Rusia frente a una crisis demográfica: ¿Cómo frenar la caída?
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Rusia continúa por quinto año consecutivo enfrentando una marcada disminución de su población. Junto con el envejecimiento de la nación y la emigración son problemas que cada vez plantean una amenaza mayor para el futuro del país. ¿Qué hay detrás de esta crisis y tiene Rusia alguna posibilidad de cambiar su dinámica demográfica?
Según los datos del Servicio Estatal de Estadística (Rosstat), entre enero y junio de 2024, Rusia perdió unos 257.000 habitantes, una cifra 1,8 veces superior a la del mismo período de 2023, lo que sugiere que la caída demográfica anual podría igualar o incluso superar las más de 500.000 personas registradas en 2022.
La tendencia negativa, que comenzó en 2020, marca un cambio después de una década de crecimiento moderado entre 2009 y 2019. Este retroceso se atribuye a factores como el envejecimiento poblacional, una baja tasa de fertilidad, el impacto acumulado de la pandemia del covid-19 y la emigración. Durante ese período, medidas como estímulos financieros para fomentar la natalidad no han logrado frenar el declive. De hecho, el descenso actual se asemeja al experimentado en los años de crisis demográfica entre 1999 y 2003.
PROBLEMAS CLAVE
Una disminución constante de la población de Rusia se debe, en general, a la baja natalidad, alta mortalidad y emigración. Esta tendencia ha sido especialmente pronunciada durante los últimos cinco años y está profundamente influenciada por el "eco" del colapso demográfico de los años 90.
Entre los factores que afectan la natalidad figura la estructura poblacional, en particular, la reducción de mujeres en edad reproductiva –se debe al bajo número de nacimientos en los 90– que está disminuyendo el número de nacimientos anuales. Los expertos advierten que en 2030 habrá un 40 por ciento menos de mujeres en edad reproductiva en comparación con 2010.
Además, en el impacto tiene ascendencia también problemas económicos y sociales, como la inseguridad económica, la desigualdad de ingresos y la falta de confianza en el futuro, algo que desmotiva a las parejas a tener hijos, especialmente a partir del segundo y tercer hijo. Tampoco generan certeza y confianza los cambios en la implementación del capital por maternidad, lo que, según expertos, muestra el carácter inconsistente de la política demográfica en el país.
La alta mortalidad, tradicionalmente relacionada con los problemas del sistema de salud, el estilo de vida y el impacto de la crisis demográfica de los años 90, últimamente ha sufrido el efecto del covid-19, que redujo en más de tres años la esperanza de vida, y de la operación militar especial. Esta última, a su vez, provocó la emigración masiva de trabajadores jóvenes, lo que provocó un déficit de mano de obra en el mercado laboral, que junto con un índice de natalidad bajo obliga a elevar la edad de jubilación para mantener la viabilidad del sistema de pensiones.
LA PELOTA ESTA EN EL LADO DEL ESTADO
Ya en 2021, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, calificó el problema demográfico como prioritario "por razones humanitarias, para fortalecer nuestra soberanía y por motivos económicos".
La solución a este problema se planteó no solo a través de medidas en los ámbitos de salud, educación y apoyo a las familias con hijos, sino también mediante la preservación de valores tradicionales, lo cual quedó reflejado en el decreto presidencial que establece las bases de la política estatal en este ámbito. En este marco, en noviembre pasado se aprobó la ley que prohíbe incentivar a las personas a no procrear, fenómeno conocido también como 'childfree'.
La ley prohíbe la "propaganda del movimiento childfree" en los medios de comunicación, el cine, la publicidad y en internet. Las infracciones conllevan responsabilidad administrativa, con multas de hasta 400.000 rublos (más de 3.800 dólares) para personas físicas, hasta 800.000 rublos (más de 7.700 dólares) para funcionarios y hasta cinco millones de rublos (más de 48.500 dólares) para personas jurídicas.
La reacción a la ley aprobada fue ambigua. Los creadores de contenido solicitaron mayor claridad sobre lo que se podrá filmar y mostrar, mientras que algunos expresaron su preocupación de que esta iniciativa limite la decisión personal de cada mujer de tener hijos.
El presidente de la Duma de Estado (Cámara Baja del Parlamento ruso), Viacheslav Volodin, aclaró que la ley no regula la decisión personal de una mujer de no tener hijos, sino que se centra en combatir la propaganda que promueve la ideología de renunciar a la maternidad.
La presidenta del Consejo de la Federación (Senado ruso), Valentina Matvienko, por su parte, afirmó que la ley busca proteger la libertad de decisión de los ciudadanos rusos frente a la influencia externa de las ideas del movimiento 'childfree', el cual, según ella, representa una degeneración del feminismo originalmente enfocado en la igualdad de derechos, pero que en Occidente se ha radicalizado.
Entre otras medidas, en los últimos años, se ha discutido la posible reintroducción de un impuesto a la falta de hijos, que ya existió en la Unión Soviética bajo el nombre de "impuesto a solteros, personas sin hijos y familias pequeñas". Este impuesto, aplicado entre 1941 y 1992, gravaba a hombres de 20 a 50 años y a mujeres casadas de 20 a 45 años. En 2023, un experto ruso propuso reintroducirlo con tasas adicionales sobre ingresos, herencias y propiedades, sugiriendo que quienes no puedan tener hijos consideren la adopción.
El portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, a su vez, declaró en octubre pasado que en el Kremlin aún no están al tanto de la propuesta de introducir un impuesto así. "Es necesario analizar esta experiencia. A primera vista, es poco probable que este impuesto haya tenido algún impacto en la situación demográfica", señaló entonces.
CON MIRAS AL FUTURO
En general, el Gobierno ruso está abordando la crisis demográfica con tres iniciativas clave. La primera es el capital por maternidad, que ofrece incentivos financieros por el nacimiento o adopción de un segundo hijo y los subsecuentes, con fondos para vivienda, educación o pensiones.
La segunda es el Programa Nacional de Salud, que busca frenar el envejecimiento y la disminución de la población activa mediante mejoras en infraestructura médica y la promoción de estilos de vida saludables.
Por último, la migración controlada fomenta la inmigración de rusos étnicos y hablantes del idioma desde exrepúblicas soviéticas a través de programas como el Programa Estatal de Asistencia para el Reasentamiento de Compatriotas.
Todas estas iniciativas fueron adoptadas a principios de la década de 2000, y aunque algunas de ellas han demostrado su eficacia, el mundo actual, que cambia rápidamente, requiere también un cambio en la política demográfica.
En particular, la ONU propone medidas como flexibilizar el trabajo para equilibrar familia y empleo, fomentar la participación de los mayores en la fuerza laboral, promover la igualdad de género reduciendo la discriminación salarial, usar tecnologías para aumentar la productividad y compartir buenas prácticas entre países con realidades demográficas distintas.
A pesar de que la crisis demográfica en Rusia no es un reto fácil de superar, las posibilidades de hacerlo son altas, siempre que se tenga en cuenta que es importante no forzar a las personas a tener hijos, sino crear condiciones en las que tener y criar hijos sea una opción natural, segura y deseada para la mayoría.
Fuente: Sputnik