Otra vez, y dentro de toda lógica, los cines lograron vender más de un millón de entradas entre el jueves y el domingo, con cuatro películas por encima de los 100.000 espectadores. Ganó el fin de semana (también dentro de la lógica) el estreno animado Hotel Transylvania 3, no por casualidad el de mayor cantidad de pantallas ocupadas (la grosería de 408). Los primeros puestos de la lista incluyen Los Increíbles 2, que es más que probable que supere los tres millones de entradas con la perspectiva de las vacaciones de invierno; 12 horas para sobrevivir: el inicio, que es la única película "para adultos" del lote de cabecera (y es un éxito extraño, por lo demás) y Jurassic World 2, que pasará la barrera de los dos millones de tickets al terminar el receso escolar.

Está bien en números la comedia argentina Re Loca (que arañó los 100.000 en segunda semana) y quedan como curiosidades que el estreno de acción Rascacielos se quedó de la mitad de tabla para abajo y que Ant-Man y la Avispa sea la única película Marvel de los últimos cinco años en no debutar en el primer puesto -que tampoco alcanzó nunca. Curiosamente, es el filme de superhéroes con mejor crítica en lo que va del año, pero el personaje no es tan popular. De todos modos, la recaudación es decorosa.

No lo es, en cambio, la de Bañeros 5. La película argentina quedó en el octavo puesto, con un promedio de poco más de 200 espectadores por pantalla. Dado que, como todo filme "para la familia" no se ve en todas ellas en todos los horarios, ese promedio es un poco mentiroso. Pero aquí hay que tener en cuenta tres cosas. La primera, que ni por ser comedia ni por ser argentina la película está tan bajo en la tabla: Re Loca está muy bien y sumando de modo constante. La segunda, que las críticas fueron -con absoluta justicia- lapidarias, incluso si en estos casos el público no suele leerlas (no pasa con los tanques o con los filmes muy populares: quien tiene decidido verlos, los ve igual sin prestar atención a los comentarios). La tercera, que Bañeros 4, de 2014, tuvo un millón de espectadores y debutó en el primer puesto. ¿Por qué entonces estos números? La respuesta es que esta clase de espectáculos televisivos, filmados a las apuradas y sin ningún atractivo visual, hoy, carecen de público. Quien paga una entrada de cine (cara), busca al menos una experiencia sensorial y visual que no sea lo mismo que puede ver en cualquier otra pantalla. Las películas pueden ser malas o buenas, pero al menos deben resultar atractivas a la vista. Si se va a pagar por una entrada, que sea por algo que valga realmente la pena. Un cine improvisado de corte televisivo no tiene la menor oportunidad.

Contracara: el estreno Stefan Zweig, adiós a Europa, tuvo casi tres mil espectadores. Pero dividido en siete salas, el promedio fue del doble (o poco más) que Bañeros... Ese sector, el de arte y ensayo, mantiene un público constante: atenderlo con buenas copias y variedad de horarios y filmes puede crear un salvavidas al negocio para cuando los tanques escasean. Es una idea, claro, por ahora sin demasiado eco en la exhibición hiperconcentrada que padecen las salas argentinas. Basta ver cuántas pantallas están ocupadas por las películas más taquilleras.

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