Los eufemismos, la primera novela de Ana Negri, se estructura en cinco capítulos: Todo cae, Migraña, Ser clara, Cenizas y Borrarse. Introducen en una suerte de espiral hacia adentro, hacia el centro de la relación entre Clara y su madre, "un vínculo intenso que evidencia la complejidad de los afectos que se tejen en las relaciones maternofiliales".

"La novela surge cuando me doy cuenta de que llevaba muchos años tratando de elaborar el tema del desarraigo y del exilio desde mi propia experiencia. Había algo de la experiencia de mis padres que, inevitablemente, me atravesaba a mí también", explica la autora nacida en México a BAE Negocios.

-¿Tiene elementos autobiográficos?

-Soy de la idea de que cualquier escritura es autobiográfica, por más que no se la aborde explícitamente de esa manera. En Los eufemismos, además, le presté muchas anécdotas a la protagonista, aunque también muchas están intervenidas, aumentadas, matizadas. Hay toda una reelaboración que no necesariamente reproduce mi historia pero que funciona para la ficción.

-¿Por qué el título?

-Porque hay asuntos que no tiene sentido tratar de delimitar, que se escapan a las definiciones, a las temporalidades. Los eufemismos son herramientas que, de algún modo, permiten hacer alusión a eso que es inasible de otro modo. Los eufemismos nos atraviesan y diría que nuestras realidades políticas nos desquician. Los discursos oficiales muy pocas veces responden a lo que sucede en la realidad y esa narrativa dislocada e impuesta como verdad es profundamente enloquecedora.

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-¿Se pueden reparar los daños?

-No, no hay reparación posible. Lo que se puede hacer, llegado el caso, es asumir la responsabilidad y garantizar la dignidad para esas vidas dañadas.

-¿Como definís la relación entre Clara y su madre?

-Tensa y amorosa.

-¿Qué te gustaría que estos personajes generen?

-Empatía, compañía y reflexión.

-¿Qué significa, para vos, escribir?

-Significa la posibilidad de encontrarle sentido a la vida. Significa también una libertad a veces abrumadora. También siento mucha responsabilidad cuando algo de lo que escribo se publica.

-¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

-Pensada como profesión, la revelación llegó tarde. Escribo desde que aprendí a hacerlo, pero no sabía que podía dedicar mi vida a la literatura.

-¿Cuál es el peso del exilio?

-El peso de nacer durante el exilio de mis padres ha sido entender y aprender a vivir en ese espacio intermedio que se construye sin la base de un territorio preciso. Una suerte de tránsito perpetuo. Y sí, se siente al escribir. Siempre aparece la pregunta de la perspectiva, ¿desde dónde narrar?

-Si bien naciste en México, ¿qué significó el destierro en tu vida?

-En principio significó un proceso de duelo muy largo y muy difícil de entender. Desde hace algunos años lo encaro de otra manera, me parece que obliga a un movimiento perpetuo, para bien y para mal. Por un lado es una búsqueda vital, pero a veces dan ganas de parar, de permanecer en algún lado. Cuando eso parece posible se siente como una renuncia, así que hay que volver a moverse.