Ayer se cumplieron cien años del nacimiento de André Bazin. Quizás le parezca extraño este reconocimiento en un diario económico como BAE Negocios, pero es importante: Bazin es el padre simbólico de la crítica cinematográfica moderna. También el padre sustituto de François Truffaut, el creador de Cahiers du Cinéma (la revista que cambió la percepción del cine) y, de algún modo, el inspirador -quizás instigador- de la Nouvelle Vague y, con ella, del cine moderno. Gran parte de lo que usted lee sobre cine o ve en las pantallas ha sido influido por su obra, una que no tenía como fin recalar en libros, por ejemplo, sino invitar a la duda y a la reflexión.

Bazin nació en Angers, Francia, en 1918 y murió en las afueras de París en 1958. En esos cuarenta años, Bazin pensó el cine como muy pocos (entre ellos, aunque poco difundido, el uruguayo Horacio Quiroga). Era, al mismo tiempo, un católico convencido y un hombre de izquierda. Lo más importante de su mirada sobre el cine tiene que ver con la búsqueda de cierta trascendencia a partir del realismo. Es de quien se extrae la idea de "realismo ontológico" de la imagen cinematográfica, es decir que el cine es un arte (en principio eso) que se hace con la realidad. De allí lo de "ontológico", dado que todo lo que vemos en la pantalla es la huella de algo que realmente existió. Se resistía, por cierto, a la manipulación del relato (se comprende mejor con uno de sus artículos más citados, Montaje prohibido) así como de los efectos especiales. Para él, el cine era un arte personal y debía reflejar la mirada de una persona (luego será "el autor" y los críticos de Cahiers lo identificarán con el director) pero su uso del aparato debía ser invisible. El credo de Bazin es como la frase de Flaubert: el artista debe estar presente en la obra como Dios en la Naturaleza. Hoy, cuando ya no se puede confiar en la "huella" de la realidad dado que las imágenes pueden crearse, sin que lo sepamos, en una computadora, la idea del realismo de Bazin puede ponerse en discusión.

Lo que no puede discutirse es que Bazin no fue creador de una preceptiva. Aunque la más famosa de las compilaciones de sus ensayos (curada por Truffaut, a quien adoptó casi como hijo y "educó" en el cine; Bazin nunca escribió un libro) se llama ¿Qué es el cine?, se trata de reflexiones sobre la naturaleza realista del séptimo arte. En las versiones más completas -publicadas en Canadá- estas nociones están mucho más matizadas, aunque no las ideas de que el cine parte del mito fundador de reproducir la realidad (el espíritu prometeico del arte) o el "complejo de momia", complementario, por el que el cine conserva un tiempo siempre pasado, muerto en sentido metafórico. O el concepto de puesta en escena, la relación de necesidad y sentido de todos los elementos que forman el plano (no la mera "decoración", en un concepto que proviene del teatro).

Bazin creía sobre todo que el cine era expresión tan personal como la literatura o la pintura (Alexandre Astruc, crítico y cineasta, lo plasmaría de modo clarísimo en su artículo Una nueva vanguardia: la cámara-pluma) y con su influencia abrió la puerta para que el cine fuera apreciado al mismo nivel que el resto de las artes. Su influencia sigue siendo importante para pensar y hacer cine.

Nanook, el esquimal (1922) - Robert Flaherty. Escena de caza de la foca, citada en el libro de Andrè Bazin "¿Que es el cine?".

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