Hace cuatro años el pianista Brad Mehldau tuvo un sueño particular: el actor Philip Seymour Hoffman le leía la Constitución norteamericana en la señorial biblioteca de una vieja mansión. Lo hacía de modo mesurado pero firme y estoico. Por detrás de esa lectura se esbozaba una melodía que Mehldau logró retener y escribir apenas despertó. Fue el puntapié inicial para el disco que este artista superventas del jazz acaba de editar con su trío bajo el título Seymour Reads the Constitution en Nonesuch Records.

El destino quiso que dos semanas después de aquel sueño Seymour Hoffman muriera. Mehldau, más allá de la tristeza, entendió que su exploración onírica debía ser transformada en acto. No sería la primera vez. El pianista confesó que a menudo los sueños juegan un papel en su música. Asegura que los considera una actividad que ilumina la mente y a la vez una experiencia espiritual. Y en este caso particular, la lectura de la Constitución acaso simbolice una profecía política para lo que vendría después en la era trumpiana. Como sugiere el propio Mehldau, con su muerte, Seymour Hoffman pareció decir: Yo no estaré para vivir esto.

Más allá del origen del título, el nuevo disco de Mehldau es un regreso a su zona confortable del jazz en formato de trío acústico. El pianista viene de un experimento con el well tempered clavier de Bach que tuvo una favorable acogida en ventas pero que tal vez haya estado teñido por cierto ánimo pretencioso. También había coincidido con el cantante y mandolinista Chris Thile en un trabajo de crossover que también logró aceptación del público.

Seymour encuentra a Mehldau interactuando con naturalidad con dos viejos compañeros: Larry Grenadier en bajo y Jeff Ballard en batería. Se conocen mucho, vienen tocando juntos desde hace casi 20 años y emprenderán ahora una extensa gira para promocionar el disco. Esa conexión se nota en la música. Se interpelan, se responden, juegan en una suerte de sesión relajada y diáfana, que será sin duda un estímulo para los adeptos al Mehldau más tradicional, aquel que combina composiciones propias con reversiones de standards del rock y el pop. Los hay aquí, como en muchos de sus trabajos. En esta ocasión es el turno de Mc Cartney y Brian Wilson. Pero también hay lecturas particularmente interesantes de composiciones grandes nombres del jazz como Elmo Hope y Sam Rivers.

Mehldau logra puntos elevados en el título que da nombre al disco y en Ten Tune, ambos de su autoría. Cierta reminiscencia del sonido de Keith Jarrett sobrevuela no sólo en esos temas sino en el concepto global del álbum.

Es verdad que abordar clásicos del pop puede ser una fórmula destinada al éxito en manos competentes. Pero Mehldau va un paso más allá: vuelve impredecible lo que a priori es predecible. Se podrá decir que se repite con cierta asiduidad. Tal vez eso explique su disco After Bach y su cruce con Chris Thile. Y se dirá también que no es un músico que haya marcado rumbo en el jazz. ¿Y por qué habría de hacerlo? Con este nuevo disco, en todo caso, vuelve a su rumbo original y es bienvenido que así sea.

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