Si se mira con poco sentido crítico el top ten semanal, se descubre que hay cuatro películas argentinas entre las diez más vistas de jueves a domingo (y esta nota no computa el lunes del fin de semana largo, que es una especie de domingo extra). Si se ven los números, se puede notar que son buenos: El Ángel sigue primera con más de 200.000 espectadores y el estreno de la comedia Mi obra maestra logró casi 140.000, lo que no es menor. Ahora bien: si se ven las proyecciones (las películas pierden, en promedio, un 30% de espectadores semana a semana; si el boca a boca es bueno, menos; si no, más) es muy difícil que alguno de esos títulos llegue al millón de espectadores. Barrera simbólica pero clara. En general, estos filmes tienen como punto de equilibrio (es decir, el momento en el que los productores comienzan a tener un ingreso, tras recuperar el costo de la realización) en los 700.000 espectadores. El número se vuelve, cada vez, más difícil, aunque será cuestión de ver en estas semanas cómo se desarrolla cada título.

Algo interesante para entender -al menos hasta cierto punto- qué es lo que sucede con el cine nacional en este panorama es lo bien que le fue a Megalodón, el estreno más "fuerte" del jueves, una película de aventuras con Jason Statham y un tiburón gigante que tuvo críticas no demasiado entusiastas (en todo el mundo, dicho sea de paso). Quedó en segundo lugar con un buen promedio respecto de la cantidad de salas. El motivo es simple: hay un público mayoritario que quiere exclusivamente grandes espectáculos. De allí que, más allá de las excepciones del caso (El Ángel sería una de ellas, pero, nuevamente, hay que ver qué sucede en las próximas semanas), si no hay un tanque atractivo y de marca que se haya instalado previamente, es muy difícil que la taquilla funcione bien. Suena repetido -esta columna lo viene advirtiendo desde el año pasado- pero no está de más: a pesar de la crisis, la inflación y la devaluación, no se venden menos entradas que otros años (de ser así, Los Increíbles 2 -a la que el cimbronazo económico le pegó de lleno dada su fecha de esteeno- no estaría en 3,5 millones de espectadores, por ejemplo). El problema consiste en que el público que sostiene el negocio no es precisamente el cinéfilo, sino quien quiere una salida de fin de semana y, por razones muchas veces ajenas a la película en sí, decide ir al cine. Ese público, concentración creciente mediante (un proceso cada vez más acelerado que arrancó con fuerza a partir de 2005), identifica el cine con los tanques, casi de manera exclusiva. Una prueba: no funcionan como antes -al menos en nuestro mercado- las estrellas. Los dos nombres que más público arrastran en el cine argentino (Darín y Francella) están en cartel. El primero va a quedar muy por debajo del millón con El amor menos pensado; el segundo, es materia discutible pero depende mucho del boca a boca (por ahora, bueno). Pero no es solo un asunto local: vean la performance de Misión: Imposible-Repercusión, además con excelentes críticas y consideren que Tom Cruise era una de las naves "inhundibles" de la taquilla. Los hábitos cambiaron, un público se perdió y no puede saberse si se puede recuperar. Tales son las noticias.

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