Ocurrió una madrugada de diciembre, sesenta años atrás. Un lúgubre estudio de grabación en París fue escenario de una reunión cumbre que pasaría a la historia. Allí se dieron cita Miles Davis con su ocasional quinteto de músicos franceses, la actriz Jeanne Moreau, el cineasta debutante Louis Malle y el escritor Boris Vian. Luego de ocho horas de sesión, todos salieron del Poste Parisien con la certeza de que se había alumbrado una banda de sonido que daría que hablar. La historia ratificó que fue así: el soundtrack de la película Ascensor para el Cadalso se transformó en un ícono del maridaje entre el cine y el jazz.

Para muchos, el film de Malle, un thriller cuya trama parte del plan de dos amantes para asesinar al marido de ella y a la vez jefe de él, no sería lo que fue sin la sugerente e intensa musicalidad que le entregó Miles Davis. El propio Malle admitió, en referencia a la última secuencia de la película, que la intervención de Miles “proporciona una dimensión verdaderamente extraordinaria a la imagen visual”. En verdad, se trató del primer film donde el jazz y el cine se ensamblan de manera deliberada para fortalecer el mensaje artístico. Miles logró crear un recorrido musical para enfatizar y dar peso dramático a la acción. Como se dijo, no faltan los críticos de cine que aseguran que Ascensor para el Cadalso no hubiera alcanzado la estatura que logró con una banda de sonido diferente.

La trastienda de esta historia indica que todo comenzó con una propuesta del dueño del club de jazz Saint Germain, Marcel Romano, para que Miles se trasladara a fin de 1957 a París para una serie de conciertos. El trompetista había estado de gira en esa ciudad en 1949 y en 1956. Entabló entonces relación con Sartre y Simone de Beauvoir, recorrió la noche con Boris Vian y sedujo a Juliette Gré- co. En Francia lo trataban con una admiración que no recibía en su país. Romano, a la vez, aspiraba a filmar un documental para registrar el clima de una sesión de grabación con músicos de jazz, pero el proyecto fracasó. Fue entonces cuando el asistente de dirección de Louis Malle, Jean-Claude Rappeneau, fanático del jazz, propuso encomendar a Miles la banda de sonido de la película que marcaría el debut de Malle como director. Miles aceptó y convocó a los músicos franceses que lo estaban acompañando en la gira: Barney Wilen en saxo, René Urtreger en piano, Pierre Michelot en bajo y Kenny Clarke en batería. Miles llegó al estudio aquella noche con apenas unas secuencias armónicas como plan inicial. A partir de allí todo se improvisó, mientras escenas clave del film se proyectaban en loop en la sala, con Malle supervisando y Jeanne Moreau, la protagonista, conversando y animando a los músicos. Boris Vian escribió un breve texto para la edición original del disco, que lanzó en Europa el sello Fontana. En 1988 el soundtrack se editó en CD con el agregado de tomas alternativas y se reeditó remasterizado en 2004. En coincidencia con los sesenta años de esta obra cumbre, resurgieron las ediciones en vinilo, una de ellas a cargo del sello Jazz Images, con fotografías del legendario Jean-Pierre Leloir. Imágenes que, como la música y la película, ya forman parte de la memoria artística colectiva.