El poeta, físico y matemático chileno Nicanor Parra, creador de la antipoesía y uno de los íconos mayores de la literatura hispanoamericana del siglo XX, falleció ayer a la madrugada a los 103 años en su casa del balneario de Las Cruces, en Chile.

Irreverente, singular, ganador de numerosos galardones literarios, entre ellos el Premio Cervantes, y eterno candidato al Nobel, Parra construyó una sólida obra poética integrada por "Cancioneros sin nombre" (1937), "La cueca larga" (1958), "Manifiesto" (1963), "Artefactos" (1972), "Obra Gruesa" y "Ecopoemas" (1982). Su consagración unánime llegó en 1954 con la publicación de "Poemas y Antipoemas" (1954), texto caracterizado por un enfoque narrativo, mayoritariamente en torno a un antihéroe y con un lenguaje coloquial en el que se destacan el humor y la ironía.

Nicanor era hermano mayor de una estirpe de creadores geniales -como la cantautora y artista Violeta Parra- y hasta ahora último sobreviviente de una generación de poetas chilenos integrada por Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Gonzalo Rojas.

"El poeta es un hombre como todos/un albañil que construye su muro: /un constructor de puertas y ventanas", escribió en un manifiesto que data de 1963, donde sentó las bases de su obra antipoética, basada en el habla cotidiana y a su vez permeable al humor y al absurdo.

Definido alguna vez por Ricardo Piglia como "el mayor poeta de la lengua después de Vallejo", también fue reinvindicado por el mítico escritor chileno Roberto Bolaño, quien lo reconoció como uno de sus mentores: "El que sea valiente que siga a Parra. Sólo los jóvenes son valientes, sólo los jóvenes tienen el espíritu puro entre los puros. Pero Parra no escribe una poesía juvenil. Parra no escribe sobre la pureza. Parra escribe como si al día siguiente fuera a ser electrocutado".

Nicanor Segundo Parra Sandoval fue el mayor de nueve hermanos. Nacido en San Fabián de Alico, el 5 de septiembre de 1914, el hijo de un profesor primario y músico y de una modista, llegó con sus mejores credenciales a estudiar a Santiago, donde ingresó por una beca de la Liga de Estudiantes Pobres para estudiar Matemáticas y Física en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.

A los 23 años, debutó en la literatura con el poemario "Cancionero sin nombre", un título del que renegaría con los años, a pesar de que el ejemplar se adjudicó el Premio Municipal de Santiago y le valió que Gabriela Mistral lo señalara como el futuro poeta de Chile.

A fines de los 40 viajó a Inglaterra, donde llegó a la Universidad de Oxford, becado por el Consejo Británico. Allí realizó un doctorado en cosmología, mientras entre lecturas de Shakespeare y Newton comenzaba a perfilar el libro que cambiaría el rumbo de la poesía hispanoamericana: "Poemas y antipoemas". En los 60 llegaron las traducciones al inglés en las versiones de figuras de la talla de Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, William Carlos Williams y Thomas Merton. En 1969 recibe el Premio Nacional de Literatura. En 1991 obtuvo en México el Premio de Literatura Juan Rulfo, que dispara la edición, dos años después, de la antología "Poemas para combatir la calvicie". Y en 2001 recibe el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, mientras que una década después, en 2011, es reconocido, a los 97 años, con el Premio Cervantes.

"Flaco de nacimiento / Aunque devoto de la buena mesa; / De mejillas escuálidas / Y de más bien abundantes orejas; Ni muy listo ni tonto de remate / Fui lo que fui: una mezcla / De vinagre y de aceite de comer /¡Un embutido de ángel y bestia!", se autodefine en su poema Epitafio.

A mediados de los 90, el poeta se instaló en el balneario de Las Cruces y desde entonces su residencia se convirtió en peregrinaje inevitable de escritores, políticos, académicos y estudiantes como Bolaño, Bachelet y Piñera. Chile y el mundo lamentan hoy su partida.