"Victoria Ocampo fue una precursora y este libro es una invitación a conocer su época"
"Hace mucho que quería escribir sobre Victoria Ocampo. Si le preguntas a un chico, a un adolescente, quién es, no tienen ni idea. Y creo que muchos adultos tampoco. Ahí fue que quise hacer el libro y lo pensé siempre ilustrado por Victoria Morete", dice la escritora Patricia Gutiérrez.
-¿Pero cómo llegaste a libro para chicos?
-Yo empecé escribiendo para chicos. Mis primeros cuatro libros son libros de historia para chicos. En 2020 empecé a escribir la primera novela para adultos La última piel. Cuando la terminé surgió Victoria.
-¿Investigaste mucho?
-Sí. Con libros sobre ella, con los que ella escribió, biografías y autografías, vi entrevistas, busqué testimonios. Leí muchísimo.
-¿Y cómo fue el trabajo con la ilustradora?
-Un placer. Ella siempre dice que es un placer trabajar conmigo porque yo le doy libertad, pero para mí no hay otra forma de trabajar que no sea así. Le pasaba los textos y ella se imaginaba. Algunas cosas sí le dije, por ejemplo, la línea que separa cada capítulo, que termina con los anteojos característicos de Ocampo. Pero ella después, no solo con el texto, sino que buscó ella por su lado. Por ejemplo, la parte en la que ella se divorcia del marido es un plato roto y la foto que está ilustrada, de ellos dos es real. Ella investigó esa foto, la buscó. Romper el plato me pareció una expresión espectacular. Y tuve mucha libertad con ella.
-¿Como se comunicaban?
-Por mail y algunos zoom porque ella vive en Italia. Íbamos viendo juntas. El final me dijo yo quiero dejar el final con la cara Victoria y las flores porque no quiero que el final sea la imagen de ella enferma o muriendo. Me pareció buenísimo.
- ¿Qué te gustaría que encontraran los chicos en este libro?
-Me gustaría que la conocieran. Que Victoria fuera una puerta para conocer el mundo de la Revista Sur, que conozcan a Silvina Ocampo, a Jorge Luis Borges, a Bioy Casares. Que sea una invitación a conocer qué fue lo que pasó en esa época, incluso cuando ella la arrestan.
-¿Con la investigación qué te pasó?
-Descubrí mucho más y me encantó. La adoré. Leí tanto sobre ella y leí lo que ella había escrito que la sentí muy íntima. Me ha pasado en algunos momentos en los que yo me ponía mal por cualquier cosa y pensaba en ella y decía, 'si Victoria me ven en esta situación triste o enojada por esto, me da un cachetazo'. Una mujer admirable, que formó la Unión de Mujeres Argentinas, que empezó a manejar o fumar en público cuando no estaba bien visto. Fue una precursora en muchas cosas.
-¿Cuándo supiste que querías ser escritora?
-La literatura formó parte de mi vida siempre, más la historia que la literatura. Mis padres nos inculcaron mucho el estudio, pero no había muchos libros en mi casa, los que habían eran de historia de mi papá. Empecé desde chica a leer muchos libros de historia. Literatura en primaria, secundaria. Mucha latinoamericana porque me lo pasaba mi prima. Estudié relaciones internacionales. Trabajé en la cancillería, en el gobierno de la provincia de Buenos Aires y fue una super desilusión el paso de la teoría a la práctica. Cuando nació mi tercer hijo, los dos más grandes en una guardería y con lo que yo ganaba si me quedaba en mi casa ahorraba. Dejé el trabajo para estar con ellos y empecé a escribir un blog de historia. Mi hijo quería que yo le compre un libro sobre San Martín y no había en esa época para niños. Entonces le dije que lo iba a escribir yo. Después escribí el de Belgrano, el del 25 de Mayo y lo presenté en una editorial y me aceptaron. Así empecé.
- ¿Y tenes rutina para escribir ?
-Me vendría bárbaro porque soy súper distraída. Soy una persona muy volada. Me tengo que sentar a escribir pero justo engancho que alguien en Twitter comentó un libro, me voy a la librería, me lo compro y me siento a leerlo. Tres días después me acordé que me tenía que sentar a escribir. Cuando estoy con un proyecto como fue el caso de Victoria me resulta muy fácil escribir a la mañana.
-¿Es más difícil escribir para chicos?
- Para mí es más difícil escribir para adultos. Porque el adulto juzga, los chicos no. En vez de juzgar, interpretan sin vueltas y lo dicen abiertamente. Siento que con los chicos no tengo ese peso de ser juzgada. Si algo no les gusta, se acabó. Y si les gusta, les gusta y también se acabó.