Cuando los críticos hablamos de “plano secuencia”, nos preguntan, porque no es sencillo explicarlo. Aparece cuando una serie de acontecimientos que empiezan y terminan se registran sin que la cámara corte en ningún momento. Cito aquí dos en películas muy conocidas y masivas, que seguramente vieron. En El secreto de sus ojos, la captura del asesino en la cancha de Huracán es todo un plano secuencia que abre con una vista aérea del estadio, se acerca a una tribuna, recorta a Francella y Darín, ven al tipo, lo buscan y lo persiguen hasta que el hombre entra en el campo de juego y la policía lo detiene, con la cámara mostrando su rostro en el piso. Va de lo general (la cancha entera desde lejos) hasta lo particular y no se ven los cortes (los hay, se usan computadoras para montar, pero aquí no viene a cuento). En Los Vengadores, la primera, todo empieza con Black Widow peleando con un extraterrestre en un vehículo aéreo, pasa a su lado Iron-Man que sigue tirando rayos hasta detenerse al lado del Capitán América -al que ayuda a matar unos cuantos bichos-, se eleva la cámara hasta tomar a Hawkeye sobre un edifi cio cuando arroja una fl echa cuya trayectoria seguimos hasta ver a Thor sobre una especie de gusano-ballena volador sobre el que también está Hulk, que clava un pedazo de metal para que Thor golpee allí su martillo. Recién entonces la cámara corta a un plano general: la cámara aquí no fue de lo general a lo particular sino que recorrió un espacio para describir qué hacen esos personajes y cómo trabajan en equipo. Es más “lateral” que “hacia un objetivo”. En el primer caso, se trata de encontrar a una persona entre miles de personas; en el segundo, de ver cómo se complementa una serie de personajes muy diferentes entre sí.

Se supone que por ese lado es que un director elige un procedimiento o un encuadre: porque es pertinente a la historia. No siempre pasa, claro. De todos modos, el plano secuencia, incluso en las películas de fantasía, tiene un enorme peso realista. Es fácil, amigos: ustedes viven viendo todo en plano secuencia. No “cortan” la visión (salvo cuando cierran los ojos o duermen) para pasar a otra cosa, sino que ven todo todo el tiempo. El plano secuencia es la manera como se experimenta el tiempo “real” dentro de la acción imaginaria. Por cierto, un plano fi jo de un diálogo que empieza y termina es, también, un plano secuencia, aunque como la cámara no se mueve, no se nota tanto. La duración no es una variable para defi nir el asunto sino que la acción (la que sea, el diálogo también lo es en este sentido) empiece y termine durante la toma. Así, hay películas enteras hechas en verdaderos o falsos planos secuencia (La soga, de Alfred Hitchcock, aunque el director siempre pensó que era una tontería hacerla así, que no aportaba nada; o Birdman, de Iñárritu, que en realidad es puro efecto especial en una película que se burla de las de “efectos especiales”, una contradicción enorme). Pero los mejores planos secuencia se encuentran en otros lados.

Vamos a mencionar tres espectaculares. Histórico, el comienzo de Sed de Mal, de Orson Welles: vemos una sombra colocar una bomba en el baúl de un auto, y luego cómo ese auto recorre calles, los personajes centrales de la película se cruzan con él y el aparato cruza la frontera entre México y los EE.UU. en un pueblito fronterizo hasta que estalla. Después sabremos que en ese momento tenemos todo lo que debemos saber para entender quién hizo eso y por qué, y la clave la va a disponer un comisario corrupto, sucio y zorro (el propio Welles) que, por muy malo que sea, es el que tiene razón. Ese plano secuencia suele ser el favorito de los estudiantes de cine, pero solo funciona si se ve toda la película.

Segundo: en Boogie Nights, de Paul Thomas Anderson, en mitad de la película hay un plano secuencia -el de la fi esta de fi n de año de 1979 y el comienzo de 1980- donde seguimos al personaje de William Macy. Recordemos: Macy es el camarógrafo en ese grupo-familia que fi lma porno y está casado con una ex pornostar que lo cuernea ante sus propios ojos (interpretada por la gran Nina Hartley, pornostar real, activista feminista y educadora sexual). El hombre vuelve a ver a su esposa haciendo “lo suyo” mientras un grupo de hombres la mira, sale, va a buscar un arma, la mata y se vuela la cabeza él mismo. Todo mientras el resto festeja. El plano secuencia es pertinente porque muestra cómo, mientras todos se divierten y creen que el futuro llega, el personaje cuyos ojos “somos” vive una tragedia íntima que ya no soporta. El fin del año es el fin de su vida. Al final del filme habrá un plano secuencia simétrico que muestra el “renacimiento” de ese grupo, y cierra con un retrato del personaje de Macy como recuerdo. Esos dos planos resumen la película.

Tercero: Ojos de Serpiente, del genial Brian DePalma (que usa mucho el recurso: los 20 minutos finales de Carlito’s Way son otro ejemplo notable) muestra al personaje de Nicolas Cage, un cana simpático y un poco venal, entrar a un match de boxeo donde sucederá además un crimen. La cámara toma a este personaje, las gradas, los otros personajes centrales (la falsa rubia que interpreta Carla Gugino, la víctima, el boxeador, un militar amigo de Cage que interpreta Gary Sinise) y de pronto, un disparo y un asesinato, y nadie vio nada. Toda la película revisa ese monumental plano secuencia con cientos de personas para descubrir la verdad -una conspiración política- y el filme se cierra con una confrontación entre héroe y villano que se hace a puro corte (tres acontecimientos: una tormenta, una bola de demolición fuera de control, el cara a cara de los antagonistas, mezclados en montaje) para desmentir eso de que “la verdad” requiere evitar cortes.