*Especial desde Cannes

El ritmo pueblerino de lo que no deja de ser una pequeña ciudad playera fuera del período estival se ve revolucionado por los trabajos de último momento; aquellos que se necesitan para poner a punto el festival de cine más glamoroso y reconocido en el mundo entero.

Contra lo que podría pensarse, y aún cuando se labora en continuado durante todo el año para la muestra, los últimos instantes son aquellos en los que se levantan las estructuras, se ponen las vallas, se arreglan (o “construyen”) las salas (que multiplican por mucho las que funcionan durante el período ajeno al festival) y se cubren de alfombras rojas las escaleras.

La gala de inauguración está prevista para las 19.15 (14.15 de Argentina) en el Grand Théâ- tre Lumière, donde a las 20.30 (15.30) se proyectará la película de apertura, pero todavía todo es apuro de última oportunidad. Cada año es igual y parece mentira que, en el momento debido, las cosas funcionarán adecuada y aceitadamente.

La utilización del tiempo y las locaciones del Palacio del Festival es muy cara, así que todo es cuestión de planificar (antes) y correr (ahora).

La película elegida para la apertura es Todos lo saben, del iraní Asghar Farhadi (La separación, El pasado, El cliente), coproducción franco-ítalo-española hablada en castellano, con los protagónicos de Javier Bardem, Penélope Cruz y Ricardo Darín. Esto es una anomalía y hay que remontarse hasta la premier mundial del opus menos querido de Pedro Almodóvar, La mala educación, para encontrar la única gala de inicio con un filme en español. Pero ese detalle no ha generado este año tanto revuelo como la disputa (o guerra declarada, cabría decir) entre el Festival de Cannes y la empresa Netflix, y las nuevas reglas que regirán este año las funciones para la prensa.

Al respecto, Cannes ha asumido una actitud de rebeldía que parece ir en contra del signo de los tiempos. El festival, contra viento y marea, se resiste a abandonar la lógica de la visión de las películas en las salas de cine y del secreto que sabía rodearlas hasta el momento de su primera proyección.

Es por eso que la decisión de no permitir la participación en la selección oficial de aquellas películas que no tendrán estreno en salas (y fue esta decisión lo que llevó al conflicto con Netflix) va en línea con los cambios que irritaron a la prensa local e internacional.

Con esas nuevas normas se determinó que a partir de este año, las películas en competencia oficial serán vistas simultá- nea o posteriormente por los críticos y la prensa.

Las habituales sesiones matinales de películas cuyas premieres tenían lugar a la tarde o a la noche, pasará a la mañana siguiente. En tiempos de Twitter, parecería ser, no hay embargo que valga y la sensación es que, al momento de la premier mundial, la crítica ya había dado su veredicto. ¿Podrá mantenerse mucho tiempo la pelea contra Netflix y la prensa al mismo tiempo?

A cincuenta años de aquel mayo que llevó a suspender el festival, el cine francés (o al menos el Festival de Cannes) vuelve a levantar la bandera de la resistencia y parece afirmar que no hay que dar por perdida la batalla.

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