Varias veces hablamos en esta columna de lo que fueron y son los videojuegos pornográficos. Es un campo vastísimo que tiene toda clase de derivaciones. Los comerciales y mejor realizados son de un grado de realismo notable, a la par de los "otros" videojuegos. Cuando uno los ve, comprende por qué la industria del VG gana mucho más dinero que el cine. La película está siempre terminada: no hay nada más que hacer una vez que terminó y no tiene extensión posible. Un videojuego no solo "dura más", sino que, además, depende en gran medida de nuestras elecciones y nuestra habilidad. Es un mundo en el que podemos hacer algo, donde nuestra participación es necesaria, por muy codificada que esté. Durante el rato que decidimos jugar somos parte de un universo totalmente diferente del nuestro. Suena de Pero Grullo, pero empecemos por subrayar que es un universo que elegimos, a diferencia de esto que nos rodea y que no podemos alterar en modo alguno. Si en el cine nos identificamos con otro -si no, al menos el cine narrativo clásico no funciona-, siempre existe el límite de nuestra impotencia: nada podemos hacer para cambiar lo que el guión le dicta como destino. En un videojuego eso no es así.

Hay varios tipos, claro. Como dijimos, están los que narran una historia y se "completan", se terminan en algún punto, algo así como una ficción interactiva. Y existen aquellos que crecen y se ramifican a medida que jugamos, que no terminan nunca. Son, de algún modo -y permítanme un dejo de profecía-, el molde de nuestra experiencia futura, esa en la que no dejaremos nunca el sillón de nuestra casa y viviremos en un mundo a elección y alternativo donde muchas de nuestras imposibilidades desaparecerán. No será una vida mejor, pero quizás tampoco sea una vida peor. Y, volvamos al principio, comenzó cuando se popularizó un aparato de color madera llamado Atari 2600. Que tuvo su debut sexual en 1981 gracias a una empresa que creyó que podía engañarnos con un puñado de píxeles.

Hace mucho que vengo buscando la lista completa de las producciones de la casa editora Mystique, subsidiaria de la productora porno Caballero Control, que tenía algún peso en el negocio del cine XXX entonces. Atari era una de las empresas que se estaba adueñando del universo gracias a la 2600, que permitía tener juegos a todo color y una enorme variedad. Atari además había ocupado el centro del entretenimiento familiar en un momento en el que la otra gran empresa "para la familia", Disney, vivía un eclipse del que saldría para convertirse hoy -casi- en el centro del Universo (pero esa, diría Kipling, es otra historia). Y entonces los tipos de Mystique lanzaron sus juegos para adultos, ante lo que el creador de Atari, Nolan Bushnell, declaró "ahora sé qué sintió Henry Ford la primera vez que alguien murió atropellado por un auto". No si, para sobreactuar, los americanos.

Los juegos fueron tres: Custers Revenge, Bachelor Party y Beat Em and Eat Em (respectivamente La venganza de Custer, Despedida de soltero y Pegále y comélo). El segundo era igual a cualquier juego de pegarle a ladrillos y terminar una pared, salvo que, en lugar de bola, hay un señor desnudo que lo hace con una triple fila de señoritas desnudas. El tercero era asqueroso: un señor se masturba desde el techo de un edificio y una prostituta con la boca abierta debe capturar el producto de dicha autosatisfacción con la boca. El primero fue un problema que terminó en prohibición: un soldado americano desnudo, evidentemente el Custer que los indios cosieron a flechazos en Little Big Horn, trata de llegar a una señorita desnuda atada a un poste y con vincha (una india). Mientras trata de consumar sexualmente la "venganza" contra la señorita atada, le llueven flechas o balas y cada una le causa una baja de potencia. No solo acusaron al juego de racista sino también de vulgarizar la violación. En los tres casos, la mínima tecnología de imágenes de entonces obligaba demasiado a la imaginación a ver un sexo o un cuerpo desnudo en esa matriz de cubos color carne.

Esos fueron históricos, pero hubo más, mucho más, de hecho. Primero, Bachelor... y Beat Em... tuvieron versión femenina. En el primero, simplemente invertían los personajes (donde había un señor, una señorita, donde había chicas desnudas, señores con erección evidente y a voltear muñecos, pues). En el segundo, es una bruja desnuda y, debajo, presidiarios que deben capturar secreciones varias. Sorprendentemente, vendió bien. Luego tienen Gigalo (pobres, no sabían escribir "Gigoló"), donde una señorita desnuda debe recorrer una serie de "casas" y recordar en cuál estuvo con quién -es una especie de Memotest, qué ternurita- mientras evita a la policía y a esposas celosas. Feminista a su manera, tenía una versión masculina, Cathouse Blues. Porkys era el juego oficial de la película del despertar adolescente (realmente mucho mejor de lo que la memoria recuerda, para serles sinceros, dirigida por el canadiense Bob Clark en 1982) y era una serie de escaleras y un tipo arriba que tira cosas, o sea un Donkey Kong en el que uno puede ver una señorita desnuda. Tiene los mejores gráficos de la lista, lejos. Y finalmente, una especie de Pac-Man llamado X-Man, donde una tijera persigue por un laberinto horrible a un sprite que puede ser una araña con artrosis o un señor con una erección desproporcionada, lo que suceda primero. Si se la elude, aparece un videíto porno, o porno si ejercemos con fuerza toda la imaginación de la que somos capaces.

Ninguno vendió demasiado, seamos sinceros. No causaban demasiada impresión ni excitación, la jugabilidad era mínima y la variación, inexistente. El resultado no era el oprobio puritano sino eso el aburrimiento pasmoso. De hecho, para escribir esta nota intenté jugar a varios, porque el curioso los puede encontrar on line. Por suerte encontré también una versión jugable del éxito de 1985 Time Pilot y eso me despabiló. De todos modos, en 1983 estalló Atari por la pésima decisión de hacer un videojuego feo e injugable con E.T.-El extraterrestre, y de esto solo quedó el recuerdo. Pero cuando las primeras PC (ZX Spectrum, Commodore 64, etcétera) aparecieron, inmediatamente volvieron los juegos porno, como el satírico Sex Games o los clásicos Strip Poker. Pero el videojuego porno requiere una fidelidad que solo la potencia gráfica y computacional de hoy puede dar. Hay mucho para investigar allí, así que ready player one.

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