Thelonious Monk es una fuente inagotable de encantamientos y sorpresas. Lo fue en vida, cuando revolucionó la composición musical y lógicamente el jazz. Lo sigue siendo luego de que el año último se celebró el centenario de su nacimiento, con grabaciones encontradas y discos que se editan con la pátina mágica de un tesoro oculto.

El año último el sello Sam Records rescató la banda de sonido de la película Les Liaisons Dangereuses, que este venerado sacerdote del jazz grabó en 1959 pero que permaneció inédita. Se lanzó como disco doble, que incluyó el soundtrack de la película de Roger Vadim estrenada en 1960 más tomas alternativas y versiones en piano solo y en cuarteto de los clásicos monkianos. Fue en esa sesión en la que Thelonious apeló a dos saxos tenores en la front line: además de su habitual coequiper Charlie Rouse, alistó a Barney Wilen, a quienes acompañaban Sam Jones en bajo y Art Taylor en batería.

Los festejos no terminaron con aquel lanzamiento. Gearbox Records anuncia para fin de mes la edición de MØNK, un disco que recoge una presentación del pianista junto a su grupo en Copenhaguen, en 1963. La cinta fue rescatada de una serie de mudanzas y fue trabajada técnicamente para lograr una restauración sonora impecable. El set refleja un show de Monk en el club The Old Fellow de la capital de Dinamarca junto a Charlie Rouse en saxo, John Ore en bajo y Frankie Dunlop en batería. La intervención de los técnicos de Gearbox habilita a escuchar el cuarteto como si estuviera tocando en la sala donde suena el equipo de audio. Sin contar con que buena parte de esa gira encontró a Monk en un momento de especial vitalidad. Habrá que recordar que poco después de esa presentación Thelonious fue tapa de la revista Time, una de las contadísimas ocasiones en que un artista de jazz mereció la portada de esa publicación, a juicio de sus editores.

La extraordinaria influencia de este artista fue creciendo con los años, a medida que cientos de músicos de todos los estilos y vanguardias sucumbían a la tentación de ofrecer su propia relectura de los standards monkianos, que no sólo resisten el paso del tiempo con una sorprendente dosis de modernidad sino que también afrontan con nobleza las exploraciones más arriesgadas.

El nuevo disco la escritura de su apellido es un homenaje al país anfitrión de ese show de 1963- recrea clásicos monkianos que sus adoradores nunca se cansarán de escuchar en versiones diversas, como Nutty y Monks Dream, así como temas emblemáticos del recorrido jazzístico, Body and Soul y Im getting sentimental over you, entre ellos.

Que siga sonando Monk, entonces, como en aquella década valorada, lejos del perturbador final que lo encontró en la casa de Pannonica, la baronesa que lo protegió en sus últimos días, acosado por fantasmas y demonios que no destruyeron su legado sino que agigantaron su leyenda.