“Messi es un superhéroe, es alguien más vinculado a Marvel que a la FIFA"
Andrés Burgo publicó su nuevo libro "Nuestro Mundial", con la mirada de la Copa del Mundo desde acá.
—¿Cómo se explica la pasión argentina por el mundial?
—El fútbol, básicamente, son relaciones humanas. Los chats con más participación que tengo en mi whatsapp son en los que hablo de mi equipo, River, con otros amigos. Los goles, los partidos, los resultados, los ídolos, los jugadores y los títulos son apenas el pretexto de ese vínculo: el fútbol es importante porque tiende puentes entre amigos y familias, incluso permite abrazos difíciles. Y en este caso el Mundial potenció esa energía: los clubes implican una relación más gregaria, de amor y odio, de diferenciarse con el hincha del otro equipo, y la selección unió como nunca había pasado.
—¿Y esa sensación de que había que ganar por Messi? Llegó a parecer mas importante que Messi ganara el mundial que la copa en si misma.
—Pasaba algo muy raro con Messi: había como un sentimiento de conmiseración hacia él, de que todavía algo le faltaba en su carrera. Por un lado era increíble porque hablamos de Messi, del mejor futbolista de este siglo (y tal vez también del siglo pasado), o sea un tipo infinitamente más triunfador, talentoso y acaudalado que cualquiera de nosotros, pero al mismo tiempo estaba esa sensación de que todo lo que había hecho aún era insuficiente. No lo decíamos en voz alta pero Messi aún no le había ganado o alcanzado a Maradona en los Mundiales, y esa fue su última meta conseguida. Ahí sí, al ganar el Mundial, como dijo él mismo, "ya está". Su triunfo fue el nuestro y en especial el de las nuevas generaciones, que no deben seguir adorando a un ídolo que no habían visto. Ahora tienen el propio, de su época.
—¿Cómo surgió la idea del libro?
—Porque había algo para contar. Una historia para reconstruir. Yo no viajé a Qatar, por lo que nunca pensé que escribiría un libro sobre este Mundial, pero hubo dos escenarios: uno en Qatar y otro acá, en Argentina. Había un relato para poner manos a la obra.
—No hubo grieta en el mundial, pareciera lo único que nos une sin condiciones. Te parece que es así?
—Es posible, sí. Ni siquiera aparecieron los odiadores del fútbol como fenómeno popular. Habrían quedado al descubierto: no hubo hecho que llevara a las calles del país más gente en la historia argentina que durante las celebraciones de este Mundial. El mayor poder del fútbol es que regala alegría, y nunca regaló más alegría que en diciembre de 2022. Los futbolistas además no suelen hablar en público de sus identificaciones políticas, si es que las tienen, por lo que la "grieta" acá quedó minimizada a la casi nada. Y si además le sumas que el fútbol en Argentina muchas veces es el triunfo posible, en medio de un contexto socio económico muy adverso, la unanimidad cierra.
—¿Que te hizo a vos recuperar el entusiasmo por la selección?
—Que ya había pasado mucho tiempo desde el último Mundial ganado y me di cuenta de que mi hijo, Félix, de 7 años, y todos sus amiguitos –como todos los chicos y chicas del país, claro-, podían vivir todo lo que mi generación había experimentado en México 1986. Tengo 48 años y había algo de "yo ya viví el 86 pero ojalá estos pibes tengan su propio 86". El fútbol argentino lo necesitaba: antes de Qatar, los chicos vestían la camiseta de Messi, pero la del PSG o la del Barcelona, no tanto la de la selección. Ahora tienen la de Messi de Argentina.
—¿Por que decís 'nuestro mundial´?
—Porque escribo de quienes nos quedamos acá, en Argentina, o sea del 99,9 por ciento del país. Somos los que vimos el Mundial con nuestros amigos, familiares, parejas, hijos, padres, abuelos, los que salimos a las calles, los que nos abrazamos con extraños. Fue nuestro Mundial.
—¿Cómo se le puede explicar al mundo el recibimiento a los jugadores?
—Que Argentina es un país que se aferra al fútbol como su gran identidad y su triunfo posible. Y es un triunfo posible que ocurre muy cada tanto, posiblemente una vez por generación. El futbolista argentino tiene una identidad propia, escindida de los ingleses y escoceses que trajeron el fútbol a comienzos del siglo pasado. Hace más de 100 años que el fútbol argentino inventó "la nuestra", un estilo propio que proyectaría a Diego Maradona y Lionel Messi. Es posible que Argentina, como país, no tenga esa identidad definida de manera tan clara, o al menos tan ganadora como su fútbol. Y no sólo hablo de nuestro país, hablo de este lugar en el mundo: acá el viento sopla en contra. De repente esa gran identidad nacional gana el torneo más importante del planeta y encima en verano, el único Mundial en verano del hemisferio sur. Cómo no salir a la calle, entonces.
—¿Qué te gustaría que el lector encuentre en este libro?
—Que forme parte de la memoria de un festejo colectivo único. Que el lector, al leerlo, recuerde todo lo felices que fuimos en diciembre de 2022, encima un mes tan simbólico para Argentina. Porque el paso del tiempo es inevitable, y semejante alegría en algún momento va a empezar a ser olvidada. Este libro, espero, puede actuar como asegurador de recuerdos, como un señalador de la felicidad argentina.
—¿Qué te parece que significa Messi?
—Es un superhéroe, es alguien más vinculado a Marvel que a la FIFA. El fútbol tiene un problema a resolver en estos tiempos de pantallas múltiples: conseguir la atención de los chicos, atraerlos aún en un momento en que la industria del entretenimiento se disparó sin límites. Messi lo consiguió en el Mundial, porque incluso pasó la barrera del futbolista: el "qué miras bobo" lo llevó a la cultura popular. Esa simple frase le valió más popularidad que 100 goles juntos.
—Para los que no sabemos de fútbol ¿es necesario sufrir tanto para valorar y disfrutar?
—No hay victoria sin sufrimiento. No hay progreso sin esfuerzo. El deporte suele ser como la vida de cualquier persona, una buena y una mala, un triunfo y una derrota. ¿Cuántas derrotas tuvo Messi en el medio? ¿Cuántas heridas tuvo la carrera de Maradona? Y estamos hablando de los dos tipos más gloriosos. Es tan difícil ganar un Mundial…. Tan difícil. Y eso implica una competencia feroz que te lleva a sufrir. No hay otro modo. A la vez, cuanto más sufrimiento en el camino, mayor felicidad al final.
