Una gran puesta de Don Quijote en el Teatro Colón con renovada coreografía
La obra de Bazilis-Candal es un éxito tanto estético como de público
El Ballet del Teatro Colón, dirigido por Julio Bocca, propone una versión renovada de Don Quijote, creada hace poco más de diez años por Silvia Bazilis y Raúl Candal para el Ballet del SODRE de Montevideo. No es un Don Quijote más: pieza de las más tradicionales del Colón, es adecuada en el marco de la conmemoración de los cien años de los Cuerpos Estables del Teatro.
Bazilis y Candal conocen Quijote como nadie, tras protagonizarlo durante más de dos décadas. Su versión, basada en la original de Marius Petipa más un agregado de Baryshnikov (la icónica secuencia de la taberna, creación del gran bailarín y coreógrafo ruso), crea un desarrollo más sintético y veloz, algo que el propio Julio Bocca resaltó. La conoce: la ha montado él mismo como director del ballet del SODRE, donde tuvo su estreno.
El resultado es de una enorme precisión tanto desde lo coreográfico como desde la puesta en escena, que levanta ovaciones en el público cada vez que se abre el telón. La música original de Ludwig Minkus está a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por el maestro Manuel Coves, se ejecuta al ritmo que impone la renovada versión; las escenas colectivas son coloridas, de gran precisión y al mismo tiempo con cierta velocidad que las hacen más alegres ante la mirada del público. Se nota el sello de Julio Bocca: la perfección técnica sumada al gran espectáculo.
La historia sigue el romance de Basilio y Kitri busca esquivar la oposición del padre de ella, que pretende casarla con Camacho, y será el propio Quijote quien intervendrá en favor de la unión de los jóvenes. Es decir, comedia, y comedia festiva. Los personajes principales son interpretados por diferentes bailarines según cada función incluso con figuras internacionales como Marianela Núñez (Royal Ballet de Londres) y Celeste Losa (Scala de Milán).
El desarrollo es notable, desde el inicio con las escenas de aldea, la aparición de seres fantásticos, la Dulcinea onírica que se le aparece al Quijote, y el vibrante tercer acto donde, en la función del último martes, los pies de Rocío Agüero y Maynard Miranda como Kitri y Basilio no parecían tocar el piso, rodeados de una escenografía imponente que, por otro lado, está perfectamente integrada a la trama. Un adecuado triunfo, pues, para celebrar cien años de un cuerpo que sigue haciendo escuela.
Coreografía: Silvia Bazilis y Raúl Candal, sobre la original de Petipa/Gorsky (coreografía de la "Variación de las copas": Mikhail Baryshnikov.) Música: Ludwig Minkus. Por el Ballet del Teatro Colón. Dirección: Julio Bocca. Escenografía y vestuario: Hugo Millán. Iluminación: Pablo Pulido. Repositora invitada: Lorena Fernández Sáenz. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires; dirección: Manuel Coves. Producción del Ballet Nacional del Sodre (Montevideo, Uruguay)