Hay una enorme parte del público de series -quien escribe estas líneas allí se incluye- que se siente irremediablemente atraída por las temáticas apocalípticas, generalmente asociadas a una epidemia. El subgénero zombie comienza a agonizar, con el decaimiento de su show estrella, The Walking Dead, por lo cual Netflix apostó a contarnos el fin del mundo con un condimento diferente.

En The Rain, la primera producción de la plataforma de streaming realizada en Dinamarca, el componente escandinavo sin duda aporta el paisaje y la mística ideales para una nueva aventura de superviviencia. Pero esta vez no hay muertos que caminan, y la fatalidad viene con un fenómeno natural tan corriente como lo es la lluvia.

Simone es una adolescente cuyo padre se le aparece intempestivamente en la escuela y se la lleva a la rastra diciéndole que todos están en peligro mortal porque se avecina una tormenta. La confusión de la joven aumenta ya que mientras viaja a toda velocidad por la autopista junto a su madre y su hermano Rasmus, sus padres no le dan ninguna información y un berrinche tonto del nene ocasiona un accidente en cadena. Esa será la primera actitud torpe -de varias- que cometerán sus dos protagonistas.

Una vez que la familia llega, corriendo, a un búnker bajo tierra al cual el papá tiene acceso por su calidad de científico, comienza a caer el agua que envenena. Pero a poco de instalarse, muertos de miedo, en ese refugio de alta tecnología, el hombre les dice que debe salir porque "sólo él" tiene la solución y puede salvar al mundo. Y le encomienda a su hija mayor cuidar a toda costa al pequeño porque "es la clave de todo" y "nadie tiene que encontrarlo". Menuda forma de avisarnos demasiado pronto que el señor seguramente tiene algo que ver con la matanza que está ocurriendo.

De hecho, una de las cosas que puede criticársele a The Rain es lo rápido que devela en su primer episodio tantas pistas, con flashbacks demasiado explícitos.

Sin embargo, papá no vuelve (no es éste un spoiler significativo), y sus hijos pasarán nada menos que seis años de vida subterránea hasta que comienza a acabarse la comida y deciden salir a ver cómo están las cosas afuera.

Además de lo terrible que supone que la imparable lluvia tome el rol de verdugo de la humanidad, lo que distingue a esta serie de la mayoría en su tipo es que quienes luchan por sobrevivir son todos adolescentes. Con lo que eso puede acarrear.

A lo "Gran Hermano", primero el encierro y luego convivencias forzadas generan situaciones de esas que prueban los límites de los seres humanos. Lo peor de cada uno aflora, pero también pueden descubrirse valentías y sentimientos de camaradería imprescindibles en un mundo que se termina.

Qué mejor que un grupo de jóvenes para refundar el planeta, ahora sin estados, leyes ni normas de conducta. ¿O no?

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