Clara Obligado: "Intento forzar los límites del cuento, investigo cuando escribo"

Tres maneras de decir Adiós, el nuevo libro de cuentos de Clara Obligado. 

mripetta

"Soy cuentista, pero lo que intento hacer es forzar los límites del cuento. Investigo cuando escribo. No repito esquemas de cuentos, porque eso no me interesa. En este libro lo que he hecho es tomar la estructura de cuentos largos y unirlos entre sí de manera que formen una macronovela", dice  la escritora argentina Clara Obligado, que desde su exilio vive en España.

 

"Lo que trabajo son géneros degenerados. Porque están fuera de los géneros. Son cuentos que no terminan de ser cuentos y de ninguna manera son una novela. El lector entre cuento y cuento va armando su propia manera de ver ese mundo. Todo el tiempo hay interrogativas que hacen que el lector entre y participe. La novela que está escondida no la escribo yo, la escribe el lector. Yo hago cuentos", relata durante La Feria del Libro.

 

—¿Pero se pasa que se crea que es novela?  

—La gente lo confunde, pero a mí me gustan las confusiones. A mí los géneros puros me parecen algo propio del siglo XIX, yo no estoy en el siglo XIX, estoy en el XXI. Mi invento es este. Es como abrirle las costuras a un género y ver hasta dónde lo puedo llevar, investigar sobre él. Creo que ya no podemos escribir cuentos como Cortázar. Me encanta Cortázar, pero han pasado muchos años desde que murió. Creo que hay que seguir adelante buscando otras estructuras. Y eso es lo que estoy haciendo yo, intentando hacer, por lo menos.

 

—¿Cómo surgieron estos cuentos?  

-Surgió el título primero, me gustaba. Entonces mi editor me preguntó, ¿qué estás escribiendo?. 'Es un libro buenísimo  que se va a llamar Tres Maneras de Decir a Dios.' ¡Qué buen título!, me dijo. Eso de todo lo que tenía. Me di cuenta que eran tres cuentos, y los tres terminaban en despedidas. Entonces tuve un principio y un final y me largué con eso. Es como al revés. Un cuento pensado al revés. Y cuando iba para la mitad le digo a mi editor,' mira Juan, estoy escribiendo un libro rarísimo'. ¿Me decís tú cuando no has escrito un libro rarísimo?. La historia es esa, un título que me gustaba. Podría haberse llamado Tres historias de fantasmas también. Pero me gustaba esta, tenía más ambigüedad.

—¿Y decir adiós es importante?

 

—Creo que es básico, si no sabemos decir adiós cargamos con la pena eternamente. Creo que si hay algo que uno aprende cuando le da es a saber despedirse, que no quiere decir olvidar. No es lo mismo despedirse que olvidar. Uno puede mantener en el recuerdo, en alguna habitación donde no te dañen, cosas muy importantes. Pero dejarlas atrás también. Si uno no se supiera despedirse un amor, no podría querer de nuevo. Y si uno no se despidiera de la adolescencia, no sabría ser una persona madura. Pero creo que en algún punto mantenemos ese amor que perdimos, y en algún punto mantenemos ese adolescente que fuimos. Pero si lo mantienes el 100% del tiempo, eso es insoportable. Entonces es cuánto del pasado nos va tejiendo y cuánto necesitamos superar para seguir adelante.

 

—Son tres miradas distintas  

-Claro, que sean tres maneras de vivir la vida que es algo que a mi edad puedo ver o sea, es algo bueno de la edad, está en la perspectiva dice que la edad es como una montaña que cuando la subís ves más pero llegas más cansado Yo creo que ahora sé cómo es ser joven, sé cómo es ser madura, sé cómo es ser viuda, sé cómo es ser separada. Lo he vivido, lo conozco todo esto. Es una manera de también recuperar maneras de ver el mundo. Es un privilegio de la edad.

 

—Son tres mujeres con edades distintas  

—Son tres momentos históricos que me permiten que sean de distinta edad y también tres momentos vitales, porque los 40 para mí son edades donde uno se divorcia en general, se ha tenido a sus hijos, ya los ha medio criado, entonces te separas si la pareja no es buena. A partir de los 70, yo creo que se crea un momento de amor en contra de lo que dicen, pero de un amor diferente, es un amor más cercano de la amistad y de alguien que te apoya y te deja en paz. Eso es genial, el amor es que te apoyen y te dejen en paz. Y el otro cuentos es una chica que se enamora del malo malísimo. Es el sexo lo que le atrae y no le gusta el chico bueno. Para mí ella es una heroína. Pero bueno, tener 19 años y enamorarse es fantástico y es terrible al mismo tiempo. Es una edad muy dura.  

—Vos que te tocó atravesar la dictadura, porque esta vez elegiste meterte con la guerra  

El cuento que se dice una guerra es toda la guerra, es una violencia, son todas las violencias. Es como reflexionar sobre la violencia, más que una guerra en particular, y sobre qué es la figura del héroe y qué deja el héroe detrás. ¿Quién es un héroe? Y al final del libro creo que tiene una solución quién es el héroe. Podés elegir tu propio héroe. Quizás las heroínas son las mujeres esas tan normales que están ahí, o quizás no, según tu visión de la vida.  

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre en el libro?  

—Siempre pretendo que encuentre en placer y pensamiento, esa belleza. Con eso ya estoy hecha. Creo que el lector es libre de elegir su lectura. Intento hacer libros bastante poco dogmáticos, bastante plurales. O sea que uno puede defender una cosa y la contraria al mismo tiempo. Porque la literatura no es el lugar de la certeza, sino el lugar de las preguntas. Yo hago preguntas que no me sé contestar del todo. Es una pregunta, mi libro.

—¿Cuándo supiste que querías ser escritora?  

—No quería ser escritora, yo quería ser crítica y profesora. Estudié letras. Cuando llegué a España me pareció que necesitaba ser un puente de palabras con Argentina. Y entonces empecé a escribir Y a partir de ahí, poco a poco, un día tenía un libro, otro día tenía otro Y así hasta ahora. Nunca he tenido un proyecto, esa gente que tiene una meta, que quiere conseguir no sé qué, yo nunca he querido conseguir nada. He querido hacer libros lo mejor posible, eso sí he querido.

 

A mí me parece que yo tengo una vida muy privilegiada. Yo paso cuatro horas diarias con un tono en la mesa, hablando de lo que la gente escribe, de lo que la gente lee. Me parece un lujo. Me mueve mucho la cabeza, me hace pensar. Me parece que es una actividad profundamente democrática en el buen sentido de la palabra, en el sentido más importante, donde intercambiamos ideas distintas y no necesitamos pelear por ellas, o sea, solamente con exponerlas ya está.

 

 

 

 

 

 

 

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