsabilidad sobre nuestra vida también. Me puse a buscar, a leer, a informarme, a dialogar mucho con otras mujeres contrastándolo con mi propia experiencia. En un lugar fue un viaje periodístico, entre comillas, y en otro fue todo un viaje poético, de lo que tiene que ver con realidad para mí, de lo que yo quería hablar. Si cuando nacemos arrancamos con falta de respeto. No nos preguntamos esto. Salgo del vientre y ya me metieron en un tubo, me pesaron, me sacaron de la mano de la madre, me metieron en un lugar frío, una camilla fría. Ostias, arrancamos mal.

 

Fotografo: Pablo Requejo 

—¿La vas a adaptar?  

—La estamos haciendo en la adaptación cinematográfica. Ya rodamos un cortometraje que está en postproducción.

 

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre?

 

—La novela empieza de una manera y se va volviendo como cada vez más mística. Porque se va metiendo en la muerte, que es la otra cara de la vida. Si vas a dar la vida, en realidad te encontrás también con todos tus muertos de algún modo y con esta otra dimensión que existe en la vida. Como todo esto tan misterioso que tiene que ver con que estamos acá y en un momento no vamos a estar más. Entonces, ¿cómo estamos acá? ¿Cómo lo aprovechamos? ¿De qué manera nos construimos, nos reconstruimos? Y lo que dejamos. También hay todo un abordaje sobre la ecología, en el sentido de qué manera estamos habitando nuestro planeta. Pero entonces sí, hay unas ganas de poder mirarnos con todo eso que no controlamos, todo eso que es más grande que nosotros. La novela invita a explorar o a deconstruir todo este viaje del embarazo, qué significa en profundidad.  

—¿Y a vos qué te dio la escritura que no te dieron las otras actividades artísticas?  

—Al principio no tenía la menor idea de lo que estaba escribiendo, porque no había feedback. Yo vengo al teatro, estoy acostumbrada, que todo es feedback. Escribo un texto, lo dice la obra, se ve. Acá no había nada de feedback. Estaba en soledad y no tenía la menor idea en serio.

 Fotógrafa: Angie González Rillo

Ahora, siento un poco más experimentada de entender qué cosas más funcionan menos de la estructura desde el lenguaje. Hay algo de la soledad sacando esto, o incluso con esto, es como si fuera un espacio tan privado, tan mío que me parece fascinante. Como que me puedo ir por las ramas y está todo bien, total estoy yo acá. Los tiempos que los manejo yo. Que no haya una producción detrás que me tironea, me encanta. Hay como un compromiso muy propio, yo pongo las leyes y de hecho yo me pongo mis finales, mis tiempos de voy a terminarlo acá. Entonces básicamente siento como que me da una entidad de estar, de escribir. Me encanta. No me gusta estar tanto tiempo sentada. Yo vengo de la danza también. Como que hay algo del culo en la silla que me duele, que no me gusta. Empecé a tener unos dolores nuevos, raros, las manos. Empecé a usar gafas, que también la edad, pero me parece que tanto el ordenador. Empecé a tener como los efectos adversos de la escritura.

Fotografa  Geraldine Leloutre
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