"A 121 años de su nacimiento, el perfil de Arturo Illia sigue envuelto en un nebuloso desconocimiento. Entonces, asumí el desafío de desentrañar su personalidad y dar a conocer sus logros y para eso pude contar con información de primera mano. Esto es así porque tuve la suerte de conocerlo ya que nuestras familias son muy amigas. A principios de los 80, siendo estudiante de derecho, tuve la oportunidad de compartir innumerables encuentros en donde me relató gran parte de los hechos históricos que lo tuvieron como protagonista", cuenta  el periodista y escritor Agustín Barletti.

—¿Por qué el titulo?

— A quienes fueron a destituirlo el 28 de junio de 1966 les dijo que eran "salteadores nocturnos, que, como los bandidos, aparecen de madrugada para tomar la Casa de Gobierno". De forma premonitoria les anticipó: "Sus hijos se avergonzarán de lo que están haciendo y mañana los señalarán por haber producido horas tristes en el país". Años más tarde, la mayoría de los que participaron en el golpe expresaron públicamente su arrepentimiento.

— Qué fue lo que más le impactó de su vida íntima?

Me llamó la atención su personalidad multifacética. Era un gran jugador de poker, eximio bailarín de tango, amante del yoga, del budismo y del pacifismo gandhiano. También era un ávido lector, con sólidos conocimientos en filosofía, artes, historia universal y cultura general. Podía afirmar, sin dudar un segundo, qué cantidad de escuelas había en tal pueblo, cuánto rendía el maíz por hectárea en tal localidad y hasta el número de fábricas existentes en una ciudad. Lo lograba por su prodigiosa memoria, pero también porque durante sus 65 años de militancia había recorrido cada rincón del país. Illia guardaba entre sus sienes el árbol genealógico de Argentina. Siempre le preguntaba el apellido a su interlocutor para luego comentarle que había conocido a su padre, su tío o su abuelo, con certeros detalles al respecto.

—¿Por qué no tuvo un secretario de prensa?

—No muchos saben que Illia vivió en Europa entre 1933 y 1934, que presenció el naciente fascismo al asistir a los actos públicos de Hitler y Mussolini y que pasó un par de días en un calabozo berlinés por negarse a saludar con el brazo en alto a una patrulla de las SS. Él consideraba que una gran nación con una ancestral cultura como la alemana se había desviado en su manera de vivir por la propaganda oficial y por el cerrojo a la prensa. Además, consideraba demagógico el uso de fondos públicos para difundir actos de gobierno.

— ¿Qué le parece el mote de "tortuga"?

— Illia recibió ese apodo como parte de la campaña de prensa que creó el ambiente propicio para su derrocamiento. Luego, la zoología política nos mostraría que también existían los cangrejos, que ni siquiera iban para adelante. Los guarismos de su gobierno nos hablan de una administración eficaz y muy lejos de ser inactiva. Durante su administración, entre 1963 y 1966, el gasto público disminuyó en relación con el PBI, y casi sin inflación se redujo el déficit del presupuesto de $4.054,1 millones en 1963 a $2.778,9 millones en 1965. Al mismo tiempo, la partida destinada a educación alcanzó el 24% del Presupuesto nacional, la más alta de la historia, y el Plan Nacional de Alfabetización llegó a 350.000 alumnos de 18 a 85 años. Bajo su mandato se sancionó la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil. La tasa de desempleo se ubicó en 1965 en el 4,4% y la participación del sector asalariado en el PBI pasó del 36% en 1963 al 41% en 1966. Durante su presidencia se obtuvo el mayor triunfo diplomático sobre Malvinas. La Resolución 2065 de la ONU, aprobada el 16 de diciembre de 1965, instaba a los gobiernos de Argentina y del Reino Unido a negociar sin demoras la soberanía de las islas. Por primera vez en muchos años se redujo la deuda externa, de USD3.390 a USD2.650 millones. Luego, crecería sin interrupción hasta la fecha.—

—¿La historia le da el lugar que se merece?

— La historia es un juez incorruptible que, a la larga, da su fallo para unos y para otros. Recientes encuestas de opinión colocan a Illia como la persona más honesta de Argentina, delante de Manuel Belgrano, José de San Martín, René Favaloro o el papa Francisco. Incluso cabalgando sobre sus virtudes, Illia logró superar la grieta que divide como un hachazo a Argentina y es de los pocos políticos que está fuera de toda discusión.

— ¿Cómo lo define usted a Illia?

— La mejor definición la dio el general Juan Domingo Perón cuando dijo que Illia era "un joven disfrazado de viejo".