SALUD

Manos y pies fríos: cuándo es normal y cuándo es señal de un problema de salud

Aunque el clima frío puede generar este síntoma, en algunos casos persiste durante horas y es necesario investigar la causa subyacente. Qué señales no hay que pasar por alto. Los detalles, en la nota.

Redacción BAE

Durante la época invernal en Argentina, muchas personas experimentan el síntoma común de manos y pies fríos. Esta condición puede ser atribuible a las bajas temperaturas, pero, en ciertos casos, la frialdad en estas extremidades persiste durante horas y podría indicar la presencia de un problema de salud más grave. De acuerdo al sitio Salud On Net, es esencial identificar las señales que no deben evitarse ante esta situación.

Cuando las manos y los pies se mantienen fríos de manera continua, es importante prestar atención, ya que puede reflejar un funcionamiento incorrecto del organismo. Existen varias causas que pueden estar detrás de este síntoma.

El estrés es una de las principales razones. Ante una situación estresante, el sistema nervioso se activa, lo que provoca la liberación de adrenalina. Esta hormona provoca la constricción de las arterias, reduciendo el flujo sanguíneo hacia las extremidades, lo que resulta en su enfriamiento.

Por otro lado, una mala alimentación puede afectar la circulación. Una dieta inadecuada obliga al estómago a trabajar en exceso, generando calor en el sistema digestivo que desvía la circulación sanguínea de las extremidades hacia este órgano, provocando así que las manos y los pies se enfríen.

La mala circulación es otra causa habitual que puede contribuir a esta condición. Si la sangre no llega adecuadamente a las extremidades, estas pueden experimentar una sensación de frío constante. Entre las causas de mala circulación se encuentran las enfermedades autoinmunes, como la vasculitis, que inflaman los vasos sanguíneos de las manos y pies. Esta inflamación puede coexistir con afecciones como la fibromialgia o la artritis reumatoidea.

Además, la neuropatía periférica diabética es común en personas que viven con diabetes tipo II, quienes pueden experimentar la sensación de manos y pies fríos, a pesar de mantener una temperatura interna normal. Esta alteración es típica de una neuropatía o de un déficit de vitamina B.

Condiciones como la ateroesclerosis también pueden ser responsables. La acumulación de colesterol y triglicéridos en las arterias provoca obstrucciones que dificultan el flujo sanguíneo a las extremidades. Asimismo, el uso de ciertos medicamentos, especialmente aquellos utilizados para tratar migrañas, puede ser un factor contribuyente.

Ante esta situación, existen recomendaciones que se pueden llevar a cabo en casa para mitigar el síntoma. Realizar masajes en las manos y pies mejora la circulación y ayuda a proporcionar calor. Abrigarse adecuadamente o darse baños de agua caliente también son opciones recomendadas. Por otro lado, es aconsejable reducir el consumo de azúcares, grasas y harinas, que pueden desmineralizar los tejidos y la sangre, e incrementar la ingesta de agua, tomando al menos dos litros diarios para mantener una adecuada hidratación.

Además, practicar actividad física de forma regular favorece la circulación y puede mejorar el bienestar general. Es fundamental, igualmente, evitar situaciones de estrés y ansiedad que puedan agravar el problema.

Se recomienda visitar a un médico cuando las manos y los pies fríos persisten sin la influencia de temperaturas frías. Consultar a un profesional es esencial si se observan cambios en la coloración de las extremidades, como el tono azulado, lo cual puede ser un signo de la enfermedad o síndrome de Raynaud. Esta condición afecta la circulación sanguínea, no solo en las manos y pies, sino también en partes del cuerpo como las orejas y la nariz. Durante episodios de escasez de flujo sanguíneo, los dedos pueden adoptar un color blanco, cambiando luego a azul y eventualmente a rojo a medida que la circulación se normaliza.

 

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