Subastas "fetiche": desde el vestido de Marilyn a un diente de John Lennon
La reciente venta por más de tres mil dólares de un trozo del pastel de bodas de la princesa Diana y Carlos de Inglaterra, e 40 años de antigüedad, pone a la luz el fanatismo por los ídolos
La compra de un fanático de la realeza británica de una porción de la torta de la boda de Diana y Carlos de Inglatera por 2200 libras, volvió a poner en evidencia las rarezas a las que están dispuestas a llegar algunas personas por tener algo de sus ídolos en sus propias casas: un mechón de cabello, una firma, un mensaje en el contestador... todo vale para apropiarse de un costado público o personal.
La torta de bodas de Lady Di
Con mazapán cubierto por un glaseado blanco, el pedazo de pastel -cuyo precio de subasta arrancó en 300 dólares- se vendió al comprador Gerry Laytonn, un coleccionista de Leeds (norte de Inglaterra), junto con papelería que incluyó el programa de la ceremonia de boda, un menú del desayuno conmemorativo y un plano de los asientos asignados para la recepción en el Palacio de Buckingham.
Basta con ver la inmensidad de adeptos que posee la serie "The Crown"(un drama histórico sobre el reinado de la Isabel II, que se emite por Netflix) para entender que Diana, la "princesa del pueblo", sigue siendo objeto de culto. En julio se había rematado por 20 mil euros un triciclo de la infancia de Lady Di.
Pero la princesa Diana (1961-1997) no es la única que ha demostrado despertar fanatismos extremos, si se piensa que un admirador de John Lennon decidió gastar hace 10 años poco más de 30 mil dólares por un diente con caries (sí, un molar cariado y amarillento) que el ex Beatle se había extraído con un dentista debido al dolor que le causaba. Y claro, el comprador era a su vez un odontólogo oriundo de Canadá.
Son cinco las veces que cambió de manos un espeluznante objeto: el disco Double Fantasy que Lennon le firmó a su asesino Mark David Chapman, unas horas antes de que lo ejecute en la puerta de su edificio, el Dakota, frente al Central Park.
Chapman había esperado al músico en el frente de la vivienda que vivía con Yoko Ono y su hijo Sean, cuando le pidió que le firme el ejemplar del último álbum que Lennon acaba de editar. Era un 8 de diciembre de 1980 y tan solo unas horas después el asesino volvió a acercarse pero esta vez para descargar cinco tiros en uno de los músicos más admirados de todos los tiempos.
El disco firmado lo había escondido en una de las macetas gigantes a ambos lados de la entrada de Dakota, donde fue encontrado esa noche por el vendedor original del álbum, quien lo guardó debajo de su cama durante 18 años antes de venderlo en 1998.
La primera vez que se subastó el disco -con las marcas policiales incluidas- se pagaron 150.000 dólares, pero su valor aumentó con el paso del tiempo y en la última subasta, donde hubo numerosos interesados, el álbum cambió de manos por 1,8 millones de dólares
Madonna y los mensajes íntimos
La cantante le había enviado esos mensajes a su exguardaespaldas y amante James Albright, en los años 1992 y 1993, una serie de cintas de audio "con contenido erótico" que sumaban en total 17 minutos románticos, subastados por la casa Gotta Have it!, con base en Nueva York, Estados Unidos.
El "feliz cumpleaños" de Marilyn
Otra icónica pieza en la historia de las subastas es el vestido de Marilyn Monroe, con que le cantó "Happy Birthday" a John Kennedy, por el que un fan llegó a pagar 2,7 millones de dólares, probablemente no el mismo admirador que adquirió una radiografía de su tórax -cuando la rubia acudió a un chequeo médico- en 45.000 dólares.
Más acá en el tiempo, el ídolo teen Justin Bieber decidió subastar por eBay un mechón de pelo (con fines benéficos) que superó los 40 mil dólares mientras que Lady Gaga dio un concierto con uñas postizas que un trabajador del lugar luego encontró y subastó por 12.000 dólares.
En un marco histórico habría que ubicar la venta de dos cartas de menú del restaurante del Titanic, el transatlántico hundido en 1912, que siempre despertó curiosidad, y por las que un comprador gastó 138 mil dólares.
Las cartas, que indicaban la comida para los pasajeros de primera clase, incluyen champagne, foie gras, lenguado, cordero y carne asada, así como una selección de langostas frescas, camarones, arenques, sardinas en escabeche, y fueron puestas a la venta en una subasta organizada por los astilleros Harland and Wolff.
