Josefina, la protagonista, es una joven musicóloga argentina que gana la beca de una residencia de un mes en Roma para investigar al gran compositor italiano Giacomo Puccini. La residencia está coordinada por Antonio Martinelli, mentor de la Asociación Pucciniana y aclamado director de orquesta, que oficia de maestro de ceremonias en este viaje operístico que emprende Josefina junto a una galería de personajes inolvidables. Comparte la perplejidad sobre los tiempos verbales del italiano con su compañera de clase sor Fátima y vive un romance de otra época con Piero, un violinista de ochenta años.

Desde la editorial sostienen que no es una novela, ni un diario de viajes, ni una crónica autobiográfica, sino las tres cosas juntas. Una invitación a confundir fantasía y realidad. BAE Negocios dialogó con la autora sobre su primera experiencia sin dibujar.

-¿Por qué decidiste que sea sin dibujos?

-Tenía ganas de hacer una novela gráfica sobre Puccini desde hacía un tiempo. Cuando me decidí a empezar venía de hacer una residencia en Suiza donde había pasado tres meses dibujando sin parar. Estaba un poco cansada de pensar en imágenes y decidí empezar a anotar algunas ideas, hasta que tuviera ganas de dibujar otra vez. El archivo de texto fue creciendo y las ganas de agregar dibujos nunca llegaron.

-¿En que género pones el texto?

-No soy buena con las etiquetas y los géneros. Me gusta pensar que es un libro sin dibujos.

-¿Es verdad que Roma y la opera son tus pasiones y de ahí la elección para este libro?

-Roma me encanta porque en ninguna otra ciudad se percibe tan bien el paso del tiempo. Dando una vuelta por el centro de Roma se pueden ver restos del Foro, torres medievales, iglesias renacentistas y edificios barrocos, todo superpuesto. La ópera me empezó a fascinar hace algunos años. Me gusta trabajar con el pasado y la vida de los artistas, creo que todo lo que más me interesa se junta en Tosca de Puccini.

-¿Es todo ficción o hay cosas que te pasaron?

-Creo que siempre hay cosas reales que se filtran en la ficción, en mis libros anteriores también fue así. Es la mejor parte de inventar historias, todo es real en mi imaginación.

-¿Hay prejuicio con la opera?

-Me parece que hay todavía bastante prejuicio. Es muy fuerte ese imaginario de las películas de Hollywood, donde la gente va vestida de gala y llena de joyas a los estrenos. En realidad se pueden conseguir entradas en las partes altas de los teatros a buen precio, a veces cuestan lo mismo que una entrada de cine. Me gusta pensar que es la música popular del pasado. Hace 100 años en cualquier esquina se podía escuchar gente silbando Aída, Norma o las melodías de Puccini. Algo de esas melodías sigue teniendo el mismo efecto ahora, si vamos a la salida de alguna función en El Colón, seguro escuchamos personas tarareando.

-¿Por algo en especial elegiste a Giacomo Puccini?

-Me encanta su música y la manera en que trata a los personajes femeninos en sus historias. Cuando empecé a investigar un poco sobre su vida me fascinó también su personalidad. Las manías que tenía para componer, la relación con sus hermanas, con el paisaje y sobre todo su búsqueda permanente de historias para contar.

-¿Por qué el titulo?

-El corazón geométrico era un espejo que colgaba en la habitación que yo alquilaba en Roma. Cuando llegué ese espejo me irritaba, no entendía por qué tenía esa forma tan rara, me parecía horrible pero no podía dejar de mirarlo. Mi amiga Lucía Seisas lo vio en una foto y me dijo que tenía forma de corazón geométrico. Desde ese momento empecé a mirarlo de otra manera y me terminó pareciendo hermoso. Cuando empecé a escribir el libro le puse ese nombre al archivo y nunca lo cambié.

-¿Cómo es Josefina?

-No cuenta mucho sobre sí misma, deja ver que es entusiasta del pasado y observadora de lo que la rodea, se mueve por la curiosidad.

-¿Cómo llega enamorarse de un hombre mucho mayor que ella?

-No estoy segura de que estuviera enamorada de Piero. A veces el amor puede ser solo eso: caricias en la mano en la oscuridad de un teatro. No hace falta que tenga otra forma o que se convierta en una relación.

-¿Cuándo supiste que querías ser escritora? ¿Te sentís más cómoda dibujado o escribiendo?

-Disfruto de dibujar y también de escribir. En realidad lo que me gusta es contar historias, pueden tener dibujos o solo palabras. Cuando empecé a hacer historietas hace algunos años me pasó lo mismo, era un lenguaje nuevo que no conocía del todo y algo de ese desconocimiento me ayudó a no estar asustada. Ahora me pasa lo mismo, me encanta llegar a un lenguaje nuevo y sentirme un poco perdida.