-¿Como llegaste al título?

- El título fue más bien el resultado de un juego que de una búsqueda. Pensaba en una palabra que pudiera referenciar a las dos historias que se cuentan en el libro. Y cómo, de alguna manera, cada una de ellas es antítesis de la otra, creí que la palabra que diera nombre al libro tenía que ser una palabra inventada. Felleza surge de la combinación de "lo feo" y "lo bello", pero también surge como resultado de la voz de uno de los personajes que en una escena afirma que "La belleza en realidad no existe. La belleza es una cuestión de fe".

-¿Cuánto pesa en la vida de una mujer de hoy la belleza?

- Pesa mucho. Dentro del famoso "deber ser" que recae sobre todos quienes habitamos este mundo, nuestro "deber ser" cómo mujeres, todavía está lejos de los talles pequeños, el mantener cierta apariencia o manejarnos de cierto modo. Todavía hay violencia institucional si sos gorda, si tenés granos o si no te vestís a la moda. Todavía sucede en todas las esferas y ámbitos que "la belleza" otorga poder o "la falta de ella" lo quita. Toda ésta explicación se desvanece si yo te pregunto a vos: ¿De qué hablamos cuando hablamos de 'belleza'? ¿Se toca, se adquiere, existe? Es una convención, o un paquete de convenciones. Nada más. Pero pesa.

-¿Por algo en especial decidiste escribir los cuentos desde ahí?

-Porque son historias que me resultan familiares. Por haberlas vivido algunas y por haberlas visto otras. Y porque aunque sean particulares, generan empatía fácilmente. Son historias mías, sí. Pero en algún punto todos lo vivimos. Quería contar algo que fuera divertido pero que a la vez enunciara una pregunta: ¿De qué nos reímos?

-¿Los pensantes como un todo o son cuentos que fuiste haciendo?

-Fueron escritos por separado. En algún momento entendí que podrían convivir porque tienen una semilla común, entonces los convertí en libro.

-¿Por qué elegiste sumarle ilustraciones?

-Creo que había escenas que necesitaba verlas más allá de lo narrado. La ilustración responde a una necesidad mía. Siempre necesito transformarlo en algo más. Tengo formación guionista, por eso de alguna manera siempre espero que lo escrito se convierta, mute, se transforme o se multiplique. Cuando presenté el libro hice una lectura dramatizada con música en vivo. Para mí pasa por ahí, y deseo que un poco le pase a los lectores también. Las historias tienen momentos teatrales y momentos audiovisuales. Me gusta que no quede solo en aquello que se lee. Si se vuelve una experiencia, mejor.

-¿Cuánto se pierde en la búsqueda de lo que la sociedad dice que es belleza?

-Supongo que autenticidad y frescura. Eso sobre todo. Buscar la belleza no es más que imitar o reproducir un canon establecido. La búsqueda como acción está llena de imprecisiones, de azares, de sorpresas; pero la belleza que se "discute" en éstas historias justamente es aquella que no da lugar a lo auténtico e impreciso.

-¿Por qué es una demanda a la mujer?

-No creo que sea una demanda a la mujer. Quizás sí una invitación, pero no una demanda. Creo que es contemplativo porque se detiene en dos personajes y los narra. No tiene una mirada crítica sobre esas mujeres, pero sí sobre las historias y sobre los personajes que las rodean e impactan sobre sus acciones. Para echar un poco de luz sobre la pregunta, puedo decir que la segunda historia está inspirada en mi abuela. Y no porque ella haya vivo exactamente esos acontecimientos, sino porque son escenas que me hubiera gustado que las viviera. Por eso hablo de 'invitación', porque invita a repensarnos desde otra perspectiva. Menos correcta, más real.

-¿Qué te gustaría que el lector encuentre en el libro?

Me gustaría que los lectores se encuentren en alguno de los personajes, que se sientan representados. Y que a través de esa identificación puedan reflexionar. Por otro lado, algo fundamental para mí, es lograr encontrar el humor en el drama. Creo que eso descomprime, desinflama y libera. Eso también le deseo a mis lectores: que encuentren el humor en el drama. Sin culpa, sin pensar que es pecado.

-¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

- Cuando nací. O casi. A los cinco años ya experimentaba la abstracción y me perdía imaginando historias. Años más tarde escribía canciones y las cantaba en la terraza de mí casa de crianza, al compás de una guitarra de estudio. Supongo que lo supe siempre, pero me convencí de más grande. Y fui encontrando el lenguaje de a poco. Un día sentí que la narrativa me dejaba saltando en las nubes y entonces dejé que suceda.

-¿Hay una literatura feminista?

-Si, la hay. Pero, desde mí punto de vista, creo que hablar de literatura feminista recorta el público. Creo que todas las artes inevitable y maravillosamente absorben las discusiones y necesidades de la época. Lo que el colectivo feminista reclama, reivindica y pone sobre la mesa de discusión, es necesario que esté en las historias que se cuentan, en los espectáculos que se ven, en la música que se escucha. Es necesario que exista un escenario literario de-constructivo para todos, que trate -en el formato que sea- los temas que respectan al feminismo. Y no solo porque es necesario que queden enunciados, sino porque además es fundamental que esos temas queden puestos en ejercicio, en práctica. Por ejemplo, en una ficción.