Apenas tres temporadas (2001-2003) le bastaron a "The Office" para convertirse en un clásico inoxidable de la comedia británica y consolidar a Ricky Gervais como uno de los referentes del humor inglés. Este actor, productor, escritor, director, guionista y músico es de los que siempre encuentra la manera de provocar al público con su mirada ácida de la vida y las personas.

Ahora en "After Life: más allá de mi mujer", Gervais da a luz a su criatura más melancólica, sin perder la ironía y el sarcasmo mientras navega las aguas de un humor muy negro, pero también del drama más puro, de esos que arrancan lagrimones. Probablemente inspirado en aquella gran película romántica "Posdata: te amo" (2007) en la que Hilary Swank transitaba el duelo por la muerte de su marido (Gerard Butler) de manera poco usual, gracias a que él preparó una forma original de seguir acompañándola después de su partida, aquí Tony (Gervais) cuenta con un extenso video que Lisa le deja grabado como "tutorial" para seguir su vida sin ella.

Pero en este caso, el protagonista simplemente no desea seguir adelante. Quiere morirse también, y su intento de suicidio es frustrado por la irrupción de su (encantadora) perra, el único vínculo con aquel pasado feliz junto a su esposa que Tony atesora.

Los meses desde que Lisa falleció víctima del cáncer fueron de tormento para su viudo, que decidió "vengarse" de la vida "haciendo y diciendo lo que quiero, sin importarme nada" tal cual le explica a su cuñado, que le tiene una paciencia insuperable. Es que Tony se convirtió en un ser odioso, taciturno, deprimido, pasivamente agresivo; y cree que eso es una suerte de "superpoder".

El contexto no le ayuda. Su empleo en un pequeño periódico local de distribución gratuita con artículos "que a nadie le importan" como Tony lamenta, también lo deprime. Allí su jefe es justamente el hermano de su mujer, que aguanta sus faltazos y poca predisposición al trabajo por pura empatía. Su terapeuta es un cínico, totalmente indiferente al dolor que lo invade y lo mantiene pensando en el suicidio casi todos los días. Su padre (David Bradley) está senil y vive en un geriátrico, sin registro de lo que sucede a su alrededor: todos los días le pregunta por su esposa, cuya muerte no recuerda.

Así las cosas, Tony encontrará aún desde su pesimismo y perspectiva oscura de las cosas, pequeñas pistas para levantar cabeza. Mientras cubre para el diario notas ridículas como un adolescente obeso que toca la flauta con sus fosas nasales, también conocerá a gente que le hará notar que no es el único desgraciado en el mundo. Y sus compañeros de trabajo -con los que mantendrá muchos de esos diálogos entre el bullying y la risa tan "The Office"- serán un colchón emocional.

Pero el camino será arduo, y los altibajos, una constante. Tony incursionará en las drogas, se hará nuevos amigos en el cementerio que, como él, acuden allí a hablar con sus muertos, y deberá afrontar una realidad: si no se encarga de las compras, ni él ni la perra tendrán para comer. "Sos inútil" le dice Lisa desde ese video que mirará mil veces, "pero te amé desde que te conocí".

A lo largo de seis episodios en Netflix, "After life" es intensa desde lo simple de sus diálogos y una constante puja entre lo desolador de la ausencia del ser amado y los muchos motivos para volver a sonreír.